12/02/2026 17:00
12/02/2026 16:59
12/02/2026 16:56
12/02/2026 16:56
12/02/2026 16:56
12/02/2026 16:55
12/02/2026 16:52
12/02/2026 16:52
12/02/2026 16:51
12/02/2026 16:51
Parana » AIM Digital
Fecha: 12/02/2026 14:32
La alegría fugaz -apenas unos pocos días al año- es una herencia de las festividades saturninas de la vieja Roma, celebradas para honrar la fertilidad generosa de la tierra que beneficiaba a todos sus hijos por igual. En la actualidad, continúa movilizándose para sacar la alegría a la calle en los corsos populares Matecito. Un pueblo que no sostenga sus raíces está condenado al olvido como comunidad, afirmó a AIM el subsecretario de Cultura, Deportes y Juventud de la municipalidad de Gualeguaychú, Luis Castillo. Los denominadores comunes de los corsos del mundo -el disfraz y la máscara- ayudan a olvidar la vergüenza y disfrutar de la fiesta en cada rincón. En las murgas que protagonizan Matecito no hay distinción de clases ni diferencias de ninguna naturaleza, porque todos son una gran familia. Vive en ellas el fuego sagrado que todo lo puede, que todo lo transforma. El espíritu popular vive en Matecito: el ingenio en las letras, los trajes, y las cornetas murgueras, permiten protagonizar los corsos populares con rituales generosos en danzas y cantos pensados para la ocasión. En diálogo con esta Agencia, Castillo explicó que los vecinos son artífices y protagonistas de este encuentro de familias que se congregan alrededor de una pasión. Llevamos ya varias generaciones de familias que van manteniendo el sueño colectivo de mostrar su alegría, su creatividad y sentido de pertenencia barrial, a través de esta expresión genuina que, sin dudas, se mama desde la cuna. La esencia de Matecito El funcionario detalló que las murgas se iniciaron en nuestra zona en la segunda mitad del siglo XIX coincidiendo o, mejor dicho, influenciadas por las importantes corrientes migratorias de ese momento, en particular de España, pero, además, con significativos aportes de la cultura afro. Una de las características de esas murgas eran las canciones, cuyas letras se caracterizaban por la crítica tanto a la política como a determinados hábitos sociales de la época, lo que llevó, como era de esperarse, a la censura y la necesidad aprobar sus letras previo a salir a las calles, a cargo de una Comisión encargada de controlar esas canciones. La imaginación popular hizo que se reemplazara las letras por un instrumento que no existía hasta ese momento: la corneta de caña y papel, la que terminaría siendo nuestra marca identitaria. -¿Porqué, a diferencia del carnaval propiamente dicho, Matecito se convirtió en una expresión popular donde conviven personas sin distinción de clase social? -La murga nació en los barrios marginales, en donde inmigrantes pobres mixturan el candombe con los ritmos de la Europa castigada por guerras y miseria. Son ellos quienes no sólo fabrican sus instrumentos sino también sus trajes. Así, los patios de las casas se convierten en escenarios bajo las estrellas. Fue recién en los años 80 del siglo pasado que las murgas llegaron al centro de la ciudad y comenzaron a convivir con el otro carnaval, ese que había nacido bajo la forma de comparsas y que en poco tiempo se convertiría en el carnaval del país. La corneta gualeguaychuense Consultado sobre la corneta murguera, un instrumento musical que se fabrica íntegramente de manera artesanal, indicó que tiene su origen en el pito de Cádiz, una simple caña con un papel celofán atado con una gomita sobre la que se aplican los labios; para amplificar su sonido, se apeló a la campana de los antiguos gramófonos siendo después reemplazada por otros materiales como latón, por ejemplo. Su sonido es muy particular, así como la forma de ejecutarlo. En su sencillez y la capacidad de ser construido con elementos económicos hizo que se convirtiera en una expresión patognomónica de nuestras murgas barriales. Fue declarada Patrimonio Cultural de la ciudad mediante Ordenanza; en la Provincia fue declarada de Interés Cultural y Turístico e incluida, junto a los Corsos Populares Matecito, en el inventario de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación. Matecito y un homenaje de corazón Al referirse al significado y el origen del nombre Matecito , Castillo manifestó que es un homenaje y una forma de recordar a José Antonio Blanc, uno de esos personajes de pueblo que por su bonhomía y alegría se convirtió en un integrante fundamental de los corsos barriles; su figura estaba siempre presente tanto en los desfiles de carnaval como animando fiestas y llevando su alegría a niños de todas las clases sociales de la ciudad. Alguien querido y querible. Inolvidable. Con su traje de payaso hoy recreado de diversas formas por las diferentes agrupaciones que desfilan por el corso barrial, su figura y su sonrisa siguen presentes en el corazón de la tradición de la ciudad. El compromiso con la memoria Sostener los corsos populares Matecito es clave, porque es parte de nuestra esencia como pueblo. Siempre se ha dicho que un pueblo que no sostenga sus raíces está condenado al olvido como comunidad. Los corsos barriales son el recuerdo vivo de nuestro pasado, de nuestros orígenes, son el resguardo de la memoria de aquel Gualeguaychú que nos vio nacer como una ciudad orgullosa de sí, de lo que fue, de lo que es y de lo que será. Por eso desde nuestro gobierno apoyamos y sostenemos el trabajo permanente de las diferentes agrupaciones que, además de mantener viva la llama de la tradición murguera, generan un ámbito de convivencia, confraternidad y contención social muy importante. El subsecretario agregó que en la gestión de Gobierno de la que es partícipe, les parece fundamental colaborar para que los corsos barriales Matecito cobren cada vez más visibilidad, mejorando la infraestructura de la pista callejera de desfile, pero también brindando el acompañamiento económico, el asesoramiento técnico por parte de personal especializado en diferentes áreas, que ayuden a que se luzcan más, pero manteniendo el espíritu que les dio origen. Estamos orgullosos de nuestro origen y esta es una genuina forma de expresarlo.
Ver noticia original