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  • La nominación de Milei y el provincianismo neoliberal

    Concordia » Lanotadigital

    Fecha: 10/02/2026 14:08

    El gesto de nominar a Javier Milei como Economista del Año resuena como un eco que viaja apenas por los pasillos de la FEE (Foundation for Economic Education) y las pantallas de la red social X. Es un reconocimiento que parece grande, universal, pero que se sostiene sobre la afinidad de un solo hombre, Walter Block, y la cercanía ideológica que los une. Entre los papeles de Defendiendo lo indefendible y los tuits que celebran, la nominación revela su verdadero rostro: un provincianismo neoliberal disfrazado de prestigio, un espejismo de reconocimiento que brilla solo en un horizonte estrecho y doméstico. Block, con su obra provocadora, ha justificado actos cuestionables con la delicadeza de un maestro del riesgo intelectual. Milei, al regalar sus páginas a su Gabinete, multiplica esa ideología, tejiendo redes de complicidad y admiración. La nominación no surge de consenso ni de comparación académica: es un acto de alineamiento y admiración mutua. La distinción, presentada como global, se convierte en símbolo de notoriedad y marketing ideológico, donde la ideología extrema se erige como legitimidad aparente, y la controversia se confunde con mérito. El impacto sobre la percepción de la economía argentina es silencioso pero profundo. Los medios amplifican, con titulares vibrantes, un gesto que carece de respaldo comparativo y riguroso. Frente a premios como el Nobel, que miden y deliberan colectivamente, la nominación de Milei refleja la pobreza conceptual de los reconocimientos neoliberales de provincia. La ilusión de universalidad se rompe ante la evidencia de que la evaluación real ha sido reemplazada por la narrativa, la teatralidad de la nominación y la fascinación por la figura más que por la contribución. El provincianismo neoliberal se filtra también en la exclusión de voces críticas: los que no comparten la visión pro-mercado quedan al margen, y lo mediático reemplaza lo reflexivo. La nominación, entonces, es un reflejo de un horizonte intelectual limitado, donde lo particular se impone como universal y la afinidad política se viste de autoridad académica. Es un gesto que ilumina más al ideólogo que al economista, y que revela la fragilidad de un prestigio construido sobre la cercanía y no sobre la deliberación colectiva. Desde la mirada periodística, la historia de esta nominación es una advertencia sobre cómo se construye el reconocimiento y la reputación. La cobertura amplifica un espejismo, y el público recibe más la narrativa que la verdad. Más que celebrar mérito económico, el episodio invita a reflexionar sobre racionalidad, pluralidad y rigor: cómo la fascinación mediática puede convertir un gesto personal en un símbolo inflado, y cómo el provincianismo neoliberal se disfraza de universalidad, dejando al lector entre el brillo de la anécdota y la sombra de la crítica ausente. Referencia: Perfil, Javier Milei fue nominado a Economista del Año por su par estadounidense Walter Block, 7 de febrero de 2026. J. Noriega

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