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  • Esteban Trebucq sin filtro: de la ausencia de su padre a qué opina del periodismo y su regreso a LN+

    » La Nacion

    Fecha: 11/02/2026 06:39

    El periodista conversó con LA NACION sobre su presente profesional y sobre su dura historia familiar - 12 minutos de lectura' Relajado, mientras prepara el mate, recibe a LA NACION. Hay algo de Esteban Trebucq que sigue saludablemente anclado a City Bell, la localidad cercana a la ciudad de La Plata donde nació el 20 de mayo de 1976. De hecho, acaba de llegar al departamento que habita en el barrio de Palermo a disgusto de su verdadero deseo de no moverse de su terruño, pero las responsabilidades de padre, las distancias y el ahorro de tiempos en viajes lo llevan a tener un pie en Buenos Aires. La semana pasada comenzó una nueva temporada de +Verdad, su espacio en el prime time de LN+, que sale al aire de lunes a jueves a las 21 y los viernes desde las 20. Además, en este mismo canal, se sumará, dos veces por semana, al flamante ciclo Mesa de periodistas. Una presencia destacada en la grilla de la señal de noticias que está cumpliendo su primera década en el aire. Por otra parte, en pocos días, formará parte del canal de streaming La Casa, en tira diaria matutina. Fuera de la norma No se siente cómodo manipulando rutinas ni guiones y mucho menos cuestionarios, pero sí llega al set informado para encarar su programa y entrevistar a los personajes de turno, según marca esa agenda de la actualidad de la que trata de correrse, cada vez que puede. No le interesa formar parte de cierto establishment, aunque no puede escaparse del todo de eso, y no imposta lo que no es. Un outsider. -Caminás por un andarivel muy propio. -No soy careta, trato de ser igual en todos los lugares. No me gustan los protocolos. En nuestro ambiente hay mucho caretaje, humo. Hay gente que se cree más de lo que es. Nadie está expectante de lo que vamos a decir o dejar de decir. Nos tenemos que ubicar. En algún momento, muchos periodistas se creyeron que tenían las Tablas y escribían los Mandamientos. Nunca me creí eso. Soy raro, no miro las rutinas de los programas, no tengo muy en claro qué viene después de lo que estoy diciendo, no llevo los editoriales escritos. Dentro de una hora y media voy a hacer el programa y no sé, aún, qué voy a decir en el editorial. -Entonces, ¿cómo delineás tu columna? -Hablo con mis productores sobre lo que tengo ganas de hablar para que me vayan acompañando con imágenes. -Un vértigo no menor para tu equipo y para vos. -Sé que los complico porque es más ordenado trabajar con todo escrito, pero eso me aburre. En general, la televisión industrializada me aburre. -¿Qué sería la televisión industrializada? -El conductor leyendo una rutina, presentando un tema. No digo que no sea importante y que la gente no lo quiera, porque, muchos de los que hacen eso, tienen más rating que yo. No es malo, a mí me aburre, lo siento de otro tiempo. -¿Qué evaluás que le aportás a quien, cada noche, te ve en LN+? -Trato de darle una mirada distinta a lo que está pasando y de no subirme permanentemente a la agenda, busco salirme de eso. Muchas veces, por esa supuesta agenda, terminamos hablando de las cosas que solo les interesan a los periodistas y, probablemente, nada a la ciudadanía. Además, busco tener una mirada diferente, fresca. No digo que lo que hacen los demás esté mal, siento admiración por muchos periodistas, pero, a mí, me gusta más lo desacartonado. Quiero volver a divertirme en la televisión. -¿No te divertís? -Antes me reía más. No me considero un tipo aburrido, pero, muchas veces, en la televisión, la gente tiene cara de aburrida. -Quizás un preconcepto que propone la seriedad en el decir como paralelismo a la seriedad de lo que se dice y que lo distendido iría en desmedro del rigor profesional. -Es como un mandamiento que existe en torno a eso. -Recuerdo a un comunicador sumamente prestigioso como Santo Biasatti, que no se permitía la sonrisa frente a cámaras. -Trabajé con él, pero antes y después de salir al aire, era un chistoso bárbaro, un tipo divertidísimo, pero, al aire, era otra persona; no lo cuestiono, por Dios, es una leyenda de la televisión; pero creo que hay que ser igual en el aire y fuera del aire. Por supuesto, si estás presentando un crimen, no lo podés hacer riéndote, pero