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» Clarin
Fecha: 16/02/2026 06:42
Narrador: La foto final con el trofeo característico del mate era la que necesitaba también el torneo. Un ATP que tuvo de todo: público que respondió en casi todas las jornadas, buenos partidos y buenas batallas -bien típicas de las canchas lentas-, la presencia de Andrea Gaudenzi, el presidente de la ATP, en plena discusión sobre el futuro de la gira sudamericana, y, sobre todo, un campeón argentino. Y de los que saben imponerse con la autoridad de los que son buenos en serio. Alejandro Cerúndolo: El número 1 de Argentina tiene a sus afectos como el motor más importante de su tenis. En los más íntimos y en sus amigos se apoya. Texto Original: Terminó quebrando al italiano con la mayor variedad de sus golpes y con un plan de juego que ejecutó a la perfección: lo buscó permanentemente por su revés para evitar uno de los drives más potentes del mundo. Texto Original: En la final ante Luciano Darderi y ayudado quizá por una cancha más lenta de lo habitual (la lluvia de la mañana hizo aún más pesado el polvo de ladrillo) ratificó las bondades de su tenis. Texto Original: Porque hasta se dio el gusto de ir un día a la academia de su padre, en Ciudad, para pelotear un rato con uno de sus alumnos, Ezequiel Monferrer, quien está ubicado más allá del 900° puesto del ranking. Texto Original: Cerúndolo tuvo una semana perfecta en el Buenos Aires, en la que se entrenó con casi todos los mejores jugadores del cuadro a los que superó por mucho margen. Texto Original: Ganador por primera vez en la única parada de la ATP que tiene nuestro país, Cerúndolo arma un racimo con su equipo y abraza especialmente a su madre María Luz y a su hermana Constanza apenas un par de minutos después de que su mortífero y enésimo drive terminara con todo. Hay un hombre que no puede disimular su emoción viendo al protagonista central de esta historia desparramado en el piso y pintándose de anaranjado más allá del color de su remera. Está sentado en una de las tribunas laterales, muy cerca del equipo de ese actor principal de la tarde que acaba de hacer realidad una de las ilusiones más grandes de su vida. Ese hombre canoso, que recibe las felicitaciones de muchos -conocidos y anónimos-, fue quien le puso al flamante campeón de Buenos Aires una raqueta en su mano por primera vez en su vida. Alejandro Cerúndolo, ese hombre que vive y suda tenis, celebra la victoria de su hijo Francisco. Y vuelve a emocionarse. Ganador por primera vez en la única parada de la ATP que tiene nuestro país, Cerúndolo arma un racimo con su equipo y abraza especialmente a su madre María Luz y a su hermana Constanza apenas un par de minutos después de que su mortífero y enésimo drive terminara con todo. El saludo con su padre quedará para más adelante, en la intimidad familiar. Porque el número 1 de Argentina tiene a sus afectos como el motor más importante de su tenis. En los más íntimos y en sus amigos se apoya. Y cuando su ánimo y su juego fluyen, se transforma en un jugador muy peligroso hasta para los mejores del mundo. En la final ante Luciano Darderi y ayudado quizá por una cancha más lenta de lo habitual (la lluvia de la mañana hizo aún más pesado el polvo de ladrillo) ratificó las bondades de su tenis. Terminó quebrando al italiano con la mayor variedad de sus golpes y con un plan de juego que ejecutó a la perfección: lo buscó permanentemente por su revés para evitar uno de los drives más potentes del mundo. Y al perdedor ahí se le terminó su propuesta. Sabía Cerúndolo que si era agresivo y controlaba el saque adversario -un servicio que alcanza los 220 km/h casi siempre y que ayer, por ejemplo, marcó un promedio de 202, equivalente al saque propio más rápido- todo sería más sencillo. Porque de esa manera Darderi no podría utilizar su derecha como elemento destructivo, anularía una segunda pelota cómoda y sus variantes le permitirían marcar las diferencias. Y así ocurrió, con el slice y con el drop. Francisco Cerúndolo en la final ante Luciano Darderi. Foto: EFE Cerúndolo tuvo una semana perfecta en el Buenos Aires, en la que se entrenó con casi todos los mejores jugadores del cuadro a los que superó por mucho margen (menos a Darderi, justamente, a quien le ganó un set pero en el tie break). Excepto el segundo parcial ante el boliviano Dellien en el debut, cuando tuvo que levantar ocho set points para no irse a un tercero, desplegó un tenis de un altísimo nivel. La victoria contra el checo Kopriva en cuartos le sirvió para testear su juego ante un tenista muy potente, de golpes rasantes, como los de Darderi. En semis frente a Tomás Etcheverry se impuso por demolición ante un rival que no le pudo aguantar la potencia de sus golpes. Y en la final supo controlar la fuerza del perdedor, le quitó el vértigo de autopista alemana que propone siempre Darderi y jugó su mejor partido del torneo. El campeón tuvo su semana soñada. La que imaginó desde chico. Y la que vivió casi como un pibe normal. Porque prefirió pasar las noches en la casa familiar, a sólo cinco cuadras del club, y no hacerlo en su departamento. Porque prefirió estar junto a sus padres, sus hermanos, sus amigos y su perro Milos (por el canadiense Raonic, claro), un labrador inglés. Porque hasta se dio el gusto de ir un día a la academia de su padre, en Ciudad, para pelotear un rato con uno de sus alumnos, Ezequiel Monferrer, quien está ubicado más allá del 900° puesto del ranking.
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