» Clarin
Fecha: 11/02/2026 20:17
"Solicito para el delincuente la pena extrema, sin escrúpulos ni vacilaciones, porque nada hay más contraproducente en el orden social y jurídico que las sensiblerías de una filantropía mal entendida. El fiscal Manuel Beltrán pide la pena de muerte para Simón Radowitzky, quien mató al jefe de la Policía Federal, Ramón Falcón. Pero hay una partida de nacimiento ucraniana que dice que el imputado tiene 18 años. Es menor (la mayoría de edad se alcanzaba a los 21) y estalla el gran debate nacional. ¿Qué hacer con él? La imputabilidad de los menores se discute en la Argentina al menos desde 1909. Todo vuelve tres años después, cuando la Policía captura a un chico llamado Cayetano Santos Godino. El Petiso Orejudo -lo apodan los medios- es condenado por matar a cuatro chicos y lastimar a otros diez. Tiene 16 años, pero desde los 7 que entra y sale de las comisarías porteñas por atacar chicos y quemar cosas en el lejano descampado de Parque Patricios. Tiene 27 cicatrices en la cabeza por golpes de su padre. ¿Qué hacer con él? En 1914 es absuelto por menor de edad, pero la decisión se revierte y termina en un penal. Muere preso en Ushuaia, 30 años después. El debate sobre la imputabilidad revisita a los argentinos desde entonces, cada vez que un menor aparece involucrado en un delito grave. Y vuelve a dormirse hasta el próximo crimen. Es otro de los temas crónicos en la montaña rusa nacional. En 2004, cuando mataron a Axel Blumberg, el Congreso votó 26 reformas al Código Penal, incluyendo el fin del dos por uno (se contaba doble cada día de detención a los presos que no iban a juicio antes de los dos años). Pero la imputabilidad desde los 16, establecida en 1980, siguió en pie. Es contrafáctico afirmar que bajar la imputabilidad entonces hubiera mejorado la seguridad en la Argentina, pero los datos duros muestran que no sería así. No en el sentido de una solución mágica, como se suele presentar en el debate público. En 2004 hubo en la Provincia de Buenos Aires 171.467 delitos contra la propiedad. En 2024 fueron 433.316. En esos 20 años, la población bonaerense creció un 12 por ciento. Los robos, un 152 por ciento. En 2004 los menores cometieron el 2 por ciento de los delitos. En 2024, igual. Ahora hay más menores que delinquen, pero -igual que hace 20 años- 98 de cada 100 delitos siguen siendo cometidos por mayores de 18. La baja de imputabilidad de 16 a 14 es un paso adelante, sin embargo, para que el Estado se ocupe al fin de la inquietante franja de adolescentes que delinque desde más temprano. El argumento sobre que un chico de 15 años no sabe lo que hace no sólo ha quedado obsoleto. Es inverosímil, y ha funcionado como excusa para desentenderse de un problema social grave. Fuera de esa cuestión principal, bajar la edad de imputabilidad no va a mover la aguja de la inseguridad cotidiana. En Occidente no hay experiencias que relacionen de modo directo aumento de punibilidad con baja automática de delito. Para que algo suceda, no basta con escribirlo. El programa Uniform Crime Reporting del FBI registra que, de los diez estados con mayor tasa de crímenes violentos en los Estados Unidos, seis tienen pena de muerte. Son los más duros, pero no por eso los más seguros. Actualizar la edad de imputabilidad también emparejará la legislación argentina con otros países latinoamericanos (Uruguay, Brasil, Chile, México, Ecuador) que resuelven la cuestión social del conflicto con la ley penal desde edades más tempranas, adecuando los sistemas con su correspondiente financiamiento, un tema nunca menor en la Argentina. Esa discusión por los fondos para que las provincias apliquen la nueva ley promete ser el capítulo siguiente del asunto. Sobre la firma Newsletter Clarín Newsletter Clarín
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