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  • El gobierno de Milei va por el periodismo: cuando informar molesta más que mentir - Confirmado

    Paraná » Confirmado.ar

    Fecha: 10/02/2026 11:40

    El intento del gobierno de Javier Milei por derogar el Estatuto del Periodista Profesional no es una reforma laboral más: es un ataque directo a la libertad de expresión, al derecho a informar y a la posibilidad misma de ejercer el periodismo sin extorsión, precarización ni miedo. Detrás del discurso libertario se esconde una vieja tentación autoritaria. - Por AF para Confirmado El gobierno que llegó prometiendo libertad parece haber encontrado su enemigo predilecto: el periodismo. No el periodismo militante, ni el complaciente, ni el que aplaude sin preguntar, sino el que investiga, incomoda y expone. En ese marco debe leerse el intento por derogar el Estatuto del Periodista Profesional, una norma que no es un privilegio corporativo, sino una herramienta básica para garantizar condiciones dignas de trabajo y, sobre todo, independencia frente al poder. El Estatuto no protege castas, como repite el manual libertario. Protege a trabajadores que, sin ese marco legal, quedan a merced de la precarización absoluta: salarios de miseria, despidos arbitrarios, jornadas infinitas y presiones editoriales cada vez más burdas. Un periodista sin derechos es un periodista vulnerable. Y un periodista vulnerable es un periodista más fácil de disciplinar. No es casual que este avance ocurra en un gobierno que construyó su identidad política a base de insultos, descalificaciones y ataques sistemáticos a la prensa. Desde el primer día, Javier Milei eligió señalar a periodistas como enemigos, mentirosos o ensobrados, preparando el terreno para algo más grave: quitarles las herramientas legales que les permiten ejercer su tarea con un mínimo de autonomía. El mensaje es claro y brutal: informá bajo nuestras reglas o pagá las consecuencias. En nombre del mercado y de una supuesta modernización, se intenta retroceder décadas en derechos laborales y democráticos. Porque derogar el Estatuto del Periodista no moderniza nada; degrada. No libera; somete. No fortalece la libertad de expresión; la convierte en un privilegio para pocos, generalmente los más poderosos. La contradicción es obscena. Un gobierno que se llena la boca hablando de libertad individual avanza contra uno de los pilares fundamentales de cualquier democracia: una prensa libre, protegida y capaz de trabajar sin miedo. La libertad que propone Milei parece ser solo para los mercados, no para las personas. Mucho menos para quienes tienen el oficio de contar lo que el poder preferiría ocultar. Cuando un gobierno quiere periodistas baratos, desprotegidos y silenciosos, no está buscando eficiencia: está buscando obediencia. Y cuando el periodismo se convierte en un blanco a eliminar o domesticar, lo que está en juego no es un estatuto, sino el derecho de la sociedad a estar informada. La historia es conocida y siempre termina igual. Primero se desacredita, después se precariza y finalmente se intenta callar. El ataque al Estatuto del Periodista es una señal de alarma democrática. No porque los periodistas estén en peligro solamente, sino porque cuando el poder avanza sobre quienes informan, el silencio que sigue nunca es neutral: siempre beneficia a los mismos. - Periodista de investigación

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