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Parana » Uno
Fecha: 19/02/2026 14:51
Los productores lecheros de la provincia atraviesan una etapa de márgenes ajustados: la rentabilidad del sector se ve afectada por un congelamiento del precio que reciben por litro de leche, una situación que lleva ya 10 meses y reduce significativamente la rentabilidad, ya que hay insumos que vienen teniendo aumentos. Según indicó a UNO Damián Schneider, vicepresidente de la Cámara de Productores de Leche de Entre Ríos (Caproler), el precio que perciben los productores se mantiene prácticamente sin cambios desde marzo o abril del año pasado. El precio que le pagan a productores por la leche lleva 10 meses estancado Sin una adecuación del precio de la leche, los tamberos afrontan una baja en la rentabilidad. La situación se agrava por la caída estacional de la producción Al respecto, precisó que actualmente el litro de leche se paga en un rango aproximado de 450 a 500 pesos, dependiendo de la calidad y de los acuerdos individuales con la industria. Y señaló que el valor de referencia del sistema SIGLeA se ubica en torno a los 475 pesos. El impacto del precio congelado La estabilidad nominal del precio contrasta con el movimiento de los costos. Si bien el ritmo inflacionario ya no muestra los niveles extremos de años anteriores, los insumos continúan ajustándose: medicamentos, vacunas, alimentación, servicios y mantenimiento registran incrementos periódicos. Todo viene subiendo, aunque sea más despacio. El único valor que no se mueve es el de la leche que vendemos, resumió el dirigente. Desde la industria, el argumento principal para mantener el precio es la retracción del consumo interno. Según esa lectura, la demanda de lácteos se encuentra contenida y dificulta la colocación de mayores volúmenes en el mercado local. Su bien Schneider aclaró que los productores no comercializan directamente al consumidor final, sino que venden materia prima a las industrias lácteas que luego elaboran y distribuyen los productos, consideró que la exportación debería ocupar un rol más activo en la absorción de excedentes. Con la eliminación de retenciones y una mayor apertura comercial, la lechería cuenta hoy con un escenario distinto al de años anteriores. La posibilidad de exportar está. No es sencillo abrir y sostener mercados internacionales, pero es un camino que hay que fortalecer, planteó. La inserción externa no sólo permitiría diversificar destinos, sino también reducir la presión sobre el precio interno cuando la producción aumenta estacionalmente. Caída en la producción Además del estancamiento en los precios de la leche, los tamberos deben hacer frente hoy en día a una caída estacional de la producción típica del verano. Sobre esta situación durante los meses de altas temperaturas, Schneider señaló que es un fenómeno conocido dentro del sector. La vaca lechera es particularmente sensible al calor y su rendimiento se resiente cuando las condiciones ambientales superan ciertos umbrales. Aunque este verano fue menos severo que los anteriores, la falta de confort puede generar mermas importantes. Siempre decimos que el calor afecta mucho más a la vaca que el frío. El frío prácticamente no lo sienten, pero el calor sí, y muchísimo, subrayó el dirigente. Para graficarlo, explicó que mientras una persona se siente cómoda con el aire acondicionado en 24°, la vaca necesita temperaturas cercanas a los 18° para no comenzar a sufrir estrés térmico. A partir de ahí, todo lo que sube repercute, sostuvo. Con registros que esta temporada estival superaron los 30° y 35°, y en algunos casos con elevada humedad relativa, el impacto fue inevitable. El calor húmedo es aún peor que el seco. Y en los últimos años se suma otro problema: no refresca durante la noche, entonces el animal no logra recuperarse, indicó. El nivel de afectación depende en gran medida de la infraestructura de cada establecimiento. En tambos que cuentan con sistemas de ventilación y aspersión de agua tecnología que permite mojar a las vacas y luego secarlas con ventiladores para bajar su temperatura corporal la merma puede rondar el 20%. Sin embargo, en aquellos establecimientos donde no hay buena sombra ni acceso adecuado a agua fresca, la situación puede ser crítica. Podés tener caídas del 60% o 70% en la producción, advirtió Schneider, quien además alertó que, en escenarios extremos, el calor puede provocar mortandad de animales. Si bien no todos los tambos cuentan con instalaciones de refrigeración, el dirigente destacó que existe mayor conciencia en el sector sobre la importancia de garantizar sombra de calidad y bebederos con agua fresca, preferentemente ubicados en zonas protegidas del sol. Sobre las condiciones climáticas generales, Schneider señaló que enero fue particularmente seco en la zona de la costa del Paraná, con escasas precipitaciones. No obstante, consideró que, en comparación con años anteriores, el verano nos perdonó bastante. Durante este mes las lluvias comenzaron a normalizarse, lo que resulta clave para la recuperación de pasturas y verdeos destinados a la alimentación del rodeo. Eso es fundamental para sostener la producción, explicó. Acto seguido, refirió que el repunte estacional esperado para el otoño podría incrementar el volumen disponible, pero hizo hincapié en que el reclamo del sector es claro: una actualización del precio que acompañe los costos, ya que los productores plantean la necesidad de recomponer márgenes para sostener una actividad estratégica en la economía regional. Estructura productiva En cuanto a la infraestructura, la situación de los caminos rurales varía según la zona. En sectores de la costa del Paraná, el estado actual es aceptable, favorecido por la falta de lluvias intensas en enero. Sin embargo, en otras áreas del interior provincial persisten dificultades estructurales para consolidar trazas y garantizar transitabilidad constante. El estado de los caminos es un factor clave para la actividad lechera, que requiere recolección diaria y continuidad logística incluso en condiciones climáticas adversas. Situación del sector Consultado por la situación general del sector tambero en la provincia, el vicepresidente de Caproler sostuvo que el proceso de concentración y reconfiguración continúa: algunos tambos cierran, mientras que otros amplían escala y aumentan producción. Schneider definió la etapa actual como un momento de adaptación. La eficiencia en la gestión, la incorporación de tecnología y el control de costos aparecen como variables determinantes para la sostenibilidad. La lechería implica inversiones de largo plazo en rodeo, instalaciones y equipamiento, lo que lleva a muchos productores a intentar reconvertirse antes que abandonar la actividad. Sin embargo, la rentabilidad ajustada condiciona las decisiones.
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