no hay que exagerar el protocolo. -Algo que, posiblemente, emerge de tu estilo es que la persona de a pie te siente un par cercano, aun cuando vos manejás una información privilegiada y tengas capacidad de análisis superador al del ciudadano común. -Puede ser, soy siempre un militante del dato, pero no me vuelvo loco por tener la primicia. -Hoy la primicia la generan o se la adueñan las redes sociales rápidamente. -No me desvivo por la primicia, que la tiren otros. Lo más interesante es la interpretación del dato, la ciudadanía espera eso. -Por otra parte, la primicia es muy efímera al viralizarse. -No digo que no tenga valor el dato o la primicia, pero no me desvivo por darla, me da lo mismo. No conozco a ningún ciudadano que diga tal lo dijo primero, eso es una competencia de los periodistas. Estoy afuera de eso, no me importa. -¿Considerás que, por ser como sos, un sector del periodismo más tradicional y académico, te observa con cierto recelo? -Sí, sé que no me quieren. -¿Lo percibís? -Lo noto. La academia y el protocolo no me quieren, me lo hacen saber. La academia, que denuesta lo popular, cree que lo intelectual se da de patadas con lo popular. Recuerda a un colega muy renombrado que solía referirse a él de manera despectiva y que, en un cruce ocasional en un evento del medio, lo encaró para consultarle las razones. Te respeto mucho, pero, por qué no me llamás y vamos a tomar un café, así te enterás cómo soy, lo interpeló Trebucq, dejando atónico a su colega. La industria tradicional del periodismo me ve con recelo. Además, ocupo un lugar que le gustaría ocupar. -Es interesante que una señal como LN+ apoye tu estilo. -Eso habla mejor de LA NACION, que de mí. LN+ me adoptó. Es pedante lo que voy a decir, pero me considero una de las caras del canal. -Lo sos. -La gente me lo hace saber en la calle. Además, comparto con LA NACION la seriedad y el respeto por el trabajo. Ofrece unos chocolates y ceba mate. A lo lejos, los aviones despegando desde el Aeroparque Metropolitano agitan el horizonte y se recortan sobre la costa. Un buen marco para la conversación: Estoy muy contento en LN+, este maridaje me parece genial. No debe haber otro tipo, en la historia de los medios, que haya sido cara de Crónica y de LA NACION. -Te llevo al plano político, ¿cuáles considerás que son el debe y el haber, hasta el momento, de la presidencia de Javier Milei? -Se puede hacer una evaluación de medio término, pero, cuando concluya su mandato, se lo podrá evaluar mejor. Hoy tiene tres activos en el manejo de la economía, el orden público y la agenda internacional. Y, por otro lado, tiene muchísimas cosas para mejorar, entre ellas, la existencia de mucha gente en una situación muy compleja que no llega a fin de mes. En Argentina no son pocos los que la pasan mal. Su lugar Sirve agua fresca embotellada por él mismo, es natural, sacada por bomba, de las napas de mi casa de City Bell. Orgullo nativo por ese enclave de callecitas arboladas, casas bajas, vecinos que se conocen de toda la vida. -¿Qué te da City Bell que no encontrás en Buenos Aires? -Es mi lugar, el sitio donde decidí vivir. Ahí están mis afectos, gran parte de mi familia y mis amigos. City Bell es el mejor lugar del mundo. Disfruto mucho estar ahí, por eso trato de no moverme el mayor tiempo que puedo. A la ciudad de Buenos Aires la sufro mucho. Cuando me jubile, me quedaré en City Bell. En ese enclave, distante cincuenta kilómetros del Congreso Nacional, el periodista hasta se permite compartir el pago de algunos servicios con sus vecinos. No vivo en un barrio cerrado, sino en mi casa de siempre. -¿Por qué te emocionás cuándo pensás en Ana María, tu mamá? -Uh... -Hablemos sobre ella. -Mi vieja nos dio todo. Éramos cuatro delincuentes a los que les tenía que dar de comer con un solo ingreso. Cada madre es una heroína, para mí también lo es. Me emociono porque ella dejó la vida para que a nosotros nos vaya bien. Rápidamente, su voz comienza a quebrarse. Imposible mantenerse entero cuando piensa en la mujer que le dio la vida y que continúa siendo su faro, al igual que el de sus dos hermanas y su hermano, todos menores que él. El periodista, que se hizo famoso como el pelado de Crónica, la señal que transitó años atrás, cuenta que su papá falleció hace mucho tiempo y que el vínculo entre sus padres ya se había quebrado hacía décadas. -Durante