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» Clarin
Fecha: 18/02/2026 12:26
En la iglesia donde Países Bajos corona a sus reyes desde mediados del siglo pasado, la Nieuwe Kerk de Amsterdam, cinco cámaras la están enfocando. Por segunda vez en la historia de esta basílica gótica del siglo XV, está a punto de sonar Adiós, Nonino y los ojos claros de Delfina Chaves, camuflados de marrón con lentes de contacto para parecerse lo más posible a los de la reina Máxima, se baten a duelo con esa emoción tan incontrolable como es el llanto. El 2 de febrero de 2002, aquellos mismos acordes de Astor Piazzolla le inyectaron melancolía a la mirada de la argentina Máxima Zorreguieta cuando, con un sí quiero, se convirtió en princesa. Veinticuatro años después, las mismas notas de bandoneón vuelven a retumbar en la Nieuwe Kerk: se está grabando el primer capítulo de la segunda temporada de la serie Máxima y más de 200 personas -entre actores, directores, técnicos y periodistas internacionales- esperan ver rodar la lágrima que no es invento del guión. Clarín fue el único medio no europeo que estuvo presente en la filmación de la escena, que se podrá ver por HBO Max a partir del 19 de marzo, cuando se estrenen en la Argentina los nuevos seis capítulos que apuestan a contar el detrás de escena, documentado aunque en clave de ficción, de cómo fueron los años críticos entre la boda con toda la pompa de la Casa Real holandesa y la coronación como reina consorte, en 2013. Esta segunda parte de la historia hace foco en cuán áspero y vidrioso resultó ese período de prueba y error ante el severo escrutinio de la realeza neerlandesa para Máxima, aquella chica argentina, hija de un ex secretario de Agricultura de la última dictadura militar, que conoció al príncipe Guillermo Alejandro durante los días de Feria de Abril de Sevilla, en 1999, y se casó con él. Recrear la lágrima de Máxima durante la ceremonia que vieron en directo 55 millones de devotos de los cuentos de príncipes y princesas es un desafío para Delfina, que repasó una y otra vez las cuatro horas de video de la boda real. Tremendo -confesará ella a Clarín-. Es muy difícil llorar con lentes de contacto de color. Porque el lente chupa toda la humedad del ojo y encima yo tengo ojo seco (que es una alteración oftalmológica por insuficiente elaboración de lágrimas). Sin embargo, a Delfina no le cuesta sentir lo que la reina argentina vivió al escuchar a Piazzolla durante la ceremonia nupcial a la que su padre no estuvo invitado por sus vínculos con la dictadura en el pasado. Un truco sobre la empatía Los actores trabajamos la empatía y es muy fácil empatizar con el extrañar a un ser querido, afirma Chaves. Yo escucho un tango, me hace acordar a mi abuelo y lloro, admite ella, que nació en Lobos, provincia de Buenos Aires, en febrero del 96. Y sobre la escena de la lágrima, se pone en el lugar de Máxima: Te estás casando lejos y tu casamiento lo está viendo todo el mundo. Es el momento más importante de tu vida y, de repente, tu papá no puede estar por el motivo que sea. Delfina lleva más de tres años y dos temporadas poniéndole el cuerpo a una Máxima que nunca intentó ser copia fiel de la verdadera. Suelo ser insegura o todo el tiempo me estoy planteando cómo hago las cosas, pero la libertad creativa que tenemos en set me ahorró un montón de presión -cuenta la actriz-. Nunca se preocuparon por decirme: Bueno, pero ella es más así o es más asá. Se tomaron muchas libertades y la consigna fue: Creemos nuestra propia Máxima. Lo interesante de la serie es que muestra todas las cosas que no sabemos cómo fueron, porque se hicieron a puertas cerradas -subraya Delfina-. Como las horas de la noche antes de la boda o todas las pequeñas cosas que se dijeron cuando estaban muy emocionados y que la cámara no pudo mostrar. No se trata de volver sobre lo que ya está en YouTube, sino de apuntar a las cosas que la gente no vio. ¿Por qué querrían verme a mí (haciendo de Máxima) si ella está ahí en Internet? ¿Un final feliz? Rachel van Bommel, productora de la serie, directora ejecutiva y fundadora de Millstreet Films, una empresa audiovisual que se centra en narrativas contemporáneas protagonizadas por mujeres, aclara: Normalmente, las historias de princesas terminan con la boda y todo sale bien. En nuestra temporada, Máxima descubre que ése no es su caso. Se casan y ella piensa: Ahora tengo el camino libre para convertirme en reina. Pero muy pronto descubre que aún tiene que soportar algunos golpes. Debe aprender a ser humilde y ganarse el respeto necesario para convertirse en reina. Esta segunda temporada explora la pérdida de autonomía para alguien que fue criado con independencia y se formó en libertad, la obligación de dar herederos al trono y la renuncia a una identidad anterior, la argentina, para