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  • Lo despidieron, volvió a tiros a su trabajo, mató a un inocente y terminó preso

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 13/02/2026 13:01

    Kevin Locatelli Schmidt fue capturado este jueves en una esquina de José C. Paz por la División Homicidios de la PFA, acusado de un curioso asesinato, el final sangriento de un día de furia. El hombre de 30 años, oriundo de Moreno, fue acusado de matar a un hombre en medio de una venganza. No se trató de un crimen del hampa. El hecho fue todo lo contrario. La víctima, llamada Cristian Ricardo Acosta, recibió un disparo en el estómago el 11 de enero último mientras se encontraba en una casa quinta del Barrio Altos de Moreno, en la misma zona oeste del conurbano. Locatelli Schmidt había trabajado allí como casero tiempo antes. Volvió a la casa pistola en mano; sus patrones lo despidieron, aparentemente, por sus supuestos antecedentes penales, aunque, en rigor, nunca fue imputado en un expediente. Acosta, de 30 años, oriundo de Santiago del Estero, irónicamente, era el sobrino del nuevo casero. Tras casi un mes de agonía, Acosta murió el pasado viernes en el hospital Mariano y Luciano de la Vega. Así, comenzó una investigación por el delito de homicidio agravado por el uso de arma de fuego, a cargo del fiscal Leandro Ventricelli. Así lo capturaron La División Homicidios de la Federal -que esta semana allanó y detuvo a la banda de estafadores detrás del suicidio en la Quinta de Olivos del soldado Rodrigo Gómez-capturó a Locatelli Schmidt en la esquina de Quito y Croacia de José C. Paz. Había escapado de su domicilio poco después del crimen. Una billetera virtual, en manos de un tercero, fue el primer paso. Un hombre de su núcleo familiar la operaba, o al menos aportó su nombre para registrarla. Sin embargo, los gastos se asemejaban a los del prófugo. Se descubrió que Locatelli Schmidt, primero, huyó a la Costa Atlántica, en una supuesta estrategia calculada para rotar su domicilio. Sin embargo, el afecto fue más fuerte. Se instaló en José C. Paz, según determinaron los detectives, para vivir junto a su pareja. Entonces, comenzaron a seguir a la pareja. Los investigadores llegaron a los comercios donde hacía sus compras, una ruta que llevó a su domicilio. La respuesta fue plantear un allanamiento; el barrio donde vivía la mujer, de calles estrechas, volvía casi imposible una vigilancia encubierta sin alertar a los vecinos. Esperar a que un juez firme la orden, por otra parte, se volvía contraproducente: el ex casero buscado por homicidio ya tenía la costumbre de rotar de domicilio. Finalmente, un simple seguimiento en el barrio llevó a su captura. Locatelli Schmidt fue visto a bordo de un remise, sentado en el asiento del acompañante. El acusado intentó fugarse, sin embargo, fue derribado y trasladado en un patrullero a una comisaría de la Policía Bonaerense, a la espera de su traslado. En su fuga, descartó su teléfono, que fue abierto poco después. Irónicamente, Locatelli Schmidt se ufanaba de su habilidad para esquivar a las fuerzas de seguridad en otros supuestos hechos que cometió.

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