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Villaguay » APonlineVillaguay
Fecha: 14/02/2026 13:16
(AP Noticias) Por María Lucía Amoroto Venanzi. Mi mirada del 14 de febrero: Historias del mundo con amor del bueno Por María Lucía Amoroto Venanzi. Mi mirada del 14 de febrero: Historias del mundo con amor del bueno. Siempre pensé que el 14 de febrero era solo corazones y chocolates pero viajando con mi corazón en la imaginación descubrí que, en distintos lugares, ese día también late con gestos hermosos, distintos, únicos y todos hablan de cariño, cercanía o humanidad. Finlandia Amistad bajo el abrazo del frío En Finlandia, donde el invierno pinta los días de blanco y el viento gélido invita a acurrucarse, el 14 de febrero no es solo amor de parejas, sino sobre todo amistad. Se llama Ystävänpäivä (Día de la Amistad). Allá no se toman mates en la veredao en el Skatepark como en Villaguay. Se invitan a cafés calentitos, a sentarse juntos con chocolatada o té en casas tibias, a compartir vivencias, silencios cómodos y risas contagiosas. Y hay una tradición bonita: la gente escribe pequeñas tarjetas de amistad no solo a su pareja, sino a quienes conocen bien: la colega que te escucha, la vecina que te trae pan cuando hace frío, el amigo que te llama solo para saber cómo estás El cariño se expresa con gestos sencillos y con miradas sinceras que dicen más que mil palabras. Japón El regalo con sentido y corazón En Japón, el 14 de febrero tiene un ritmo distinto. Las mujeres regalan chocolates: no sólo a parejas, sino a amigas, compañeros de trabajo, personas que respetan o quieren agradecer. Hay dos tipos: Giri-choco chocolate de gratitud, para decir gracias por estar, gracias por acompañar. Honmei-choco chocolate de corazón, para alguien especial. Y un mes después, el 14 de marzo, es White Day, donde quienes recibieron chocolates tienen la oportunidad de devolver ese cariño con regalos más dulces. Allí el amor no se apura, no se grita: se ofrece con sentido, con cuidado, con respeto. Reino Unido Cartas de cariño y té compartido. En el Reino Unido, la tradición del 14 de febrero también tiene un aire clásico y delicado. Más que grandes festines o cenas lujosas, allí se regalan: cartas escritas a mano, flores sencillas, galletitas hechas en casa, poemas breves llenos de cariño. Y lo hermoso es que no sólo se dan a parejas: se regalan a amigos cercanos, seres queridos, incluso a personas que te animaron en momentos duros. Después, es común que la gente se quede tomando un té calentito, hablando de recuerdos y risas, como si esa calma fuera también una forma de amor. Etiopía Amor profundo en el corazón de la tierra En algunos pueblos de Etiopía, donde la vida es sencilla y la comunidad es el centro de todo, no hay chocolates ni tiendas decoradas pero hay cantos y danzas compartidas. El 14 de febrero se vive como un momento para fortalecer lazos con la comunidad: los jóvenes se reúnen para cantar juntos, danzan alrededor del fuego al atardecer, comparten pan recién horneado y café tradicional. Allí el amor no se escribe en tarjetas se vive en movimientos, risas y miradas, en compartir lo poco o lo mucho que se tiene, y en saber que cada gesto cuenta. Australia Amor bajo el sol y entre amigos En Australia, donde el verano está en pleno movimiento en febrero, el 14 se siente como un día de luz y comunidad. Allí no hay fríos intensos; hay playas, parques y picnics improvisados. Se ven amigos compartiendo meriendas bajo árboles, familias juntándose con sus hijos, parejas caminando por la arena. No todo es romántico: es amor en diferentes formas, en amigos que se encuentran bajo el sol, en abrazos sin prisa, en meriendas con frutas frescas y aire salado. Amistad, cariño, cercanía todo eso también es amor. En lugares de pobreza extrema. Amor bonito que brilla en la adversidad Y después pensé en esos lugares donde la vida duele un poco más. Donde el lujo de un regalo o una flor puede ser un sueño lejano. Pero el 14 de febrero también puede ser un día de miradas que se encuentran, manos que se estrechan y solidaridad compartida. Aquí tengo algo muy especial para compartir con todos mis seguidores. La siguiente carta la recibí cuando yo era una adolescente en 1984. Venía desde una zona rural de Etiopía, un país que en ese tiempo atravesaba una crisis muy dura. Yo coleccionaba estampillas y no imaginaba que detrás de ese sobre había una historia que me iba a marcar. Me escribía con una señora de una región muy pobre donde el hambre era costumbre, era rutina. Las cartas llegaban en inglés y yo que apenas conocía el idioma, las hacía traducir con una profesora, una vecina que en muchas oportunidades, escribió también mis cartas en esa lengua extranjera. Carta desde lejos Querida Lucía: Recibí tu carta con las estampillas tan lindas que me mandaste. A mis hijos les gustaron mucho los dibujos, sobre todo el del pájaro azúl que dibujaste tan bien. Aquí no vemos muchos colores, por eso esas pequeñas imágenes nos alegran. Me preguntabas cómo vivimos nosotros el día a día. Prefiero contarte que en esta fecha festejamos el amor. La gente que puede, lo festeja a lo grande. Con exquisiteces, regalos y flores. Aquí no tenemos flores para regalar, ni dulces envueltos en papel brillante. A veces apenas tenemos arroz suficiente para todos. Pero te voy a contar algo. Cuando llega ese día o cuando simplemente decidimos que hoy vamos a agradecer que estamos juntos yo preparo el arroz con un poquito más de especias, si es que las consigo. Mis hijos juntan flores pequeñas del camino, aunque estén un poco marchitas. Mi esposo vuelve temprano del trabajo si puede. Nos sentamos en el suelo, sobre una manta gastada. No hay velas perfumadas. A veces hay una lámpara pequeña, otras veces sólo la luz que entra por la puerta. No hablamos de regalos. Hablamos de que seguimos juntos. De que ningún hijo se enfermó ese año. De que la lluvia llegó a tiempo para el campo. Mi hija mayor, que tiene casi tu edad, me dijo una vez: Mamá, ¿eso es festejar el amor? Y yo le respondí: Sí. Porque el amor no es lo que se compra, es lo que se cuida cuando todo es difícil. A veces compartimos una fruta entre todos. Cada uno recibe un pedacito pequeño. Y aunque es poco, nadie se queja. Tal vez desde lejos nuestras celebraciones parezcan tristes. Pero cuando nos miramos y sabemos que seguimos acompañándonos sentimos que tenemos algo que muchos con más dinero no saben conservar. Gracias por escribirme, Lucía. Gracias por pensar en nosotros desde tan lejos. Pedimos en nuestras oraciones que tu hermana mejore y tú puedas estar bien, mi niña. El mundo es grande, pero cuando alguien manda una carta, parece un poco más chico. Muy bellos tus dibujos, desde tu país, Argentina, lo buscamos en el mapa los otros días, y Hana se sorprendió lo lejos que vives y cómo te comunicas con nosotros. Me despido Lucía con cariño, Una madre que también cree en el amor. Salem. MLA. Villaguay 2026-02-14
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