abrazar una nueva ciudadanía. Ahora será la reina Beatriz (quien abdicó en favor de su hijo, Guillermo Alejandro, en 2013) la antagonista de Máxima. Beatriz fue la reina que luchó y realmente reconstruyó la Casa Real de Países Bajos. Hay muchas regulaciones y restricciones en torno a la familia real y Máxima no podrá elegir lo que quiere, anticipa la productora. Habrá un viaje iniciático para esta nueva integrante de la Corona en el que recorrerá todas las provincias de su país: Veremos a Máxima comiendo arenque y viendo cómo se hace el queso -espoilea-. Y en esta temporada podremos conocer a los demás miembros de la realeza. Van Bommel recuerda lo bien que les fue con la primera temporada de la serie. La primera parte, donde contamos la historia del encuentro entre los dos hasta que se comprometieron, tuvo muy buena acogida en Países Bajos. Hubo muy buenas críticas, excepto por la incomodidad que generaban las escenas de sexo, reconoce la productora. La serie, que ya se vendió en unos 70 países, fue filmada, entre otros destinos, en la Argentina, en Países Bajos, en España, en los Estados Unidos y en Austria, todos escenarios que Máxima y Guillermo Alejandro compartieron. Amor real y de ficción La promoción de la primera temporada estuvo almibarada por el romance real que surgió entre los protagonistas, Delfina Chaves y Martijn Lakemeier, el actor neerlandés quien interpreta al rey Guillermo Alejandro. Sin embargo la pareja anunció su ruptura en agosto del año pasado. Sin entrar en detalles sobre su vida privada, Lakemeier destaca el arco temporal que cubre esta segunda entrega de la serie, en la que él comienza encarnando a un príncipe de menos de 35 años y termina siendo un rey de 46. La incorporación de Máxima a la familia real aporta nuevos giros dramáticos y matices a la historia. Suceden muchas cosas. Hay niños que nacen (las tres hijas de Máxima y Guillermo Alejandro, las princesas Amanda, Alexia y Ariane) y miembros de la familia que fallecen. Creo que ése es también uno de los retos, interpretar todos esos años y todas esas edades, dice Lakemeier a Clarín. También creo que el sentimiento de responsabilidad crece un poco a medida que la historia se vuelve más contemporánea -admite el actor-. Siento que cuando interpreto algo que ocurrió hace mucho tiempo, quizás me siento un poco más seguro y libre en la actuación. Hay, además, cambios de idioma significativos: Teníamos algunas escenas muy largas, como las de la cena en familia, en las que se hablaba mucho holandés y Delfina tenía que aprenderlo, pero decidimos hacer los ensayos y la primera toma en inglés, para que ella pudiera meterse en la escena, aunque ella sabía lo que se decía porque siempre teníamos una traducción debajo, apunta Saskia Diesing, una de las directoras de esta segunda temporada. Hablé mucho holandés en la serie sin conocer el idioma. Por supuesto, es un gran reto. Mucho más que el inglés, lo que también es un desafío, porque no es mi lengua materna, agrega Delfina, la única actriz argentina que protagoniza una serie internacional. Es la primera vez que trabajo en el extranjero, en inglés y en un proyecto que involucra a varios países, subraya. El silencio de una reina La primera temporada de la serie está basada en el libro Máxima Zorreguieta, Madre Patria, publicado en 2022. Su autora es Marcia Luyten, una periodista neerlandesa que no recibió objeciones de la Casa Real cuando se sentó a escribir sobre Máxima. Las personas que están dispuestas a ser entrevistadas son muy cuidadosas. Le guardan lealtad, comprensiblemente, aclara Luyten en el prólogo. El libro nos ayudó mucho, al principio, porque trataba sobre la historia de la Argentina y su familia. Eso nos fue muy útil -dice la productora de la serie, Van Bommel-. Para la segunda temporada, Máxima se mudó a Países Bajos, así que nos resultó más fácil investigar. La producción cuenta con un equipo de verificación de datos que rastrea en artículos periodísticos, documentales y en archivos de museos como el de Imagen y Sonido de Holanda. Intentamos ser tan fieles a los hechos como en la primera temporada. Pero en las escenas que transcurren en la intimidad, se dramatiza, explica Van Bommel. Desde el Palacio nadie dijo ni mu acerca de la primera temporada de la serie. ¿Dirán algo acerca de esta segunda? A la hora de componer su personaje, para Delfina Chaves fue un alivio no haber tenido ningún encuentro con la reina que interpreta. El no contacto estuvo bueno porque me dio libertad. Si lo hubiese tenido, sentiría mucha más responsabilidad -asegura-. No hubo una imitación de gestos ni nada. Confiesa, sin embargo, que le gustaría conocer a la Máxima real: Me encantaría, de cholula, tomarnos un mate juntas. Sobre la firma Newsletter Clarín
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