mucho tiempo no viste a tu padre. -Te diría que durante gran parte de mi vida no vi a mi padre. Lo vi muy poco de chico, tengo recuerdos, pero no tantos y, ya de grande, no tenía relación. Lo disfruté menos que lo que cualquier hijo hubiese querido. -Luego de la separación de tu madre, tu padre, ¿no estuvo presente? -Falleció y no se puede defender, así que no está bueno hablar, pero no tuvo la presencia que tienen los padres hoy, quizás era algo de la época. El vínculo entre el periodista y su padre fue esporádico al extremo, pero el fútbol obró cierto milagro final: La gente del museo de Estudiantes de La Plata me había convocado para moderar una charla, porque se había conseguido el video original de la final del club con Manchester United, que se jugó en octubre de 1968 En aquella jornada histórica del 16 de octubre de 1968, la casaca platense logró la Copa Intercontinental luego de empatar 1-1 ante el cuadro inglés en el célebre estadio de Old Trafford. Se consiguió el partido completo, con el relato original, y se decidió mostrarlo. En esa época todavía no trabajaba en la televisión, pero ya había escrito la historia del club y colaboraba en la revista de Estudiantes. -¿Qué vínculo tiene esa charla que tuviste que moderar con la presencia de tu padre? -Alguien me sugirió que invitara a mi papá, pero ya no teníamos relación, aunque soy hincha de Estudiantes por él. -¿Lo invitaste? -Sí, le dije viejo, venite. Nos encontramos en la sede y hasta nos sacamos una foto con las copas. Vimos el partido, moderé la charla y, cuando todo finalizó, lo llevé hasta su casa. Quedamos en comer un asado y en volver a vernos, pero no sucedió. A los cuatro o cinco años, murió. Me parece que la última foto que tuve con él fue en el club. -¿No se volvieron a ver? -No recuerdo haberlo visto, quizás hayamos hablado por teléfono, pero no lo sé. -¿Te marcó la ausencia de tu padre? -No lo sé. La imagen de mi viejo está muy presente con el club, era hincha y socio. -¿No hay rencor? -No, para nada, ya pasó. También la voz se le quiebra pensando en su padre: Era liberal, algo rarísimo en la década del setenta, se había afiliado a la UCEDE, era antiperonista y liberal. Su madre, en cambio, se crio en una casa justicialista: Mi abuelo materno también era hincha de Estudiantes y peronista, recuerdo que tenía la foto de Evita a la vista, era ferroviario, pertenecía a La Fraternidad y murió muy joven, así que casi no tuve contacto con él. En su infancia, Trebucq vivió en el barrio Meridiano Quinto, por allí circulaba el tren de trocha angosta -donde trabajaba su abuelo-, que conectaba La Plata con el límite de la provincia con La Pampa. Mi abuelo vivía a metros de la estación. Entre los Trebucq fervientes antiperonistas y la rama materna devota de Perón y Evita se fue solidificando la identidad política del periodista. Jamás le pregunto a mi familia por quién votó, pero, a mi hija mayor, le inculqué la importancia de ir a votar. -¿La ausencia de tu padre hace que, buscando revertir un panorama similar, seas un padre presente? -No lo sé, intentamos. Trabajo mucho, pero no se trata de estar todo el día al lado de los hijos para ser un buen padre. De todos modos, trato de estar presente. Delfina (19), su hija mayor, es estudiante de Relaciones Internacionales y Lupe (8), que pasa gran parte del tiempo con él, va al segundo grado de la escuela primaria. Ambas son frutos de dos matrimonios anteriores. Hoy, el conductor se encuentra en pareja con Sol. -¿Te ves al frente de algún espacio televisivo que no sea estrictamente informativo, como podría ser un late night show, un magazine o un formato de juegos? -Me lo propusieron muchas veces. Me veo haciéndolo y me gusta. Mi problema es que no entiendo las lógicas del medio. De farándula, por ejemplo, no conozco a nadie. En la televisión se habla de gente, aparentemente importante, que no sé quiénes son. -No necesariamente deberías estar al frente de un ciclo sobre farándula. -Podrías ser un programa como el de (Mario) Pergolini. -¿Te interesaría? -Es el mejor programa de la televisión argentina, aunque, debo reconocer que no veo demasiada televisión. También me gusta mucho lo que hace Ángel de Brito, tiene la facilidad de hacer de la nada, algo atractivo. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite

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