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» La Nacion
Fecha: 16/02/2026 11:57
Llegó a los 17 años de su Balcarce natal, quería ser actriz pero no se animaba a dar ese paso; hoy se luce como una de las protagonistas de En el barro, la serie más vista de Netflix - 9 minutos de lectura' Dice Camila Peralta que era muy tímida en su Balcarce natal. Demasiado. Sin embargo, desafiando ese rasgo de personalidad, soñaba secretamente con ser actriz. Cuando terminó la escuela secundaria se mudó a Buenos Aires, con muchas dudas y pocas certezas, pero con la determinación de meterse en el mundo del espectáculo. Fue niñera, camarera, boletera, se formó, hizo mucho teatro off hasta que la convocaron para su primer personaje con continuidad en la tira Quiero vivir a tu lado y su vida cambió. Hoy da mucho que hablar gracias a Solita, su personaje de la serie de Netflix En el barro, y la obra que cosechó elogios y premios Suavecita, que puede verse en el Teatro Metropolitan. En diálogo con LA NACION, la actriz habló de las escenas íntimas que tuvo con la China Suárez, contó cómo se sintió mudándose a una gran ciudad, y quién le dio su primera gran oportunidad. También se refirió a su pasión por la cocina y a su historia de amor con Carla. Sos uno de los pocos personajes que están en la primera y la segunda temporada de En el barro, ¿cómo viviste la experiencia de interpretar a una presa? Era un proyecto en el que tenía muchas ganas de estar. Me acuerdo que veía El marginal y decía: Ay, me gustaría estar ahí. Hice casting para un personaje muy chiquito, pero no quedé. Y ahora lo agradezco porque si no no me hubiesen convocado para En el barro porque ese personaje se moría. Cuando me llamaron y leí los guiones no podía creerlo. Me contaron desde un principio que era parte de un grupo protagónico, pero que no iba a tener tanto desarrollo en la temporada 1 porque tenían que poder desarrollar otras líneas. ¿Pero después crecía tu personaje? Sí, en la temporada 2, el personaje iba a tener un crecimiento. Fue todo un desafío construir a Solita. Si bien te dan una descripción, después le podés imprimir un montón de cosas... Nosotros inventamos que sea medio torpe, nerviosa, que no sepa dónde ubicarse, y buena onda con sus amigas y súper fiel. Entonces todo eso ya estaba construido, pero ahora atraviesa situaciones completamente diferentes. Todos sus problemas están ligados a otra persona de quien está enamorada y por mantener ese vínculo se pone en riesgo constantemente. -¿Y cómo fue construir ese personaje? -Investigué bastante. Las presas tienen TikTok y está lleno de videos de chicas que hacen contenido desde la cárcel. Es muy parecido a lo que se ve en la serie... Obviamente no sabés el trasfondo de las historias de cada una, pero hay cositas de las que nos podíamos agarrar. Cualquier piba de clase media que se imagina en la cárcel estaría tirada en una cama, temblando de miedo. Y sin embargo ves videos en los que están bailando, se divierten... Se encuentran lugares de placer y de amor, y de un montón de cosas que uno no se puede imaginar en esos lugares. ¿Y alguna otra experiencia te ayudó para crear tu personaje? Sí, tuve la suerte de hacer funciones en la cárcel de mujeres de Ezeiza y presencié cómo era todo, cómo se vivía y recuerdo que en la misma función no podían estar presas de tal sector porque estaban peleadas con las de tal otro. Sin duda existen tribus. También tuve compañeras que estuvieron realmente privadas de su libertad y que me contaron sus experiencias y leí un libro de Gaby Borrelli muy interesante. Todo eso me ayudó, más la fantasía que uno le imprime porque no deja de ser una ficción. No estamos haciendo un documental. Realmente el set era como una cárcel de verdad, con paredes altísimas y rejas. Una escena muy fuerte -Tenés muchas escenas íntimas con el personaje de la China Suárez, ¿cómo las grabaron? -Pasó algo muy lindo, muy cómodo y es que una escena muy fuerte que iba a ser grabada en las primeras jornadas, por algún motivo que tenía que ver con locación se filmó al final. Y para ese momento con la China ya habíamos construido un vínculo amistoso muy lindo, de mucha confianza, de estar horas y horas hablando y sabiendo cosas de nuestras vidas y riéndonos. Entonces fue lindo no llegar con los nervios del inicio. Y además hay una coach de intimidad que se llama Tati (Rojas), que te hace llenar un formulario con todo lo que vos estás dispuesta a hacer o no, no importa con quién. Y en base a eso cruza datos y habla con cada persona y se ponen de acuerdo. También hablamos entre nosotras y con el director para ver qué tipo de planos iban a hacer. Son escenas que ves y fluyen porque están bien montadas. Está todo muy pensado, muy ensayado. Eso antes no pasaba y quizá podía haber situaciones