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  • Las memorias del Tano Cafaro, el único arquero del fútbol argentino que atajó tres penales en un partido

    » La Nacion

    Fecha: 14/02/2026 08:37

    Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo. Las memorias del Tano Cafaro, el único arquero del fútbol argentino que atajó tres penales en un partido A los 77 años, recuerda su proeza bajo los tres palos del arco de Platense, en un inolvidable encuentro ante Banfield; nacido en Italia, sostiene aún una marca que nadie pudo superar - 11 minutos de lectura' La proeza, porque lo fue de tal magnitud que está a punto de cumplir 53 años y todavía nadie fue capaz de igualarla, tuvo lugar la tarde del 3 de marzo de 1973 y sucedió en la jornada inaugural de un campeonato de la vieja Primera B, aquella categoría que era antesala del fútbol grande, y que ahora conocemos hipertrofiada casi hasta estallar con el pomposo nombre de Primera Nacional. El torneo más difícil del mundo (lo disputan 36 equipos y apenas ascienden 2) vivirá este fin de semana el primer capítulo de su versión 2026, una buena ocasión para recordar aquel lejano Banfield-Platense en cancha del Taladro, escenario de una hazaña que fue entonces y aún sigue siendo un caso único en nuestro fútbol. El protagonista tiene hoy 77 años y conserva el bigote espeso de cuando defendía la valla del conjunto Calamar, solo que ahora las canas lo tiñen de blanco, igual que a la cabellera. Está sentado en una de las mesas exteriores de la confitería que ocupa la esquina de Nueva York y Mercedes, frente a la plaza de Villa Devoto, disfrutando del aire fresco de la mañana veraniega, y cuando estira la mano para el saludo, a nadie puede caberle dudas sobre su pasado como arquero. Lo delatan los nudillos bien marcados, el tamaño y grosor de unos dedos nacidos para atrapar remates con destinos de red. Lo confirma el porte de antaño cuando se pone de pie. Se llama José Cafaro, El Tano, apodo ganado por derecho propio, ya que nació en Briatico, un pequeño pueblo calabrés situado en lo que sería el empeine de la bota de Italia, y su memoria lleva grabada la gesta de aquella tarde en Peña y Arenales en la que atajó tres penales en el transcurso de los 90 minutos de juego. No le sirvió para evitar la derrota del equipo de Saavedra por 5 a 3, pero sí para hacerse un hueco en la historia. Banfield había descendido el año anterior debido a una sanción impuesta por un intento de soborno a jugadores en Ferro y había armado un gran equipo para recuperar su lugar en Primera. En el arco tenía nada menos que a Ricardo Lavolpe, que comenzaba su carrera. Platense, en cambio, navegaba en tierra de nadie. Todavía intentaba reponerse de la pérdida de la cancha de Manuela Pedraza y Crámer y de la caída a la B ocurridas dos años antes. Antes de empezar el partido ya sabíamos que ese Banfield iba a salir campeón, pero le hicimos frente. Cuando atajé el tercer penal faltaba un minuto y estábamos 4-3. Casi no lo celebré, saqué rápido para ir a buscar el empate, le dice Cafaro a LA NACION. -¿Qué siente una persona que hizo algo que nadie más pudo hacer? -Cuando me acuerdo vuelvo a sentir la felicidad que tuve cuando al día siguiente, a la canchita que había enfrente de mi casa, en Caseros, empezaron a venir periodistas para entrevistarme. Recién ahí me di cuenta de la repercusión que tenía lo de los tres penales. -¿No habías sido consciente en el momento? -Más o menos. Todos los penales fueron en el segundo tiempo y tenía a la hinchada de Banfield atrás de mi arco. Cuando atajé el primero me insultaron de lo lindo; con el segundo la cosa empeoró, pero cuando cobraron el tercero fue como que la gente se avivó de que algo diferente podía pasar y empezó a cantar Tano, Tano, Tano, alentándome para que lo ataje, y cuando lo saqué me aplaudían como locos. Lo que pasó es que en ese partido me comí cinco goles. Estaba feliz por lo que había hecho, pero la alegría no era total. A la noche me empezó a carburar