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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 13/02/2026 17:25
Durante años, la llamada adicción al sexo ocupó titulares y debates públicos. Se afirmó que uno de cada diez hombres la padece. Figuras conocidas como Michael Douglas, Russell Brand y Tiger Woods reconocieron conductas problemáticas vinculadas con su vida sexual. La organización médica Mayo Clinic describe la conducta sexual compulsiva como una preocupación excesiva por fantasías, impulsos o conductas sexuales que resultan difíciles de controlar y que generan angustia o deterioro en áreas clave de la vida. No se trata simplemente de un deseo elevado. El médico psiquiatra y sexólogo Walter Ghedin explicó a Infobae: Se denomina adicción o compulsión al sexo al incremento del deseo sexual, acompañado de una fuerza inevitable o impulso que mueve al sujeto a tener contactos sexuales con otros o a masturbarse con la sensación de no poder parar y con una fuerte carga de culpa posterior. La sensación erótica no es placentera: hay fantasías intrusivas, búsqueda de contactos rápidos, dificultad para pensar en otros temas y un inevitable deterioro en la vida social, laboral y de pareja. En este cuadro, la persona siente que tiene que saciar en forma urgente su necesidad sexual, lo que provoca inquietud interna, ansiedad, conductas de riesgo, descalabros económicos (gastos en sexo pago, casas de masajes, pornografía, tour sexuales, etc.), pérdida de trabajo (inasistencias, falta de concentración, aislamiento) etc. Para algunos autores es considerada una adicción, por lo tanto cumpliría con los requisitos de dependencia psicológica (necesidad subjetiva), física (perturbación corporal) y tolerancia (tener cada vez más contactos para saciar el deseo). Se la denomina la adicción silenciosa porque no tiene la visibilidad de los abusos de sustancias, los adictos al juego, las compras sin control o los desórdenes en la alimentación, precisó el experto. Y afirmó que casi un 6% de la población mundial sufriría de algún tipo de compulsión al sexo. E indicó que el trastorno es uno de los tantos cuadros que se engloban en la falta de control de impulsos (TOC, Compulsiones a las compras, al juego, etc.). Se conoce desde hace tiempo pero en estas últimas décadas ha habido un incremento por la influencia de las redes sociales las cuales permiten diversidad de contactos y rapidez para concretar citas. Cómo aparece el deseo sexual irrefrenable El deseo sexual hiperactivo se presenta de diferentes formas desde masturbación, sexo urgente con otras personas, prostitución y hasta puede asociarse con algunas parafilias como el exhibicionismo, froteurismo, abuso, violación, etc. Las compulsiones sexuales también se potencian con el sexo virtual, personas que pasan muchas horas del día navegando en sitios de sexo. Es importante diferenciar que tener deseos intensos y frecuentes no es sinónimo de sexo compulsivo. Todos solemos reconocer cuándo estamos más dispuestos a los contactos eróticos, hasta es posible determinar qué tipo de estímulos incrementan el deseo. Es una grata sensación que nos sensibiliza, preparándonos para sentir placer, remarcó Ghedin. Para el experto sexólogo, en la compulsión el deseo se mezcla con el impulso, el placer con la tensión, la tentación con la moral, el riesgo con la preservación de uno mismo. Este trastorno lo encontramos tanto en hombres como en mujeres, en edades que van entre los 20 a los 45 años (etapa de constantes cambios y mayor energía física y mental). No se saben las causas que la provocan, aunque los estudios apuntan a desórdenes en los neurotransmisores (aumento de la dopamina), y fundamentalmente factores emocionales: narcisismo insatisfecho, inseguridad, sentimiento de inferioridad, temores de ser humillados o avergonzados por los demás. También se ve que la realización del acto compulsivo sexual repetido se ha fijado como un mecanismo adaptativo aprendido a lo largo de la vida para atenuar la ansiedad, miedos o profundos sentimientos de soledad. En muchos casos hay trastornos de personalidad de base: obsesivos, evitativos (sujetos miedosos), o depresiones subyacentes. La adicción sexual pura o primaria debe diferenciarse de los estados de alta excitación sexual provocados por drogas como la cocaína (y derivados), anfetaminas u otros estimulantes, en estos casos el incremento del deseo erótico se debe a la acción de la sustancia, afirmó Ghedin. Los síntomas más frecuentes incluyen fantasías persistentes que consumen gran parte del tiempo, intentos fallidos por reducir la conducta, uso del sexo como vía de escape frente a la soledad, la ansiedad o la depresión, y continuidad de la actividad pese a consecuencias graves. Muchas personas refieren una secuencia típica: impulso intenso, conducta sexual, alivio momentáneo, luego culpa o remordimiento. Otros indicadores incluyen dificultades para sostener relaciones estables y necesidad de ocultar comportamientos. El conflicto interno suele ocupar un lugar central. La persona reconoce el daño pero no logra frenar el impulso. La consulta médica se recomienda cuando existe sensación de pérdida de control o cuando la conducta provoca problemas personales, laborales o legales. Las preguntas clave giran en torno a la capacidad de controlar los impulsos, el impacto en los vínculos y la presencia de ansiedad asociada. Cómo se diagnostica y cuál es el tratamiento disponible El diagnóstico requiere una evaluación psicológica completa. El profesional indaga sobre salud