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» Clarin
Fecha: 10/02/2026 07:10
"Mi nombre de bautismo es Maria Belén Simmermacher", dice desde Lausana, Suiza, quien desde 2006, cuando inició el noviciado, se llama Maria Vergine dei Tramonti. Hace 25 años, quien ahora es una de las tres religiosas en la Residencia Universitaria Católica Foyer Bon Accueil, era una Leoncita en los inicios del milenio que marcó el exitoso despegue del seleccionado argentino femenino de hockey. Soledad García era la capitana de ese equipo que disputó el Mundial Junior Buenos Aires 2001, aunque casi no jugó: unas semanas antes, en la Copa América con la Mayor, se rompió los ligamentos cruzados de la rodilla derecha y retrasó su operación para estar en el equipo juvenil que también comandaba Sergio Vigil -en dupla con Ernesto Morlan-, y en el que Mariné Russo fue elegida la mejor jugadora; Claudia Burkart completaba ese trío de futuras Leonas Vintage. Para Cachito, Simmermacher era una gran promesa de buen juego, que apuntaló a las titulares, aunque estuviera fuera del campo. ¿Qué recuerdos te despierta aquel Mundial juvenil? -Fue una experiencia muy fuerte y muy linda de mi juventud. Tenía 17 años, estaba en el último año del colegio cuando fui convocada al seleccionado junior para jugar el Mundial Sub-21 de 2001, que se disputó en abril en Quilmes. Como equipo obtuvimos la medalla de plata, y para mí fue un momento de gran crecimiento humano y deportivo, compartiendo un nivel de exigencia muy alto y representando al país. ¿Qué significó para vos ser una Leoncita? -Ser parte del seleccionado junior fue un honor enorme. Había, además, algunas de las chicas que ya eran parte del seleccionado mayor, como Sole García, Mariné Ruso o Natalie Doreski, más grandes que yo, pero eran ya de mucha experiencia y modelos a seguir. Más allá de jugar o no todos los partidos, significó aprender a trabajar en equipo, sostener al grupo desde el lugar que a cada una le tocaba. Vestir la camiseta argentina fue una experiencia que marcó mi vida, creo que para todos los argentinos es un honor, lo sentimos de un modo especial. ¿Mantuviste contacto con alguna jugadora? -Al inicio sí, mantuvimos contacto. Pero con el paso del tiempo, la vida misma y especialmente la vida misionera lejos del país, ese vínculo fue quedando más distante. Las recuerdo muy bien y, por supuesto, rezo por ellas, pero hoy no mantengo contacto Recuerdo una vez cuando las Leonas vinieron a jugar unos amistosos en Roma. Pedí permiso a mis superiores para ir a ver el partido y pude saludar al entrenador que conocía, Gabi Minadeo, en ese momento. Pero las jugadoras de mi época ya no estaban. Por supuesto, sigo los resultados de la Pro League, del Mundial y de las otras competencias internacionales por los medios, aunque ya no conozca a las jugadoras, pues ha habido un recambio generacional. Sin embargo, sigo amando el hockey y estoy al tanto de los resultados. Además, mis sobrinas son fanáticas del hockey, así que tengo que estar actualizada. Después de ese Mundial, seguiste en la Mayor, participaste de torneos internacionales y tu futuro podría haber seguido en el alto rendimiento. ¿En qué momento te alejaste del hockey y decidiste no seguir ese camino como deportista? -A fines de 2005 dejé voluntariamente el seleccionado y el hockey en el San Isidro Club. Fue una decisión ligada al proceso de discernimiento vocacional que estaba viviendo. Habiendo terminado la Licenciatura en Economía en la UCA, estando trabajando y jugando en el SIC y en el seleccionado, he visto muy claro que Dios quería otra cosa para mí, que me llamaba a dejar todas las cosas del mundo, para corresponder al llamado de amor y dilección que Él hace a las almas consagradas y que tiene pensado desde toda la eternidad. Para cada uno hay una vocación, al matrimonio, a la vida consagrada y, según ese camino, Dios nos prepara para la vida eterna, es algo misterioso que solo vamos a entender en el Cielo. En ese momento vi con claridad que Dios me llamaba a la vida religiosa en el Instituto Servidoras del Señor y de la Virgen de Matara, al cual pertenezco hace 20 años. ¿Tu interés por la vida religiosa comenzó en la UCA o más adelante? -Surgió más adelante, aunque por mi familia hemos tenido la gracia de siempre practicar nuestra fe, participar de la santa misa en familia, y realizar peregrinaciones. Recuerdo que todos los años esperábamos con ansias junto a mis hermanos las cabalgatas a caballo desde Luján a San Nicolás con la Virgen de Luján, patrona de la Argentina. ¿Cómo era tu vida antes del noviciado? -Durante la universidad llevaba una vida normal: estudiaba, trabajaba, jugaba al hockey en la primera división, entrenaba a las divisiones más chicas del SIC y estaba en el seleccionado. El proceso vocacional comenzó después de recibirme, especialmente a partir de encuentros concretos con la vida religiosa. Conocí a las hermanas en Bariloche la primera vez en el verano de 2004, ¡y me invitaron a escalar una montaña! Durante el verano solemos hacer un tiempo de convivencia, en el sur de la Argentina o donde sea posible Me llamó la atención el modo de vida, la sencillez y el espíritu