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  • El símbolo que se apaga cada día: inversión, turismo y el abandono del Hotel Salto Grande - Diario Análisis Litoral

    Parana » Analisis Litoral

    Fecha: 14/02/2026 15:35

    Hablar de falta de interés inversor en destinos que se autoproclaman turísticos sin planificación real no es un ejercicio teórico: es observar cómo se deterioran activos simbólicos que alguna vez marcaron un rumbo. En ese espejo incómodo se refleja hoy el histórico Hotel Salto Grande, una pieza central de la memoria económica y social de Concordia que pasó de ser emblema de modernización a monumento del abandono. Durante décadas, el hotel fue mucho más que un alojamiento. Fue una señal de escala: indicaba que la ciudad podía recibir delegaciones, presidentes, figuras políticas, artistas y visitantes extranjeros con estándares de calidad. Allí se celebraron congresos, encuentros empresariales y eventos sociales que sostenían un flujo económico constante. Su gastronomía, su infraestructura y su ubicación estratégica lo convertían en una carta de presentación de la ciudad ante el país y la región. Ese valor simbólico no es un detalle romántico: en turismo, la percepción pesa tanto como la infraestructura. Los inversores miran señales. Y el deterioro de un ícono histórico transmite un mensaje claro aunque incómodo: falta de continuidad, de estrategia y de política pública sostenida. Una oportunidad temprana que no se consolidó A comienzos de los años noventa, desde la Asociación Argentina de Organizadores y Proveedores de Exposiciones, Congresos, Eventos y de Burós de Convenciones se impulsó la idea de que Concordia debía contar con un bureau de congresos y convenciones, junto a una red de espacios capaces de sostener actividad durante todo el año. Era una visión adelantada: desestacionalizar el turismo, atraer eventos y consolidar servicios. Durante un tiempo, el Hotel Salto Grande funcionó como nodo natural de ese esquema: alojó innumerables delegaciones y mostró que la ciudad podía competir. Pero la falta de planificación integral infraestructura complementaria, políticas de incentivo, continuidad institucional impidió que esa semilla se transformara en sistema. El resultado fue previsible: esfuerzos aislados, competencia basada en precios antes que en calidad, y una deriva hacia modelos de negocio más inmediatos como el entretenimiento lúdico que no necesariamente construyen identidad turística ni cadenas de valor amplias. El golpe final: pandemia y fragilidad estructural El cierre definitivo en diciembre de 2020, tras más de medio siglo de actividad, expuso una fragilidad que la pandemia solo aceleró. La empresa familiar no pudo sostener nueve meses sin ingresos. La caída brutal de ocupación y actividad gastronómica terminó de asfixiar una estructura que ya operaba en un contexto de incertidumbre económica. El impacto fue directo: decenas de empleos perdidos, remate del equipamiento en 2021 y un edificio que, hacia 2024, permanecía desmantelado y sin destino claro. Más allá del drama empresarial, el cierre dejó a Concordia con una oferta hotelera de mayor categoría notablemente reducida, debilitando su posicionamiento como destino capaz de atraer turismo de eventos o corporativo. Señales que leen los inversores Para cualquier inversor turístico, el análisis es frío: - ¿Existe una estrategia urbana y turística sostenida? - ¿Hay coordinación público-privada real? - ¿Se protege y potencia el patrimonio operativo? - ¿El destino transmite previsibilidad? Cuando un activo emblemático queda abandonado, la respuesta implícita suele ser negativa. No se trata solo de nostalgia: es una cuestión de confianza sistémica. Competir no es improvisar Mientras destinos cercanos modernizan su oferta con hoteles de categoría superior y centros de convenciones activos, Concordia enfrenta una paradoja: posee recursos naturales y ubicación estratégica, pero carece de una política integral que articule servicios, inversión y marca ciudad. El Hotel Salto Grande encarna esa contradicción. Su esplendor pasado demuestra que la ciudad supo al menos en un momento pensar en grande. Su estado actual revela lo contrario: la dificultad para sostener proyectos que requieren visión de largo plazo. La pregunta que queda abierta ¿Cuánto tiempo más deberá pasar para que un activo simbólico y estratégico vuelva a integrarse a un plan serio de desarrollo turístico? Recuperarlo no sería solo restaurar un edificio: sería enviar una señal concreta de que el destino está dispuesto a reconstruir confianza, escala y profesionalismo. Porque en turismo y en inversión las ciudades no compiten solo con paisajes: compiten con planificación, continuidad y credibilidad. Y hoy, más que nunca, Concordia necesita demostrar que entiende esa diferencia. Por Alejandro Monzon para Análisis Litoral

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