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  • Son adictivas, causan ansiedad y abruman con publicidad. Lejos de cumplir sus promesas de cercanía, el mundo digital es escenario de un lento pero decidido éxodo. El imperativo de la hiperconexión.

    Lucas Gonzalez » FMsensacion887

    Fecha: 19/02/2026 10:40

    19 de febrero de 2026 Son adictivas, causan ansiedad y abruman con publicidad. Lejos de cumplir sus promesas de cercanía, el mundo digital es escenario de un lento pero decidido éxodo. El imperativo de la hiperconexión. Foto: Shutterstock «Si vos me decís ¿querés pasar cincuenta horas el próximo mes en las redes sociales?, te digo que de ninguna manera, y sin embargo eso es lo que me estaba pasando». Agustín Calcagno es programador. Ronda los treintipico y borró sus redes sociales. Cada tanto recae, admite, pero la mayor parte del tiempo, para contactarlo, «solo» se puede recurrir al correo electrónico, mensajes de texto o teléfono. Julieta Falivene es bailarina. Tiene un par de años menos. Intentó dejarlas después de ver el documental ¿Cómo ser feliz?, de la exdiputada Ofelia Fernández, que analiza el impacto de la hiperconexión en la salud mental de los jóvenes. Duró menos de 48 horas sin Instagram y finalmente se rindió. En su rubro, las redes son una forma de conseguir alumnas. Agustín y Julieta son dos ejemplos de una generación de millenials (aunque suman a muchos centenials a sus filas) que están dejando o minimizando el tiempo que pasan en redes sociales. Los motivos son varios. Para muchos, es una cuestión de salud mental: las redes son adictivas, causan ansiedades y angustias de todo tipo y color. Para otros, dejaron de cumplir la promesa de conectarlos con su entorno. La especialista en comunicación y marketing digital Florencia Palladino habla de «resaca digital». Palladino propone historizar el fenómeno: prepandemia las redes oficiaron como extensión de la vida social, no como complemento. Con la llegada del covid, fueron el vehículo de vinculación de las personas. «Hoy empezamos a ver una revalorización de lo analógico, de lo tangible, lo físico», señala.De la gratuidad a la monetizaciónDesde su nacimiento, las redes sociales lucharon por retener a sus públicos. De hecho, la tasa de retención de usuarios era una de las más miradas por los potenciales accionistas para invertir en una u otra plataforma. «A diferencia del abandono de redes de antes, que tenía que ver más con que al usuario no lo terminaba de convencer la propuesta o que quizás los jóvenes sentían que Facebook, por ejemplo, había envejecido, es que hoy el abandono tiene que ver con una rebeldía o una resistencia a las redes sociales en sí, a la atención que exigen». Borrar la app, ponerle temporizadores al teléfono y la migración a canales más cerrados, como grupos de WhatsApp, Telegram o foros como Reddit, Discord o Slack, son algunas de las estrategias. «Es el usuario gritando: ¡Yo también necesito reconectar con las personas!», advierte Palladino. Las redes sociales siguieron un camino prototípico que fue de la gratuidad y la conexión a la monetización extrema. Hoy muchos usuarios sienten que los posteos de sus amigos aparecen al final de un largo rato de ver contenido de marcas o publicidades. Y eso si no se cansan antes. Del mismo modo, sienten que sus propias fotos o comentarios no tienen la visibilidad de antes. Para las marcas pequeñas y autogestivas la situación es igual, pero para paliarlo pagan publicidad, lo cual acrecienta el problema para los usuarios «de a pie». Las estadísticas confirman esa tendencia: salvo X (exTwitter) todas las redes sociales vieron crecer sus alcances en publicidad. En contraste, el alcance «orgánico» el que se logra sin inversión publicitaria decayó. Por ejemplo, Metricool, que mide los consumos digitales de todo el mundo, señala que Instagram tiene 3.000 millones de usuarios activos (casi la mitad de la población mundial, aunque vale matizar la afirmación, porque hay que considerar que muchos usuarios tienen múltiples cuentas personales, de negocios/proyectos, etcétera). Según Metricool, los posteos vieron una caída de su alcance y engagement (cuánto se interactúa con ellos) de un 31% y de sus reels en un 35%. Evidentes señales de saturación. «El usuario siente que su feed cada vez habla menos sobre su círculo real», explica la especialista. «Hay una sensación de no poder elegir lo que se está viendo». Algunas figuras importantes empezaron a militar el alejamiento de los smartphones. El propio presidente de Chile, Gabriel Boric, optó por un «teléfono tonto» e instó a su Gabinete a imitarlo, cuando advirtió que lejos de potenciarlos, los smartphones reducían su productividad. En contraste, en la Argentina se elaboran índices sobre la cantidad de likes y reposteos que el presidente Javier Milei hace diariamente en X. «Vivir sin redes se siente como ir contra la corriente, todos te comparten un link de una red, siempre hay algo tentándote a volver, como si te fueras a perder información, hoy la gente en lugar de pasarte su teléfono te pasa su Instagram, y te mira raro si no usás», cuenta Agustín. «Todo el tiempo parece que te estás perdiendo de algo, y la verdad que no, te das cuenta que se puede vivir perfectamente sin las redes». Los datos duros dicen que en un país de casi 46 millones de habitantes hay 66,6 millones de conexiones a celulares: muchos tienen varios aparatos y muchas cuentas de redes sociales (en total hay casi 33 millones de «identidades» en las redes sociales. Muchas son de empresas o emprendimientos. Es difícil tener solo una. Sobre todo, hay muchas redes sociales que en ocasiones no se advierten como tales, como WhatsApp (que no suele incluirse en estas estadísticas) o Youtube, la de mayor alcance. Según datareportal.com, con sus publicidades Youtube llegó a 33 millones de usuarios en la Argentina, seguido de cerca por Instagram: 31,1 millones. Cada vez más se publicita en esas dos plataformas. Facebook alcanza «apenas» 29,3 millones de usuarios. Tik Tok casi lo mismo, apenas 100.000 usuarios menos, con la particularidad de que es la única red social con más penetración entre varones que entre mujeres. La única que perdió alcance publicitario fue X (bajó un 12%). Las cifras son contundentes, pero el lento crecimiento de quienes se les resisten, también. Si no hay abandono, también existe la tendencia «zero post» (que consiste en dejar los perfiles en blanco o dejar de postear y solo consumir las redes sociales vía stories y mensajes privados). Es que dejar las redes sociales es difícil, es cierto. Por eso para escribir esta nota hubo que dejar el celular en otra habitación. Compartir

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