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» TN
Fecha: 10/02/2026 09:58
Durante años, la tecnología fue vista como un tema secundario, reservado al área de sistemas. Cuando algo fallaba, la respuesta era automática: Llamalo al chico de informática. Los líderes seguían con sus tareas, firmaban presupuestos y delegaban el problema como si se tratara de un asunto técnico sin impacto real en el negocio. Leé también: Día de la salud mental: estrategias para cuidar el bienestar emocional de los jóvenes en la era digital Ese modelo quedó atrás. En este 2026 vertiginoso, pensar que la tecnología es solo un soporte es tan ingenuo como creer que el motor de un avión es un accesorio. Hoy, lo digital no acompaña al negocio: lo define. Y cuando quienes toman decisiones no lo entienden, las consecuencias no son solo económicas, sino también organizacionales, humanas y culturales. El código rojo de las empresas: cuando el cambio supera a las personas Los datos son contundentes y generan inquietud. Más del 50% de las habilidades laborales actuales dejarán de ser útiles en los próximos cinco años. Lo que antes se planificaba a largo plazo, hoy cambia en cuestión de semanas. El problema ya no es tecnológico, sino estratégico. Un artículo de El País de España advierte que 7 de cada 10 intentos de modernización empresarial fracasan. No porque fallen las herramientas digitales, sino porque los líderes no tienen claro para qué las necesitan. La tecnología se compra como una moda, no como una solución. En este contexto, la transformación digital mal gestionada no solo genera pérdidas económicas, sino también frustración, estrés laboral y sensación de incertidumbre en los equipos. Cuando el cambio es constante y no hay una visión clara, el impacto se siente en la motivación, la productividad y el bienestar de las personas. La pirámide digital: ordenar antes de acelerar Para que la tecnología sea una aliada y no una fuente de caos, es necesario respetar una lógica de evolución digital. Saltarse etapas puede ser tan perjudicial como no hacer nada. - Sistematización: antes de automatizar, hay que ordenar los procesos. Cuando el conocimiento depende de una sola persona, no hay organización, hay vulnerabilidad. - Digitalización: no se trata solo de acumular datos, sino de convertirlos en información útil para tomar decisiones. - Automatización: recién cuando los procesos están claros, la tecnología puede liberar a las personas de tareas repetitivas. Automatizar el desorden solo multiplica los errores. - Transformación digital: el último paso es reinventar el negocio, mejorar la experiencia del cliente y crear nuevas formas de trabajo. Este recorrido no es solo técnico. Es cultural. Implica cambiar la manera de pensar, de liderar y de relacionarse con el trabajo. Cuando se hace sin planificación, el impacto puede ser negativo para la salud organizacional. El nuevo liderazgo: tecnología con sentido humano El líder de hoy no necesita saber programar, pero sí comprender el impacto de la tecnología en la vida de las personas. Su rol ya no es delegar lo digital, sino diseñar una visión que combine innovación con bienestar. Leé también: Tecnologíia y bienestar: pueden las apps mejorar nuestra salud mental La tecnología bien utilizada no reemplaza a las personas: las libera. Reduce tareas mecánicas, mejora la comunicación y abre espacio para la creatividad, la estrategia y el pensamiento crítico. Pero cuando se aplica sin propósito, puede generar sobrecarga, presión constante y sensación de estar siempre corriendo detrás del cambio. Las empresas que logren integrar la potencia de la inteligencia artificial con el talento humano estarán mejor preparadas para el futuro. Las que sigan viendo la tecnología como un tema secundario quedarán rezagadas. La transformación digital no es solo una cuestión de software. Es una decisión sobre cómo queremos trabajar, liderar y cuidar a las personas en un mundo que ya no espera.
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