la mente y me acordaba más de los cinco goles que me hicieron que de los tres penales. Al día siguiente, con las notas que vinieron a hacerme, ya me fue cayendo la ficha. Aunque al final, te das cuenta de que todo pasa y que la vida es esto, felicidad y tristeza, a veces casi al mismo tiempo. -En aquel tiempo no existían los machetes que hoy les dan a los arqueros para que sepan hacia dónde suelen pegarle los pateadores de penales. -Para mí, atajar penales siempre fue una cuestión de intuición y nada más. Roberto Saporiti me decía que mirara a los ojos al que va a patear, pero al final terminás jugándotela por un lado. Si tenés la suerte de que la pelota vaya para ahí tal vez lo podés atajar. Siempre me acuerdo de [Sergio] Goycochea en el Mundial de Italia. ¿Cómo atajó los penales? Por intuición. -Contame de aquellos célebres tres contra Banfield. -El primero lo tiró Hugo Mateos, y por la forma en la que estaba perfilado pensé que lo tiraba a mi derecha. Acerté y lo saqué con una mano. Ahí me agrandé. Un arquero siempre se agranda cuando ataja un penal, hasta en el barrio pasa eso. -En el segundo se te paró enfrente Juan Carlos Lallana, que no era cualquier jugador. Había sido una figura de River en los 60. -Sí, pero me dio igual, ya te digo que me había agrandado. Mis compañeros me daban recomendaciones, yo decidí ir a la izquierda y la pelota me quedó entre las piernas. Y el tercero volvió a tirarlo Mateos, otra vez a la derecha. En ese no di ni rebote, agarré la pelota y salí jugando. Lástima que no pudimos empatar. -¿Te cambiaron en algo la vida esos tres penales? -En esa campaña en Platense no subimos, terminamos cuartos, pero en lo personal me fue bien, y a través de Félix Latrónico, el suegro de Saporiti, que era agente de futbolistas, pude irme a jugar a Italia el año siguiente. Historias de la tierra natal Aunque José Cafaro llegó a la Argentina siendo un niño de dos años, el sentimiento de amor por el lugar donde nació, inculcado en la casa, siempre estuvo presente. La familia se instaló en la zona oeste del Gran Buenos Aires, donde el padre tenía un taller de confección de ropa especializada en sacos y pantalones para hombres. El trabajo paterno le venía como anillo al dedo a un muchacho con el físico del Tano, y Latrónico supo aprovecharlo cuando se llevó al arquero que había hecho historia en Platense a probar suerte al otro lado del Atlántico. -Don Félix me llevó nada menos que al Milan. Imaginate. Primero estuvimos un par de semanas en Madrid, porque él tenía que hacer algunas gestiones. En esos días yo me entrenaba en su departamento, y de ahí viajamos a Italia. Pero antes de salir de acá, él le había pedido a mi viejo que me hiciera un saco rojo y un pantalón negro, que combinaba con los zapatos. Rossonero, como el Milan, así llegué al club. -Pero ahí apenas jugaste. -Bueno, ¿qué querés? ¿Sabés quién era el titular? Enrico Albertosi, el arquero de la selección italiana en el Mundial del 70 y suplente en el 74. No era fácil quitarle el puesto. Un tipo bárbaro, eh. Me ayudó mucho y aprendí un montón con él. Nereo Rocco, que era el técnico, me decía: Voi devi fare quello che ti dice Albertosi [vos tenés que hacer lo que te dice Albertosi]. Y yo le hacía caso, lógico. Así que me vieron condiciones y me vendieron al Brescia, donde anduve muy bien. Pasé tres años hermosos en ese club. Y la ciudad es una maravilla, es el lugar donde quisiera vivir. -Tuviste otra parada más antes de volver a la Argentina... -Sí, en el Cavese, de la serie C. Ahí todavía soy ídolo. Los hinchas quieren pagarme un pasaje para que vaya a visitarlos. Estoy pensando en ir, porque quiero terminar de hacer los papeles para que me den la jubilación italiana. -¿Tanto como ídolo? -Te explico. El Cavese es el equipo de Cava de Tirreni, un pueblo de Catania, en el sur; y su gran rival es Salernitana, el club de Salerno, que es la capital de la región y está muy cerca, a 20 kilómetros. Una vez, en un clásico, empecé a burlarme de los hinchas de ellos