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» La Nacion
Fecha: 18/02/2026 11:48
El COI calla a Ucrania: sabe que, si habla uno, hablarán todos Son lágrimas de cocodrilo. El periodista alemán Jens Weinreich, investigador duro, no le cree al dolor de Kirsty Coventry. La primera mujer presidenta en la historia del Comité Olímpico Internacional (COI) acaba de anunciar la expulsión del atleta ucraniano Vladyslav Heraskevych de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano-Cortina. ¿Su pecado? Mantenerse firme en su decisión de competir con un casco con rostros de algunos de los más de 600 atletas asesinados en la guerra con Rusia. Coventry, ex nadadora zimbabuense, no tiene la frialdad del alemán Thomas Bach, su predecesor. Llora y habla de su corazón partido porque sabe que su decisión es poco agradable. Y se aferra a los reglamentos: los atletas pueden expresarse libremente en todos lados, pero no mientras compiten. Y el Casco de la Memoria de Heraskevych, afirma el COI, es un casco político. Recordar a las víctimas no es violar un reglamento, replica Volodimir Zelensky, presidente de Ucrania, y condecora a Heraskevych con la Orden de la Libertad. Rusia, añade Matvii Bidnyi, culturista y ministro de Deportes, atacó nuestras centrales eléctricas. Hay edificios llenos de mujeres y niños sin calefacción y con 20 grados bajo cero. Están congelando a civiles. ¿Qué es esto, sino genocidio?. La denuncia ucraniana al menos tiene prensa. En plena celebración de los Juegos, el silenciado Comité Olímpico de Palestina fue invitado al Parlamento italiano para denunciar más de 600 atletas asesinados por el Ejército israelí, decenas de estadios y campos deportivos demolidos. Un auténtico genocidio, afirma Mauro Berruto, ex DT de la selección de vóleibol de Italia, actual diputado. A su lado están los entrenadores de fútbol Renzo Ulivieri (ex Sampdoria y Parma, entre otros) y Eusebio Di Francesco (ex Roma, hoy en Lecce). Todos preguntándose por el silencio del COI. La pretensión de Juegos despolitizados se derrumbó en la propia ceremonia de inauguración, cuando la pantalla del estadio mostró al vicepresidente de Estados Unidos JD Vance, junto con el Secretario de Estado Marco Rubio, y la gente estalló en silbidos (que fueron silenciados en Estados Unidos por la cadena NBC). La bandera rojiblanca de Groenlandia apareció en una tribuna en pleno partido de hockey sobre hielo de Estados Unidos versus Dinamarca. Activistas protestaron en Milán por la presencia de ICE, la salvaje policía migratoria de Donald Trump. El magnate estalló cuando el esquiador Hunter Hess, de Oregon, aclaró que una cosa era representar al deporte de Estados Unidos y otra distinta a su política. A partir de allí, casi no hubo conferencia en la que la prensa preguntara a los demás atletas cuál era su posición. Los críticos sufrieron en sus redes insultos, deseos de lesión y amenazas de muerte. Críticas que fueron desde el influencer Jake Paul al actor Rob Schneider. La polémica, enorme, relegó un asunto acaso más complejo para el COI y para Estados Unidos, que albergará los próximos Juegos de Verano en 2028 en Los Angeles. Se trata de Casey Wasserman, que fue ratificado como organizador de los Juegos pese a su aparición en los archivos de Jeffrey Epstein (viejos correos calientes que intercambió con Ghislaine Maxwell, cómplice del pederasta del poder). La publicación mínima y selectiva de los archivos -queda por conocer un 80 por ciento- ya sacudió impensadamente a Noruega, el país que lidera el medallero de los Juegos invernales de Italia y que es sinónimo de potencia humanitaria. Allí está su familia real implicada. Diplomáticos de renombre histórico. Presidentes del Premio Nobel. Elites políticas. Todos negociando con el pederasta. Recibiendo sus donaciones. Subiendo a sus aviones. Igual que Jack Lang, celebrado exministro de Cultura de Francia, símbolo de la izquierda, ahora de 86 años. O que Noam Chomsky. Los nombres más pesados, claro, siguen a salvo. Wasserman tuvo que renunciar a su agencia de talentos (Coldplay, Ed Sheeran y Kendrick Lamar, entre otros) para salvarla del escándalo. Se dedicará plenamente, dijo, a organizar los Juegos Olímpicos de 2028. Serán llamados los Juegos de Epstein, protestó la propia alcaldesa de Los Angeles, Karen Bass, que ayer mismo reiteró su pedido de que Casserman se vaya. A esos próximos Juegos de Verano, justamente, Cuba volverá a llegar como máxima potencia latinoamericana (241 medallas, 84 de oro). Pero hoy en la isla los ancianos mueren antes porque no llegan sus medicamentos, los recién nacidos sufren por las incubadoras apagadas y los médicos no tienen jeringas ni anestesia. Las empresas que quieren venderle a Cuba alimentos y medicamentos son multadas y amenazadas, los barcos son perseguidos y las cuentas bloqueadas. Imposible, entonces, hablar hoy de podios olímpicos. El laboratorio socialista del Caribe sufre el bloqueo de Estados Unidos de más de sesenta años, agravado hoy por Trump. Es hambre programada, dice desde la isla una carta viralizada en las redes. Es un asesinato lento, calculado, fríamente ejecutado desde Washington. Mejor, pues, la neutralidad. El COI sabe por qué su competencia elige ese disfraz. Porque si permite que un podio hable de política, entonces comenzarán a hacerlo todos. NdR: El 28 de enero pasado, Gianluca Prestianni, 20 años, jugó un partido de Champions para Benfica que habría justificado su eventual convocatoria al Mundial. Solo veinte días después, y otra vez ante Real Madrid, el ex Vélez arruinó ayer todo. Según Vinicius, lo insultó diciéndole mono. ¿Aprenderá algún día el fútbol argentino cuánto atrasa hoy nuestra llamada picardía? ¿Advertiremos que el mundo es algo más amplio que nuestro ombligo? Es cierto, generalizar nunca ayuda. Negar tampoco. 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