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  • Pioneras y herederas: Mujeres de ayer y de hoy en la ciencia de Gualeguaychú

    Gualeguaychu » El Dia

    Fecha: 14/02/2026 20:08

    Esta semana se conmemoró el Día Internacional de la Mujer en la Ciencia con el objetivo de destacar a quienes se dedican a la producción de conocimiento y promover el acceso a este campo. Nuestra ciudad, como todas las del país y el mundo, tiene sus referentes. Este es un intento por recuperar los nombres de quienes fueron pioneras y quienes en la actualidad desarrollan investigaciones científicas a nivel local. A pesar de que los tiempos cambiaron, sigue siendo difícil identificar a las mujeres que contribuyeron con sus aportes al desarrollo de la ciencia. En un primer intento, el nombre natural que aparece es el de Madame Curie, pionera en el campo de la radiactividad. Pero si lo pensamos en términos locales, la tarea se vuelve un tanto difícil. Sin embargo, con la ayuda de historiadores locales y algunos libros, es posible conocer a grandes mujeres en el campo de la ciencia, y que de alguna forma u otra guardan relación con nuestra ciudad. Las más leídas Una de ellas es Helena Larroque de Roffo, nacida en Concepción del Uruguay, cuyo nombre asigna a una de las calles que pasa cerca del Hospital Centenario. Gualeguaychú, es una de las pocas ciudades que rinde honor a la célebre científica reconocida principalmente por haber fundado la Liga Argentina de Lucha Contra el Cáncer. En 1904 fue admitida en la Facultad de Medicina, aunque no tuvo la oportunidad de graduarse debido a una enfermedad. En 1919, junto con su esposo, decidió trasladarse a Europa para continuar con su formación. Allí tuvieron la oportunidad de trabajar con la renombrada científica Marie Curie, cuyo nombre designa a la calle contigua a la de Roffo en nuestra ciudad. De acuerdo a investigaciones de María de las Mercedes Chaparro de Sameghini, la primera gualeguaychuense que se recibió de médica en Gualeguaychú fue María Teresa Quaranta, quien ingresó a la Universidad en 1920 y Dora Avigliani, fue la primera cirujana dentista. Por otro lado, un nombre que resuena, aunque a primera vista sólo aparece ligado a la creación del Instituto Superior de Formación Docente, es el de María Inés Elizalde. En el libro Mujeres de Gualeguaychú, Silvia Goyburu relata que María Inés Elizalde realizó el Perfeccionamiento en Taxidermia en el Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, donde luego envió muestras de fauna ictícuola (conjunto de especies de la región) como parte de un trabajo que realizó. Además, equipó con recursos propios una magnífica sala de Ciencias Naturales en la Escuela Normal. Como si fuera poco, en 1972, gestionó la creación del Profesorado de Física y Química, y al cabo de un año logró su creación, siendo el primero en su especialidad en el país. Con todas estas acciones, Inesita, cómo la llamaban cariñosamente, sembró una semilla muy importante para promover el interés científico de su alumnado y el de generaciones futuras. La autora describió que tras una vida intensamente dedicada a la profesión, la ciencia y la educación, cerró sus ojos el 30 de octubre de 1988, y con ello dejó un enorme vacío en las ciencias de nuestra ciudad. El mismo año que Elizalde logró la creación del Profesorado de Física y Química, desembarcó en la ciudad la primera bioquímica que tuvo Gualeguaychú: Silvia Blanco. En diálogo con Ahora ElDía Blanco contó que nació en Lucas González, Nogoyá, y que en 1968 comenzó a estudiar Bioquímica en Córdoba. Tras finalizar sus estudios, se casó con su esposo, también bioquímico, y se mudaron a Gualeguaychú en 1973, de donde era oriunda su mamá. En ese momento había pocos bioquímicos en la ciudad, relató Silvia Blanco, quien montó un laboratorio privado junto con su marido. Casi inmediatamente se incorporó a trabajar en la recién creada Facultad de Bromatología. Trabajé en la universidad 40 años, daba clases tanto en la carrera de Bromatología como en la de Nutrición. Hicimos varios proyectos de investigación en laboratorio, pero sobre todo me dediqué mucho más a lo social. Con un grupo de colegas realizamos investigamos sobre el cosmopolitismo alimentario argentino, es decir la herencia alimentaria que tenemos como país, precisó. Además, también cursó una maestría en Biología Molecular en la Universidad Nacional de San Martín y en INTA de Castelar. La Facultad de Bromatología fue un gran escenario para que las mujeres de la ciudad, y de alrededores, pudieran adentrarse en el mundo de la Ciencia. Es así que, según los antecedentes disponibles en su base de datos, los primeros registros de mujeres realizando investigación científica dentro de la institución datan de 1992. Entre ellas se destacan: Sekaf, Liliana Mabel con su glosario inglés-castellano de términos de interés bromatológico; Baldi Coronel, Berta Mabel con estudio de productos regionales como la miel; Lound, Liliana Haydée con sus investigaciones en el Área de Microbiología; y Taus Rosalba con análisis de procesos biológicos, entre ellos la parasitología en la salud humana y animal. Estos aportes marcaron un punto de partida fundamental para la participación activa de las mujeres en la ciencia dentro de la institución, valoraron desde la Facultad. Las científicas gualeguaychuenses en la actualidad Hoy en día, la Facultad de Bromatología cuenta con más de 80 mujeres liderando y participando en proyectos de investigación, muchas de ellas como directoras de laboratorios y grupos de trabajo consolidados. Entre las principales líneas de investigación a cargo de mujeres se encuentran: la investigación sobre yatay y carne de pollo, dirigida por Natalia Sosa; Estudios sobre nuez pecán y embutidos a cargo de Virginia Larrosa; Investigaciones sobre yerba mate y enfermedad de Parkinson con Irene Taravini al frente del equipo; investigación y desarrollo en Microbiología dirigido por Mercedes Piaggio; Investigación en frutos autóctonos y miel por Verónica Busch; Diseño y formulación de panificados e ingredientes funcionales orientados a grupos poblacionales con necesidades nutricionales específicas, a cargo de Carolina Genevoise; e Innovación Alimentaria a cargo de Beatriz Gómez. Además, la Facultad cuenta con un instituto de doble dependencia, el Instituto de Ciencia y Tecnología de los Alimentos de Entre Ríos (Ictaer), que funciona bajo la órbita conjunta de la Uner y el Conicet. El Instituto se destaca no solo por su producción científica y su impacto regional, sino también por estar liderado por mujeres, consolidando el rol protagónico femenino en la conducción de la ciencia, la generación de conocimiento y la formación de recursos humanos en el área de los alimentos.

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