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  • Las cumbres disruptivas de Múnich y la redefinición de la alianza euro-atlántica

    » Clarin

    Fecha: 19/02/2026 09:18

    La historia de las Conferencias de Seguridad que se realizan en Múnich creció en importancia por las implicancias de los discursos y debates allí desarrollados, particularmente tres: en el año 2007 el discurso de Vladimir Putin; en el año 2025 el discurso del vice presidente americano J. Vance y hace pocos días, el discurso del Secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio. El impacto de estas presentaciones indica que la geopolítica, lejos de ser un ámbito reservado, se ha convertido en una temática que suscita cada vez más interés en la medida que en ese verdadero laboratorio se desarrollan las relaciones del poder mundial. En el año 2007, el presidente Putin impactó al auditorio de Múnich porque deslegitimó la estructura europea de seguridad construida luego de la desaparición de la URSS. Su mensaje fue claro: el colapso del imperio soviético fue aprovechado por los países de la OTAN para acorralar a Rusia en unas fronteras que no están a la altura de los datos de la historia. Concretamente, Putin en ese momento inició un despliegue geopolítico consagrado a recuperar influencia y territorios en Europa Central. En otras palabras, para el Kremlin el fin de la guerra fría no consagró una devaluación estratégica sino una circunstancia, entonces había que ejecutar una política exterior activa, apoyada en el poder militar. Con un solo aliado, Bielorrusia, con el apoyo misionario de la Iglesia Ortodoxa, con blandir la amenaza de sus minorías que habitan en el Báltico y con la presencia rusa en las geografías que rodean al Mar Negro, v.g Moldavia y Georgia, Putin tomó una decisión que ejecutó en el 2022: la invasión a Ucrania. El diseño ruso fue exitoso: Moscú se transformó en un poder y en una amenaza insoslayable, coronada años mas tarde con la parálisis de la OTAN. Una verdadera venganza geopolítica que se entiende apenas se analiza lo ocurrido en las Conferencias de Seguridad, donde el trumpismo desarrolló una posición disruptiva que obliga a Europa a revisar su relación con Washington. El año pasado el vicepresidente de los EE.UU. J. Vance inauguró el discurso agresivo contra los aliados europeos en la Cumbre de Múnich. Poco importan, sostuvo, Rusia y China, sus preocupaciones pasan por lo que definió como amenaza interior, expresada en la supuesta campaña en Europa contra las fuerzas de la derecha política afines al trumpismo. Este discurso, que dividió aguas, luego fue utilizado por el mismo Vance en el Salón Oval de la Casa Blanca donde el presidente ucraniano fue humillado. Bien definió ese discurso el ex Ministro de Relaciones Exteriores francés D. de Villepin: la división USA/Europa reside entre lo que somos y lo que los estadounidenses quisieran que fuéramos. El divorcio resultó manifiesto y el discurso del Vice Presidente quedó plasmado en el Documento americano sobre Seguridad Nacional: tiene a Europa en la mira y China apenas está mencionada. Ahora el Secretario de Estado norteamericano, el también presidenciable Marco Rubio, en su discurso en Munich no cambió el núcleo ideológico, utilizó un registro menos ofensivo y no incluyó referencia alguna respecto a Ucrania. Optó por centrarse en una definición: se ha iniciado una nueva era, un nuevo ciclo occidental, y bajó el nivel de conflictividad. Cabe recordar que es un candidato, que compite con el Vicepresidente y que seguramente advirtió los problemas que traen aparejadas las definiciones ideológicas: Vance hace pocos días fue abucheado en Italia. Rubio es menos ideológico y apuesta también a su probable protagonismo en un escenario que está en la agenda: Cuba. En esta nueva geopolítica, la Conferencia de Múnich puso en evidencia una notoria fractura dentro de Europa que incluye a Alemania y Francia. El canciller germano Merz si bien aclaró que la guerra cultural MAGA no es europea, fue muy cuidadoso respecto de definir los marcos de las diferencias. En Berlín se cree que es posible combinar el fortalecimiento de Europa y el mantenimiento de los lazos con los Estados Unidos. Las definiciones del ministro presidente bávaro, M. Soder, han sido claramente expresadas en Munich: no puedo imaginar el mundo sin una relación transatlántica. Adicionalmente juegan también otros intereses. Francia atraviesa una situación económica que la inhabilita para liderar en solitario una estrategia gaullista. Probablemente para evitar una ruptura, fue el Ministro de Defensa germano quien mejor caracterizó el estado de la relación bilateral Berlín-París. El funcionario consideró insuficientes los esfuerzos de Francia para aumentar los gastos de defensa. Simultáneamente también juegan los intereses nacionales: qué país impondrá sus proyectos de construcción e inversiones en nuevas armas, v.g el nuevo avión de combate. Y, por último, el presidente Macron enfrenta el fin de su mandato y no aparece a la vista un escenario político capaz de hacer frente a los nuevos desafíos externos, v.g la contratación de un gran préstamo europeo conjunto. Concluyendo, más allá de las discrepancias surgidas en la Conferencia de Múnich, lo mas importante es un dato: los EE.UU han perdido el poder blando. Como escribió Joseph Nye, Washington perdió porque si bien la fuerza bruta puede prevalecer sobre el soft power, en el largo plazo es este el que prevalece. Como bien lo frasea en su último artículo, El fin del largo siglo americano, citando a Maquiavelo: para el Príncipe es mejor ser temido que amado, pero mejor aún es ser temido y amado. Sobre la firma Newsletter Clarín

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