física y mental, pensamientos y conductas sexuales difíciles de controlar, consumo de sustancias, situación familiar y consecuencias derivadas del comportamiento. En la práctica clínica, muchos especialistas utilizan como guía el manual diagnóstico de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría. La conducta sexual compulsiva no cuenta con una categoría independiente en ese manual, por lo que suele clasificarse dentro de los trastornos del control de los impulsos o como una adicción conductual. Esta situación alimenta parte de la controversia. No hay tratamientos que curen la compulsión aunque se puede controlar con terapias cognitivas combinadas con antidepresivos que incrementen los valores de serotonina y grupos de ayuda para personas con adicción al sexo, amplió Ghedin. En algunos casos, el tratamiento combina psicoterapia, casos medicación y participación en grupos de ayuda. El objetivo central consiste en recuperar el control de los impulsos y reducir los excesos sin eliminar una sexualidad saludable. Entre las modalidades terapéuticas se destacan la terapia cognitivo conductual, que busca identificar creencias y patrones disfuncionales, y la terapia de aceptación y compromiso, que promueve acciones alineadas con valores personales. La psicoterapia psicodinámica explora conflictos inconscientes y motivaciones profundas. En ciertos casos, los médicos indican fármacos para disminuir la impulsividad o tratar trastornos asociados como ansiedad, depresión o abuso de sustancias. Las personas con cuadros graves pueden requerir tratamiento hospitalario inicial. Otras realizan abordajes ambulatorios prolongados para prevenir recaídas. Los grupos de autoayuda, inspirados en el modelo de doce pasos, proponen alcanzar la sobriedad sexual, entendida como una vida íntima sin impulsividad ni malestar. El acompañamiento social reduce el aislamiento y la vergüenza. Ghedin remarcó la importancia de abordar factores de personalidad. Según señaló, toda conducta de abuso o francamente adictiva merece ser tratada para que la persona pueda recuperar el control de sus impulsos. Es fundamental trabajar sobre la personalidad ansiosa o temerosa de base para que el hombre adquiera más seguridad personal, maneje mejor los sentimientos de inferioridad, la tolerancia a la frustración y empiece a reconocer-y a confiar- en sus potencialidades amatorias. También subrayó un punto clave: no hay tratamientos específicos que curen la adicción al sexo, pero se puede controlar con terapias cognitivas, grupos de sexo adictos y fármacos que calmen los impulsos y la ansiedad. Oxitocina y deseo, qué aporta el nuevo hallazgo Un estudio científico, publicado en 2024 en el Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, comparó a 64 hombres con diagnóstico de trastorno hipersexual con 38 hombres sin rasgos adictivos. Los análisis de sangre mostraron una diferencia clara. Los pacientes con conducta sexual compulsiva presentaron concentraciones más altas de oxitocina, una hormona producida en el hipotálamo y secretada por la hipófisis que interviene en el vínculo afectivo, el apego y la respuesta sexual. El autor principal, el doctor Andreas Chatzittofis, de la Universidad de Chipre en Nicosia, explicó: Descubrimos que los hombres con trastorno de conducta sexual compulsiva (CSBD, por sus siglas en inglés) tenían niveles más altos de oxitocina en comparación con los hombres sanos. El hallazgo introduce una dimensión biológica concreta en un terreno que hasta ahora se discutía sobre todo desde la psicología y la psiquiatría. La oxitocina suele recibir el apodo de hormona del amor porque interviene en el apego, la confianza y el vínculo entre parejas y entre padres e hijos. También influye en la respuesta sexual y en la sensación de gratificación posterior al contacto íntimo. Según los investigadores, cantidades anormales podrían intensificar el impulso y reforzar la conducta repetitiva. Chatzittofis sostuvo que La hormona desempeña un papel importante en la adicción al sexo y puede ser un posible objetivo farmacológico para futuros tratamientos farmacológicos. Esta afirmación abre una línea de trabajo concreta: el desarrollo de fármacos capaces de bloquear o modular la acción de la oxitocina en personas con trastorno hipersexual. El estudio incluyó además un dato relevante. Treinta de los hombres con diagnóstico recibieron terapia psicológica para abordar su comportamiento. Tras la intervención, los niveles de oxitocina descendieron de forma significativa. Ese cambio sugiere que el tratamiento psicológico no solo modifica la conducta observable sino que también impacta en marcadores biológicos. La evidencia biológica no elimina el debate, pero aporta un respaldo científico. En 2018, la Organización Mundial de la Salud incorporó el comportamiento sexual compulsivo en su Clasificación Internacional de Enfermedades. La definición describe un patrón persistente de falta de control de impulsos o impulsos sexuales intensos y repetitivos que dan como resultado un comportamiento sexual repetitivo. La decisión generó controversia. Algunos profesionales consideraron que el cuadro carece de criterios suficientemente delimitados. Más allá de la discusión, el impacto en la vida cotidiana resulta evidente en muchos casos. Relaciones rotas, problemas laborales, dificultades económicas, infecciones de transmisión sexual, ansiedad y depresión aparecen con frecuencia en la historia clínica de quienes consultan por este motivo.
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