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  • Opinión: "Cultura: inversión o gasto, una decisión estratégica que genera odio, estigmatización y debate sin fundamento", por Emilio Ledesma

    Concepcion del Uruguay » La Pirámide

    Fecha: 11/02/2026 17:14

    Opinión: "Cultura: inversión o gasto, una decisión estratégica que genera odio, estigmatización y debate sin fundamento", por Emilio Ledesma Cultural: inversión o gasto, una decisión estratégica que genera odio, estigmatización y debate sin fundamento Por Lic. Emilio Ledesma En tiempos donde el presupuesto cultural suele quedar bajo sospecha y es presentado como un gasto prescindible, el debate vuelve con fuerza. Sin embargo, reducir la cultura a una partida contable implica desconocer su impacto económico, su rol social y su función estructural en la construcción de una Nación. La cultura no es un lujo. Es pasado, presente y futuro. La inversión pública en cultura tiene un efecto multiplicador inmediato: -Activa el turismo. -Genera empleo directo e indirecto. -Dinamiza economías regionales. -Incrementa la recaudación tributaria Los festivales, fiestas, encuentros, etc, lejos de ser un gasto superfluo, funcionan como motores de desarrollo local. El dinero que el Estado destina a infraestructura u organización retorna a través del consumo y la actividad económica. En términos macroeconómicos, la cultura forma parte de las industrias creativas, uno de los sectores de mayor crecimiento a nivel global. Invertir en cultura es apostar por un modelo productivo que combina identidad, creatividad y desarrollo territorial. El impacto cultural no se mide únicamente en cifras. Cuando la cultura es atacada o desfinanciada, no solo se perjudica a músicos, actores o escritores: se debilita el tejido simbólico que sostiene la convivencia democrática afectando a toda la sociedad. La cultura: -Construye identidad colectiva. -Preserva la memoria histórica. -Promueve la diversidad de voces. -Fomenta el pensamiento crítico. Una sociedad que deja de invertir en cultura empobrece su debate público y reduce sus espacios de encuentro. Sin políticas culturales activas, la producción artística queda librada exclusivamente a las lógicas del mercado, que privilegian la rentabilidad inmediata por sobre el valor cultural profundo. ¿Queremos una cultura pensada solo para el consumo inmediato o una cultura que invite a la reflexión? Cuando el financiamiento depende únicamente de la lógica comercial, el riesgo es la homogeneización. La inversión pública permite sostener expresiones que no siempre son masivas, pero sí fundamentales para la diversidad cultural y la preservación de tradiciones. El folklore, el tango, el rock, la danza, la poesía, el teatro, la pintura, las artesanías, etc no son solo expresiones, son narrativas identitarias. Sin apoyo estructural, muchas de estas expresiones quedarían relegadas. La historia cultural demuestra que el verdadero valor de una obra muchas veces no es inmediato. Bocanada, de Gustavo Cerati, fue resistido en su momento y hoy es considerado una obra maestra. Si la cultura se evaluara únicamente por su éxito instantáneo, muchas creaciones trascendentales no habrían sobrevivido. El patrimonio artístico no se mide por tendencias momentaneas, sino por su capacitación de perdurar y dialogar con el tiempo. Por y para eso debe existir: -Transparencia en la gestión. -Planificación estratégica. -Federalización de recursos. -Acceso equitativo a bienes culturales. -Protección del trabajo artístico. La cultura genera empleo, produce riqueza, fortalece la identidad y proyecta la imagen del país hacia el mundo. Es parte del llamado poder blando: la capacidad de una nación de influir y posicionarse a través de su producción simbólica. La cultura expresa nuestro pasado, presente y futuro, señala una verdad estructural: sin cultura no hay relato colectivo, y sin relato colectivo no hay proyecto de país. Invertir en cultura es invertir en: -Desarrollo económico. -Cohesión social. -Democracia. -Memoria. -Proyección internacional. No se trata de romantizar el sector ni de evitar controles. Se trata de comprender que una sociedad que deja de invertir en cultura no ahorra: se empobrece. La discusión no debería ser si la cultura es un gasto, sino cómo potenciar su impacto como inversión estratégica para el desarrollo integral de la Argentina

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