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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 15/02/2026 20:12
Bad Bunny en Buenos Aires reunió a una multitud diversa y fervorosa donde los fanáticos se convirtieron en los otros grandes protagonistas de la jornada. Entre banderas, atuendos llamativos y looks especialmente preparados para la ocasión, los seguidores del artista puertorriqueño compartieron con Teleshow, en la segunda noche del artista en el Estadio Monumental, sus emociones, historias y rituales previos al gran show. Michelle Herrera y Jerome destacaron entre el público por ondear una bandera de Puerto Rico, señal de pertenencia. Estoy muy orgullosa. Qué emoción tan grande estar aquí en Buenos Aires. Es espectacular, expresó ella, conmovida, quien viajó desde su Aguadilla natal y trabaja como tripulante de una aerolínea junto a su compañero de trabajo. Para ellos, estar presentes en el recital fue una oportunidad única: compraron las entradas mientras viajaban y celebraron poder representar la identidad boricua. Trae tanto amor a todos los latinos, pero también representando y poniendo en alto nuestra bandera de Puerto Rico. Nuestra cultura. Nuestra historia. Con tanto orgullo, resaltó, entre lágrimas y lejos, pero cerca, de su país. La marea de seguidores incluyó también a Lucho y Emma, una pareja que no dudó en invertir en un look inspirado en el cantante. El sombrero lo compré recién en la entrada. Me salió 30 lucas. Saladito, confesó él, divertido, llevando el sombrero pava o jíbaro que usan los trabajadores de la caña de azúcar y el café en la isla, mientras aseguraba que el artista marcó toda su adolescencia y que asistir era cumplir un sueño largamente esperado. Emma, en cambio, prefirió mantener la sorpresa y no informarse demasiado para que todo sea motivo de asombro y fiesta. Entre las coronas de flores y el glitter, Laura y Romina viajaron desde San Martín para disfrutar del espectáculo. Romina recordó con orgullo sus comienzos como fanática en 2016, estando en aquel mítico show en Pinar de Rocha, mientras Laura relató la emoción de volver a ver en vivo a Benito tras varios intentos frustrados por la demanda de entradas. Ambas coincidieron en resaltar el clima de fiesta y la oportunidad de perrear en el Día de los enamorados junto a miles de personas. La diversidad generacional también se hizo notar en la voz de Natalia y Nacho, madre e hijo llegados desde Avellaneda. Para Nacho, de 13 años, asistir al recital fue un regalo especial por su rendimiento escolar y su cumpleaños. Cumplió años hace poco. Dije: No lo puedo festejar, pero vinimos acá, contó la mujer, feliz de compartir la experiencia con el verdadero fanático. El espíritu de celebración individual estuvo presente en Jacqueline, marplatense radicada en la Ciudad de Buenos Aires, quien decidió ir sola por primera vez a un recital. Yo no era fanática, pero me gustaba mucho. Ahora que es un artista que se expresa políticamente, me gusta más todavía, compartió, vestida de bandana y en la parte de arriba de una bikini. Me parece que en el contexto mundial que estamos viviendo, donde tenemos una derecha que avanza sobre Latinoamérica, tener voces tan importantes y que son escuchadas por los jóvenes, me parece extremadamente importante, reflexionó. Finalmente, Benjamín y Francisco, amigos de La Plata, reflejaron el entusiasmo juvenil con su elección de looks y la expectativa por las sorpresas de la noche. Francisco lució el cabello teñido de rosa en homenaje a los inicios del cantante, mientras ambos compartían la ilusión de escuchar sus canciones favoritas y ver en el escenario a invitados como Duki y Khea. Su sueño, al final de la noche se terminó cumpliendo. Relatos de esfuerzo para conseguir entradas, viajes desde distintas partes del país y del mundo y la construcción de una comunidad de seguidores dispuesta a todo por compartir una experiencia única. Bad Bunny se transformó así en un punto de encuentro entre generaciones, tendencias y orígenes. Un catalizador de un sentimiento de unidad y representación regional.
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