cada vez que atajaba una pelota, un poco como hace el Dibu Martínez. Hasta que se metieron en la cancha para pegarme y se armó un lío bárbaro. Los hinchas del Cavese no se olvidan más de eso. Ahora están otra vez los dos en serie C, y justo este fin de semana se juega el clásico. Italia para mí es lo máximo, el mejor país del mundo. La mayor macana de mi vida fue volverme de allá. -¿Y por qué lo hiciste? -Por pelotudo... Me entendés, ¿no? Cosas de la familia, de la que era mi señora en aquel momento, de una de mis hijas. A mí me encantaba la vida allá: la educación, la gente que se viste elegante hasta para ir a desayunar... Qué sé yo, errores que uno comete. Otros arqueros, otros penales La carrera de José Cafaro había comenzado diez años antes de la tarde de los tres penales en la cancha de Banfield. Un poco de casualidad, como solía ser en esos tiempos. A la vuelta de mi casa de Caseros, sobre la calle General Hornos, que todavía no estaba asfaltada, vivía José, un gallego. Él me ponía entre dos árboles que tenía delante de la puerta y me pateaba. Un día, un tipo que yo no conocía se quedó parado mirando, hasta que en un momento se acercó y me dijo si quería probarme en Atlanta. Así empecé, recuerda el Tano. En el Bohemio tuvo como referentes a Hugo Gatti y a Carlos Biasutto. Dos tipazos. El Loco parecía un agrandado, pero nada que ver, recuerda Cafaro. Después llegó un año que le sirvió para crecer como jugador de Primera en Central Norte de Salta antes de llegar a Platense en aquel 1971 fatídico para los calamares. Fue la última temporada en la que el dueño del arco de los de Saavedra fue el legendario Enrique Topini. -Te confieso una cosa. El año pasado estuve en la cancha de Platense, en la fiesta por el título de campeón. Cuando voy, siempre me pongo en la popular del lado de la calle, detrás del arco. Ese día pensaba que, aunque en realidad había sido en la cancha de Manuela Pedraza, en ese arco que estaba ahí abajo habían atajado próceres como Julio Cozzi y el Topo, pero yo también, y se me cayeron algunos lagrimones. -Es decir, que acá te identificás con Platense antes que con Atlanta, o con Talleres, Chacarita o El Porvenir, que es donde estuviste a la vuelta de Italia. -Sí, sí, totalmente. Cuando voy a la cancha hay gente que todavía me reconoce y no te niego que eso me pone contento. Hace muy poco, gracias al periodista Alejandro Fabbri, el club me dio una camiseta que dice José Cafaro presente. -¿Siempre fuiste Calamar? -No, yo era un poquito de River. Te cuento por qué. Resulta que a dos cuadras del taller de mi viejo vivía la hermana de Amadeo Carrizo. Me conoció, se enteró de que yo estaba en las inferiores de Atlanta y empezó regalarme cosas de Amadeo: un par de guantes, la pelota de un partido de la época de la delantera de los brasileños Delem, Moacir y Roberto... Y bueno, ahí me hice de River; pero ojo, que el día del cruce en el campeonato del año pasado yo hinchaba por Platense, quería que saliera campeón. -¿Amadeo fue el mejor arquero que viste? -Yo me acuerdo más del Pato Fillol, para mí fue el más grande. El Dibu también es muy bueno, aunque a veces da algunos rebotes hacia adelante que son muy peligrosos. Eso sí, en los penales del Mundial estuvo sensacional. -Ya que volvimos a los penales, ¿alguna vez te patearon uno picándola a lo Panenka? -No, ahora se acostumbra, pero en mi época nadie pateaba así. Tenés que estar muy seguro para hacer eso, porque si el arquero no se tira, te la agarra fácil. Aunque te digo una cosa: en un penal vos no tenés garantía de que lo vas a meter pateando como lo patees, ni que lo vas a atajar quedándote en el medio o tirándote para el lado que sea. Es intuición, pura intuición. Y si lo dice José Cafaro, el único arquero que atajó tres penales en un partido en toda la historia del fútbol argentino, ¿quién se lo puede discutir? Otras noticias de Fútbol argentino Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite

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