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Parana » Analisis Litoral
Fecha: 18/02/2026 15:16
La reciente visita del diputado argentino Juan Grabois a Cuba volvió a encender un debate que excede la coyuntura diplomática y entra de lleno en el terreno simbólico: ¿se trató de un gesto de solidaridad internacional o de una puesta en escena destinada al consumo ideológico interno? Recibido por el presidente Miguel DíazCanel, el dirigente argentino habló de romper el aislamiento de la isla y de acompañar a un pueblo hermano. Las imágenes del encuentro circularon rápidamente como parte de una narrativa clásica: la reafirmación de vínculos históricos entre sectores del movimiento popular latinoamericano y el gobierno cubano. Pero detrás del discurso fraterno emerge una pregunta incómoda: ¿qué se está legitimando realmente cuando se escenifica este tipo de gestos? Cuba como escenario simbólico La isla Cuba atraviesa una crisis económica y energética que golpea directamente a su población. Escasez, deterioro de servicios y tensión social configuran un panorama complejo que no puede reducirse únicamente al embargo estadounidense. Sin embargo, la visita de Grabois optó por reforzar el eje ideológico tradicional: soberanía, resistencia y solidaridad regional. El encuentro posterior con el trovador Silvio Rodríguez profundizó el tono simbólico. Cultura, épica y militancia se mezclaron en una postal que dialoga más con una narrativa romántica del pasado que con las urgencias del presente. Geopolítica, relato y silencios El contexto internacional también pesa. Las decisiones de la administración de Donald Trump respecto al flujo energético regional, sumadas a la crisis venezolana tras la caída de Nicolás Maduro, reconfiguraron el tablero latinoamericano. En ese escenario, gobiernos como el de Claudia Sheinbaum, Gabriel Boric cuestionado internamente por sectores que responden a José Antonio Kast, Lula da Silva, Gustavo Petro y Yamandú Orsi adoptaron posturas diversas, entre apoyo material, respaldo político o prudente silencio. En ese marco, la presencia de Grabois no alteró la ecuación diplomática, pero sí reforzó su posicionamiento como figura de referencia dentro de una izquierda que busca revalidar identidad en tiempos de reconfiguración política argentina. El dilema de fondo La crítica no pasa por la existencia de vínculos internacionales algo habitual en la política sino por el sentido del gesto. Cuando la foto pesa más que las consecuencias concretas, la solidaridad corre el riesgo de convertirse en performance. Y allí aparece la sospecha: ¿se trata de una convicción genuina o de un oportunismo que habla más al electorado propio que a la realidad que dice defender? Para una parte creciente de la sociedad argentina, cansada de dirigentes asociados justa o injustamente a relatos que no se traducen en soluciones tangibles, este tipo de acciones refuerza la percepción de una política encapsulada en símbolos mientras los problemas reales permanecen intactos. La escena cubana, entonces, funciona como espejo: revela no sólo tensiones internacionales sino también la dificultad de ciertos actores para leer el clima social actual. Entre la épica y la realidad, el electorado parece inclinarse cada vez más por lo segundo. Análisis Litoral
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