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  • Por qué una muestra del asteroide Bennu cambia la noción del origen de la vida en la Tierra

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 16/02/2026 02:26

    Durante décadas, la ciencia sostuvo una idea firme sobre el origen de los aminoácidos, las moléculas que forman proteínas y permiten la existencia de los organismos. Ese modelo indicaba que estos compuestos surgieron en entornos relativamente templados, donde el agua líquida facilitó las reacciones químicas necesarias. Sin embargo, las muestras del asteroide Bennu obligan a cambiar esa visión. El análisis de diminutas partículas traídas a la Tierra en 2023 por la misión OSIRIS REx de la NASA reveló la presencia de glicina y otros aminoácidos en rocas de 4.600 millones de años. Estos resultados confirmaron que los componentes básicos de la vida existen fuera del planeta, pero el verdadero impacto del hallazgo surgió al investigar cómo se formaron esas moléculas. Los investigadores detectaron señales químicas que no coinciden con la explicación tradicional. En lugar de surgir en agua líquida tibia, algunos aminoácidos de Bennu parecen haberse originado en hielo expuesto a radiación cósmica, en regiones extremadamente frías del sistema solar primitivo. Ese resultado modifica una de las bases de la química prebiótica. La glicina, el aminoácido más simple y uno de los más importantes para rastrear el origen de la vida, muestra una firma isotópica que apunta a condiciones muy diferentes a las que predominan en la Tierra. Nuestros resultados revolucionan la idea que teníamos sobre la formación de aminoácidos en asteroides, afirmó Allison Baczynski, profesora adjunta de investigación en geociencias en Penn State y coautora principal del artículo científico publicado en en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS, por sus siglas en inglés). Ahora parece que existen muchas condiciones donde estos componentes básicos de la vida pueden formarse, no solo cuando hay agua líquida caliente. Nuestro análisis demostró que existe una diversidad mucho mayor en las vías y condiciones en las que se forman estos aminoácidos, agregó. Ese cambio conceptual amplía de forma radical los escenarios posibles donde la química de la vida pudo comenzar. Los científicos trabajaron con una cantidad mínima de material, equivalente a una cucharadita. Con instrumentos capaces de detectar variaciones extremadamente pequeñas en la masa de los átomos, analizaron la composición química a nivel microscópico. La glicina resultó clave en ese proceso. Su estructura simple permite reconstruir las condiciones químicas en las que se originó. Los resultados indican que no todos los aminoácidos necesitan agua líquida para formarse, lo que implica que los ingredientes de la vida pueden aparecer en entornos mucho más hostiles de lo que se creía. Ese hallazgo también responde a una antigua incógnita. Cuando las muestras de Bennu llegaron a los laboratorios, los científicos confirmaron que ese asteroide contenía moléculas fundamentales para la vida, pese a haberse formado lejos del calor solar y sin lagos ni océanos. El modelo clásico, conocido como síntesis de Strecker, propone que los aminoácidos surgen a partir de reacciones químicas en agua líquida. Bennu no encaja en ese esquema. El nuevo análisis ofrece otra explicación. Los aminoácidos pudieron formarse dentro de hielo irradiado en el espacio profundo. Nuestros resultados invierten el guion sobre cómo hemos pensado que normalmente se forman los aminoácidos en los asteroides. Ahora parece que hay muchas condiciones en las que se pueden formar estos bloques de construcción de la vida, no solo cuando hay agua líquida tibia. Nuestro análisis mostró que hay mucha más diversidad en las vías y condiciones en las que se pueden formar estos aminoácidos, dijo Allison Baczynski, coautora del estudio, en un comunicado. El descubrimiento no solo aporta una respuesta. También abre nuevas preguntas. Un asteroide que guarda pistas sobre cómo empezó todo El estudio de Bennu permitió comparar sus aminoácidos con los de uno de los meteoritos más famosos de la historia, el meteorito Murchison, que cayó en Australia en 1969. Ese meteorito contiene abundantes compuestos orgánicos y durante décadas sirvió como modelo para entender el origen químico de la vida. Sin embargo, la glicina de Murchison muestra señales de haberse formado en presencia de agua líquida y temperaturas moderadas. La glicina de Bennu presenta un patrón distinto. Ese contraste indica que ambos objetos surgieron en regiones diferentes del sistema solar y bajo condiciones completamente distintas. Una de las razones por las que los aminoácidos son tan importantes es porque creemos que desempeñaron un papel fundamental en el origen de la vida en la Tierra, afirmó Ophélie McIntosh, investigadora postdoctoral del Departamento de Geociencias de la Universidad Estatal de Pensilvania y coautora principal del artículo. La comparación sugiere que el sistema solar temprano ofreció múltiples caminos para crear las moléculas necesarias para la vida. Los investigadores también encontraron otros compuestos esenciales, entre ellos ribosa, glucosa, nucleobases y fosfatos. Estos elementos forman parte del ARN, una molécula clave en el funcionamiento biológico. Ese conjunto de sustancias demuestra que los ingredientes fundamentales de la vida no constituyen una rareza, sino que se distribuyen por el sistema solar. El hallazgo refuerza la idea de que la Tierra pudo recibir parte de sus componentes químicos desde el espacio, transportados por asteroides y cometas durante los primeros millones de años del planeta. Al mismo tiempo, el análisis reveló que el asteroide experimentó una historia compleja. Parte de sus minerales muestra señales de interacción con agua líquida a temperaturas cercanas a los 25 grados Celsius. Creemos que el asteroide progenitor de Bennu acumuló una gran cantidad de material helado del sistema solar exterior, que se derritió con el tiempo, comenta Tom Zega, director del Laboratorio Kuiper Arizona que codirigió el estudio con Tim McCoy, curador de meteoritos del Smithsonian. Ese calor permitió reacciones químicas en el interior del asteroide. Ahora tienes un líquido en contacto con un sólido y calor todo lo que necesitas para comenzar a hacer química. El agua reaccionó con los minerales y formó lo que vemos hoy muestras en las que el 80 % de los minerales contienen agua en su interior creadas hace miles de millones de años cuando el sistema solar aún se estaba formando, detalla el científico. Además, el asteroide sufrió impactos de micrometeoritos y exposición constante al viento solar. Ese proceso, conocido como meteorización espacial, modificó su superficie durante millones de años. Los científicos también detectaron un misterio adicional. Algunas moléculas químicamente idénticas presentan firmas isotópicas diferentes. Ese resultado no tiene una explicación clara. Tenemos más preguntas que respuestas ahora, dijo Baczynski. Esperamos poder seguir analizando diversos meteoritos para observar sus aminoácidos. Queremos saber si siguen pareciéndose a Murchison y Bennu, o si quizás existe una mayor diversidad en las condiciones y vías que pueden crear los componentes básicos de la vida. Ese interrogante define el futuro de esta investigación. El descubrimiento marca un cambio profundo en la comprensión del origen químico de la vida. Demuestra que los aminoácidos no constituyen un fenómeno exclusivo de ambientes cálidos y húmedos, sino que pueden surgir en hielo, radiación y vacío. Eso significa que el universo podría estar lleno de los ingredientes necesarios para la vida. Bennu no contiene organismos, pero conserva la receta química que pudo hacerlos posibles. Ese dato transforma la búsqueda científica. Ahora la pregunta no consiste solo en cómo surgió la vida en la Tierra, sino que consiste en cuántas veces pudo haber comenzado en el cosmos.

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