confusas. ¿Te gustó la serie? ¿Qué pensás cuando te ves? La serie me encantó. Esta temporada me parece muy fuerte, con conflictos interesantes. Siempre voy a ser muy crítica de mi trabajo porque así lo vivo. Hay un montón de cosas que me gustan, y otras no tanto. Es lindo también haber hecho el recorrido de dos temporadas de manera tan diferente. Soy una privilegiada ¿Cómo sigue tu año? Yo soy muy del teatro y estoy haciendo una obra que se llama Suavecita, en el Teatro Metropolitan. Estamos desde hace tres años, giramos por el país y también estuvimos en España, me dieron un montón de premios y es una gran satisfacción. También estoy haciendo otra obra que se llama Madre ficción, en el mismo teatro, con Lorena Vega, Diego Velázquez y Marco Ferrante. Y hago otra obra que se llama Un tiro cada uno, todos los lunes en El Callejón. Este año seguramente giremos un poco con varias de estas obras. Después hay un par de series para grabar, pero no puedo contar todavía. Soy una privilegiada, y agradezco todos los días tener trabajo en este momento tan difícil de la cultura que estamos viviendo en el país. ¿Cuánto hace que viniste de tu Balcarce natal? Hace más de 15 años. Tengo 33 y me vine a los 17, cuando terminé la escuela. Vine a estudiar cine, aunque yo quería ser actriz, pero no me animaba. ¿Cómo venciste esa timidez? Me pesaba muchísimo la timidez. Sufrí un montón. Varias cosas hicieron que pudiera vencerla. Primero, el anonimato de esta ciudad. A mí me daba vergüenza en Balcarce salir al kiosco por si me cruzaba alguien. No tenía sentido. Ahora salgo al kiosco y hay muy poca chance de que alguien me cruce y me conozca. En realidad, con la serie vuelvo a tener un poco de vergüenza [risas]. Me saludan en la calle y me gusta esa situación, pero no sé qué hacer. Me pongo nerviosa. Mi trabajo y el reconocimiento, al mismo tiempo, me dieron seguridad y tranquilidad. Es contradictorio porque te da vergüenza que te miren y justamente una actriz tiene que ser observada... Es que a mí no me da vergüenza ser otra. En un personaje yo haría todo. La actuación me ha destrabado emocionalmente un montón de cosas. Como, por ejemplo, ser más femenina. Quizá me toca hacer un personaje más sexy y no me queda tan incómodo. Me animo y me sale. Puedo ser esa que no quiere que la miren, pero también puedo ser una que un día tiene ganas de salir hecha una potra a la calle. Eso está ahí y me lo trajo la actuación. ¿Cómo fueron esos primeros años acá en Buenos Aires? Vine a estudiar cine y empecé a tomar clases de teatro a dos cuadras de mi casa, porque mi mamá me dijo: Andá Camila, si a vos te gusta. Fui con mucha timidez y se me abrió la cabeza al mundo. Vengo de una ciudad chiquita, nunca me había tomado un colectivo y me acuerdo que iba a todos lados con la guía T y me confundía por los nervios y por el miedo que me daba todo. Buenos Aires era como un monstruo, pero yo sentía que tenía que estar acá. Así que los primeros años fueron complejos; por suerte me topé con gente espectacular, amigos que tengo hasta el día de hoy. Trabajé de niñera, estuve en un bar haciendo tragos, en boletería de varios teatros, fue asistente en obras. Del teatro a la TV ¿Y cuál fue tu primer trabajo pago como actriz? Todavía no existía el microteatro, pero se hacían obritas cortas en un ciclo que se llamaba Teatro Cumbiero, en La Vieja Guarida. Y ahí me vio mi representante, Gabriel Villegas, y me propuso trabajar con él. Enseguida me mandó a un casting para una tira de Polka: Quiero vivir a tu lado, con Mike Amigorena, Paola Krum y Florencia Peña. Fue el primer casting que hice y quedé. Interpretaba a una mucama con Maida Andrenacci, un dúo muy divertido. Esa fue la primera vez que me pagaron porque en el teatro me pagaban, pero alcanzaba para un pancho [risas]. A partir de ahí, por suerte, siempre trabajé de esto. ¿Tenés otras pasiones tan fuertes como el teatro? Tengo varias pasiones. Me gusta mucho cocinar; toda mi familia es muy cocinera. De hecho, mi hermana es chef. Puedo pasarme cinco horas cocinando; me pongo muy creativa. Me gusta cocinar con lo que hay en casa, inventar. También pinto y soy fan de arreglar cosas de la casa. A veces arruino los electrodomésticos porque les pongo cualquier cosa, pero todo eso me gusta mucho y me desconecta de la cabeza y del celular. ¿Estás en pareja? Sí, con Carla. Hace cuatro años que estamos juntas. Es asistente de dirección y nos conocimos filmando una serie en Rosario que todavía no se estrenó. Después trabajamos muchas veces más juntas. ¿Y funciona la convivencia? Perfectamente bien. Además, por nuestros laburos, las dos estamos poco en casa. ¿Te hizo escenas de celos cuando vio las escenas hot de En el barro? Jamás. Nos reímos, nos divertimos. 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