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  • Vuelven dos de las mejores obras del teatro independiente del último tiempo: cuándo y dónde verlas

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    Fecha: 19/02/2026 14:03

    En la notable Crónica de una fuga (2006), de Israel Adrián Caetano, Pablo Echarri, Rodrigo de la Serna, Nazareno Casero, Matías Marmorato y Lautaro Delgado le ponían cuerpo a los protagonistas de uno de los episodios más terribles y, sí, de película, del terrorismo de Estado: la única fuga de presos registrada durante la última dictadura. Cuando cuatro detenidos, sometidos a torturas durante meses, lograron salir del centro clandestino de detención conocido como Mansión Seré. La película de Caetano estaba basada en una novela de Claudio Tamburrini, uno de esos detenidos. Otro fue Guillermo Fernández, que es actor profesional e interpreta allí a uno de los represores, el Juez. En Seré, como en un juego de intérpretes, Lautaro Delgado es el actor que, sólo en el escenario, es tomado por la voz de Fernández. No se trata de ventriloquía, ni de una posesión: Delgado mueve la boca para que la voz de Fernández diga. Y lo que dice es lo que declaró en 1985 durante el Juicio a las Juntas. La historia de cómo fue detenido y torturado, y de cómo logró salir de ahí. Lo increíble de su relato, que responde a las preguntas a veces absurdas de defensores, juez y fiscales, es el sentido del humor, el brillo de su inteligencia, con el que puede contarlo. Desde la distancia del tiempo, desde su presente, Guillermo pone palabras a una experiencia dolorosa convertida en recuerdos. Y los recuerdos llegan como suelen llegar, entre confusiones, revelaciones, olvidos, fallidos. Así, la propuesta, con el intérprete como centro de una puesta minimalista, en el que juega con algunos elementos en torno a una mesa, resulta mucho más llevadera y hasta divertida de lo que puede presuponerse. El talento de Delgado, que pone el cuerpo con entrega total, baila como electrocutado y juega con el espacio, se une al trabajo con el sonido, al texto y a la gracia de Fernández para narrar. Así logran que Seré se convierta a la vez en una obra conmovedora y liviana, emocionante y graciosa, entretenida y terrible. En palabras de Tymruk: Seré es un circuito que se cierra. Hace más de diez años conocí a Guillermo Fernández en el rodaje de la película Crónica de una fuga dirigida por Adrián Caetano.(...) Se me ocurrió entonces tomar su voz y poner mi cuerpo. Entonces la voz de Guillermo y de los presentes (el juez, fiscales, defensas, murmullos del público) en aquel registro sonoro sería la plataforma de la puesta en la que transcurriría la obra. Y dice también, en el marco de este regreso: No es poca cosa la intriga de la misma, su final: la fuga. Aquí una pequeña victoria ocurrida el 24 de marzo de 1978, nada más y nada menos. El mismo día del golpe militar del 76. Ese dato histórico genera mito. En medio de la oscuridad cuatro hombres escapan. Seré es también reivindicación de aquella peripecia y de las treinta mil personas secuestradas y desaparecidas en la época más oscura de nuestra historia. Nada del amor me produce envidia, una joya convertida en clásico Por otro lado, vuelve a Chacarita, a la sala de Dumont 4040, Nada del amor me produce envidia. La obra de Santiago Loza, una verdadera joya atesorada por los teatreros, empezó a andar su largo camino en 2009, en el Sportivo Teatral de Ricardo Bartís. De ahí, a puro crecimiento boca a boca, fue pasando por distintas salas independientes hasta llegar al circuito de Corrientes. En el camino tuvo reposiciones, una versión con Soledad Silveyra dirigida por Alejandro Tantanián, y bienvenidos regresos con la dirección original, del cineasta Diego Lerman, y la increíble María Merlino, pareja de Lerman, en el rol que ha hecho suyo y nunca deja de conmover. Tomando como punto de partida el mítico cachetazo que aparentemente Libertad Lamarque le habría dado a Eva Perón, Loza creó un espectáculo centrado en una costurera de barrio a la que un día se le aparecieron Libertad y Evita para encargarle el mismo vestido. Premiada, aplaudida en el mundo, brillando en festivales, se trata de una obra de cámara, tan delicada y sutil como potente, que toca las fibras más entrañables de la argentinidad. Melodrama musical es la definición que le atañe, porque el personaje evoca canciones de los años treinta entre las idas y vueltas de sus ideas. Hay nostalgia, sí, pero también poesía, y humor, a través de este personaje que nos hace acordar a alguien, alguna abuela o tía. Alguna vecina de otro tiempo que por suerte sigue en este, gracias a cosas como esta puesta. Que vuelve una vez más, para revivir el placer de verla y para que no se la pierdan los que todavía no la vieron.

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