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  • Más ventas y nuevas reglas: el acuerdo con EE.UU. abre oportunidades y exige cambios profundos al agro

    » TN

    Fecha: 11/02/2026 18:12

    El anuncio no pasó desapercibido en el mundo productivo. Tras meses de conversaciones técnicas y señales diplomáticas, la Argentina selló un acuerdo de comercio e inversiones con Estados Unidos que modifica condiciones de acceso, baja aranceles en rubros puntuales y compromete al país a revisar regulaciones sanitarias, técnicas y de propiedad intelectual. Para la agroindustria y la industria exportadora, el movimiento combina expectativa y cautela: se abren puertas, pero también se asumen obligaciones. Leé también: El kilo de ganado vivo llegó a los $5000 y hay inquietud por eventuales aumentos del precio de la carne La Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA) y la Fundación del Instituto para las Negociaciones Agrícolas Internacionales (INAI) fueron de las primeras instituciones en poner el foco sobre el contenido del entendimiento. En un análisis conjunto, remarcaron que se trata del primer instrumento de este tipo firmado por un país sudamericano dentro de la política de comercio justo y recíproco impulsada por Washington y que incluye eliminación o reducción de aranceles para productos específicos, junto con compromisos regulatorios principalmente del lado argentino. La noticia llega en un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas, menor peso del multilateralismo y una estrategia estadounidense de negociación bilateral. En ese tablero, Argentina buscó ganar previsibilidad para sus envíos y mejorar condiciones frente a competidores que ya cuentan con ventajas arancelarias. Un giro en la relación bilateral Según el informe de la Bolsa de Cereales y la Fundación INAI, el acuerdo prevé ampliar cuotas y exceptuar de sobretasas a un conjunto de posiciones arancelarias, además de habilitar financiamiento para inversiones estratégicas. Entre los puntos salientes figura la ampliación del contingente de carne bovina hacia el mercado norteamericano y la exclusión de aranceles recíprocos para más de 1600 productos, aunque solo una porción menor corresponde al universo agroindustrial. Pero el corazón del pacto no es solo arancelario. El documento también plantea cambios en licencias de importación, medidas sanitarias, estándares técnicos y propiedad intelectual. Es decir, reglas de juego que impactan en cómo se produce, certifica y comercializa. Para el sector privado, la implementación demandará ajustes normativos y coordinación entre organismos públicos y empresas. Leé también: Cuál será el impacto del acuerdo entre Argentina y EE.UU. para el precio de la carne vacuna en el mostrador En los pasillos de entidades rurales y cámaras sectoriales el diagnóstico se repite: el acceso preferencial es una oportunidad, siempre que la adaptación no encarezca costos o complique trámites. La competitividad no depende solo del arancel, recuerdan, sino también de logística, financiamiento y estabilidad macroeconómica. Récords y sectores protagonistas Mientras se discutían los detalles técnicos, los números comerciales ya mostraban dinamismo. La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) destacó que en 2025 las exportaciones argentinas a Estados Unidos crecieron casi 29% y alcanzaron los US$ 8338 millones, el máximo histórico para ese destino. El dato confirma que, aun sin acuerdo pleno, el vínculo venía en expansión. El protagonismo lo tuvo el complejo petrolero-petroquímico, con un salto superior al 68% interanual, hasta representar casi la mitad de los envíos totales. Energía y combustibles lideraron la canasta, aunque también hubo espacio para alimentos, economías regionales y manufacturas específicas. Leé también: Cómo la evolución térmica y las variables atmosféricas inciden en la producción frutícola y agrícola El informe, elaborado por Guido DAngelo y Julio Calzada, subrayó además que el intercambio bilateral fue el segundo más alto registrado y que el saldo comercial alcanzó máximos, con Estados Unidos consolidado como tercer socio comercial de la Argentina. Para los autores, ese desempeño crea una base sólida para capitalizar las nuevas condiciones del acuerdo. En el agro, la expectativa se concentra en carnes, productos con valor agregado y nichos donde la diferenciación puede compensar distancias y costos logísticos. La experiencia indica que, con cupos ampliados y reglas claras, los exportadores suelen responder rápido. Lo que viene para la economía real La pregunta ahora es cómo se traducirá el entendimiento en el día a día de productores y empresas. En frigoríficos, plantas lácteas y empaques frutícolas se habla de certificaciones, trazabilidad y requisitos sanitarios más estrictos. En la industria, de homologaciones técnicas y propiedad intelectual. En todos los casos, de inversión. El acuerdo prevé, además, apoyo financiero de instituciones estadounidenses para proyectos estratégicos. Esa posibilidad entusiasma a sectores vinculados a minerales críticos, energía y tecnología, que podrían sumar capital y socios internacionales. Leé también: Panorama agrícola: terminó la siembra de soja, subió la proyección de cosecha de girasol, pero cayó la de maíz Sin embargo, los especialistas advierten que la letra chica exigirá seguimiento. Cambios en licencias, evaluaciones de conformidad o estándares pueden ser tan determinantes como una rebaja arancelaria. La implementación, estiman, requerirá coordinación legislativa y administrativa. Para las entidades técnicas, el desafío será acompañar a las pymes, que suelen tener menos recursos para adaptarse a nuevas exigencias. Talleres, capacitaciones y asistencia serán claves para que los beneficios no queden concentrados en grandes jugadores. Leé también:El campo aportó un 85% de las exportaciones cordobesas: cuáles fueron los principales destinos En definitiva, el acuerdo marca un punto de inflexión. No es una solución mágica ni un simple gesto diplomático: es una hoja de ruta que puede ampliar mercados si se gestiona con eficiencia. Con récords recientes como respaldo y un nuevo marco regulatorio en camino, la relación comercial con Estados Unidos entra en una etapa distinta. El resultado dependerá de cuánto logre el país transformar esa oportunidad en más producción, más inversión y más valor agregado en origen.

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