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» Clarin
Fecha: 10/02/2026 22:11
La reforma laboral que el gobierno libertario se propone aprobar en el Senado posee una importancia política de fondo. También un valor coyuntural. A juicio de Javier Milei y de su equipo esa norma, que además deberá atravesar Diputados, facilitaría la creación de empleo registrado que en la Argentina permanece estancado desde hace al menos 15 años. Se trataría de una pretensión con la vista clavada en el horizonte. La observación mucho más próxima permitiría una conclusión de otro tenor. El Presidente enfrenta su primer desafío político del año ilustrado con la resistencia que impondrá el kirchnerismo y la marcha callejera de protesta de la Confederación General del Trabajo (CGT). Desde diciembre del 2025 cuando logró sancionar el Presupuesto para este año, el líder libertario y su gobierno quedaron como habitantes solitarios de la escena política nacional. Importa ahora el triunfo para no ceder centralidad: de allí las concesiones impositivas realizadas a los gobernadores. Aquella felicidad se estiró hasta la primera semana de este mes cuando un error auto infligido comenzó a alterar la hegemonía simbólica del gobierno. Fue la decisión de desechar la nueva fórmula que iba a aplicar el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) para medir la inflación mensual. Significaba cambiar una canasta de insumos planificada en 2004 por otra del 2017. En cualquier caso, alejadas del presente. Existió de corolario la renuncia del titular del organismo, Marco Lavagna. Toda una convulsión innecesaria a la cual el Gobierno pretendió explicar bajo la sombra de supuestas sospechas políticas. Las justificaciones para el cambio de rumbo que esgrimió Luis Caputo, el ministro de Economía, sólo ayudaron a estimular la desconfianza. A punto tal que, en horas, se resolvió la designación de Pedro Ignacio Lines, un técnico que había intervenido en la elaboración del índice ahora postergado, como director del INDEC tras la partida de Lavagna. Las brumas, pese a aquella premura, no se disiparon del todo. Al contrario, hubo un factor que pareció concederle mayor densidad. El registro inflacionario de enero distribuido por el INDEC que dio un pequeño salto respecto del 2.8% conocido en diciembre. El primer mes del 2026 señala 2.9%. Mucho más cerca del 3% que de aquel 0% que Milei ha prometido para las mediciones de agosto. Continúa la trepada. Un costo que a lo mejor tendría como beneficio la conservación de la credibilidad del INDEC, que se intentó manipular desde el poder. Las mediciones del INDEC y CABA han resultado marcadamente parejas durante 2025. Para diciembre el 2.8% del país fue correspondido con el 2.7% porteño. La inflación anual 2025 del INDEC marcó 31.5%. La del IPCBA 31.8%. Notable similitud. La brecha quizás empezaría a observarse desde ahora. El índice porteño tuvo un salto de casi medio punto en enero. No se registró el mismo fenómeno en el plano nacional. Habría que hacer una precisión. El IPCBA posee una mejor ponderación de los servicios públicos en la canasta de consumo. Era el propósito que debía perseguir el nuevo índice del INDEC dejado de lado por el Gobierno. Los precios de las tarifas de los servicios poseen una incidencia que relegan a muchos alimentos. Quizás en ese punto radique la explicación del escape oficial. La maniobra libertaria pudo perseguir dos metas. Interrumpir la escalera inflacionaria ascendente que se expresa desde junio del año pasado. En septiembre empezó a superar el 2% y nunca más bajó de esa cima. En enero se acaba de arrimar al 3%. Resguardar un relato político que tiene a la baja de la inflación como su ancla más importante. Se expande sobre las expectativas favorables que conserva un sector amplio de la sociedad. La ausencia de peso ponderado de los servicios en el orden nacional fue compensado para desgracia del Gobierno por otros rubros. Alguno de ellos de extrema sensibilidad: el 4.7% de incremento que registraron en enero los alimentos y las bebidas sin alcohol. Disparada que habría colocado fuera de foco el debate instalado por Toto Caputo sobre el precio de la ropa en la Argentina. Las prendas reflejaron el mes pasado una deflación del 0.5%. La persistencia inflacionaria estuvo acompañada por otra mala novedad. El Gobierno había logrado pasar enero observando y alentando, en algunos casos, las múltiples denuncias de corrupción contra Claudio Chiqui Tapia, el jefe de la AFA. Al hombre del fútbol se lo vincula con el kirchnerismo de Buenos Aires que representa el gobernador Axel Kicillof. Rédito puro. Pero esta semana el juez Sebastián Casanello dispuso el procesamiento del ex titular de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), Diego Spagnuolo. Junto a él otras 18 personas. Se trata del primer ex funcionario libertario con una carga judicial. No sería un episodio más. La investigación nació luego de la difusión de audios entre Spagnuolo (ex abogado personal de Milei) y alguien no identificado aún donde se admitía el cobro de coimas y supuestos beneficios en favor de Karina Milei y los primos Eduardo Lule y Martín Menem. El fallo de Casanello nada dice acerca de los importantes funcionarios libertarios. Aunque advierte que el esquema delictivo develado pareciera tener márgenes aún difusos y no agotarse en los hechos aquí probados. El magistrado consideró que en la ANDIS habría funcionado un centro de operaciones para direccionar compras de medicamentos de alto costo, sobre precios millonarios y pagos privilegiados a ciertos proveedores. El asunto tendría todavía muchos senderos por recorrer. El Gobierno prefiere guardar silencio. Simular como si nada pasara. El caso Spagnuolo contó con otro caso también cercano a la Casa Rosada. Demián Reidel, escriba presidencial, quedó afuera de la empresa Nucleoeléctrica después de una recomposición del directorio. Fue en verdad una salida enmascarada en medio de un escándalo. Denuncias de sobreprecios para la Central Atucha que habrían ocurrido durante la gestión de Reidel. El físico estaría elaborando junto al Presidente un libro sobre teoría económica mundial que aspira a ser presentado para la entrega del próximo Nobel en la materia. La batalla por la reforma laboral le permitirá tal vez a Milei correrse de ese incómodo teatro donde al promediar el verano parecen converger la corrupción y el alza del costo de vida. Puede que le sirva, sin embargo, solo para un momento. Confrontar con el kirchnerismo y los sindicatos. La inflación horada cada día los bolsillos populares, constituye hasta ahora el principal activo de Milei y acentúa la escalada. Cuando, paradójicamente, nadie podría echarle responsabilidades a la cotización de un dólar que declina. 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