de sacrificio y pobreza unido al clima de alegría. En 2006 entraste al noviciado: ¿Cómo fue ese momento? ¿Sentiste un llamado? -Sí, fue un momento muy claro de llamado. Después de un tiempo de discernimiento, de conocer a las hermanas, participar en convivencias, visitar una casa de misericordia y hacer los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, que es un retiro en silencio para los laicos, adultos, religiosos, llegó un punto en el que interiormente no podía dudar: quería dar toda mi vida a Jesucristo. Fue una gracia muy fuerte y muy concreta que aún hoy recuerdo. ¿Qué sentiste? -Es como cuando uno se enamora y luego se casa Es para siempre Momentos difíciles los hay, pero Dios da la gracia y nos ayuda. Y lo que es más cierto todavía es que cuando nos decidimos a darle todo, no nos pide nunca cosas más grandes de las que podemos hacer, no nos pide cosas imposibles, aunque sí difíciles, heroicas, cosas altas. El llamado de Jesucristo es a cargar la cruz (lc. 9,23) y a seguirlo El llamado a la santidad es algo para todos los cristianos, cada uno según su vocación. Pero a algunos los elige de un modo especial, que mediante los votos se obligan libremente a llevar una vida de mayor perfección, viviendo castos, pobres y obedientes, practicando las virtudes y buscando en todo momento la perfección de la caridad. Una vida de misionera Nacida el 4 de octubre de 1982, mientras fue María Belén Simmermacher, combinó el hockey con sus estudios y sus trabajos como Asistente de Contabilidad Administrativa en Pitey S.A., una empresa de biodiesel, entre 2001 y 2004 y como pasante de asistente de finanzas en una empresa de informática en 2005. Pero a los 23 años entró al noviciado de las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará y, después de un año, el 19 de marzo de 2007, tomó sus primeros votos religiosos. Su profesión perpetua llegó el 19 de marzo de 2013; tenía apenas 30. Según relata, más allá de las dificultades que una decisión de este tipo puede implicar en un primer momento", siempre se sintió muy acompañada por su familia. "Finalmente, es siempre una alegría que Dios bendiga las familias con un hijo religioso A veces suena un poco 'chocante' en nuestra sociedad Pero si lo miramos con fe, dejando de lado lo sentimental, entendemos que es una de los regalos más grandes que Dios puede hacer a una familia. Nosotros somos 39 primos, 4 religiosos y dos de ellos son sacerdotes". "Es gracioso a veces escuchar personas que se sorprenden y dicen: '¿Fulanita entró al convento? No puede ser'. Es así, es un misterio de amor de Dios. Pero, uno se da cuenta de las pequeñas cosas que providencialmente suceden en la vida de cada uno, van marcando ese camino y preparando esa vocación, como por ejemplo la familia, la educación, los sucesos a veces fuertes de conversión, o simplemente un amigo, un buen ejemplo de una hermana, o el color del hábito, o una búsqueda por internet En fin, son muchas las historias", agrega. ¿Por qué María Vergine dei Tramonti? -Cuando recibimos el santo hábito religioso, durante el tiempo del noviciado (primer año de la vida religiosa), también cambiamos nuestro nombre como un modo de ocultarnos al mundo y consagrarnos a Dios. Todas llevamos el nombre de María y luego un título o advocación de la Virgen. El fresco Madonna dei Tramonti se encuentra en Asís, Italia, más precisamente en la Basílica de San Francisco, mi patrono y protector pues he nacido en el día de su fiesta, 4 de octubre. Está sobre una de las paredes de la Basílica Inferior, cerca de la tumba del santo, y se ilumina a la hora del atardecer. En la imagen vemos cómo el niño parece preguntarle a la Virgen María quién de los dos personajes la amó más y resulta que indica con el pulgar a San Francisco; del otro lado se encuentra el discípulo amado, San Juan Evangelista. ¿Cómo fue la decisión de irte primero a Italia, donde estudiaste Derecho Canónico y también fuiste Maestra de Novicias en el Noviciado Madonna di Loreto? -Estuve cinco años en las casas de formación en San Rafael, Mendoza, donde nació nuestra congregación. Luego, mis superiores me enviaron a continuar y completar mi formación en Italia. En nuestra forma de vida religiosa, los superiores nos proponen una misión y nosotras la aceptamos libremente. En Italia terminé mis estudios en Filosofía y Teología y recibí también el encargo de ser Maestra de Novicias en el noviciado internacional Madonna di Loreto. Más adelante, por pedido de mis superiores, estudié el bachillerato en Filosofía en la Universidad Urbaniana, y luego realicé la Licencia en Derecho Canónico y el doctorado, que concluí en 2019. Desde 2020 sos misionera en Suiza, ¿cómo es ese rol? ¿De qué se trata el Foyer Bon Accueil? -En 2020, en pleno contexto de COVID, mis superiores me propusieron venir a comenzar con nuestra primera comunidad en Suiza. Fue un gran desafío la inculturación en un nuevo país, pero también una experiencia misionera con muchos frutos. Acepté con gran alegría ser la Directora de la residencia universitaria donde vivo (@foyerbonaccueil) desde hace seis años. Actualmente somos 3 religiosas y 22 jóvenes universitarias en nuestra residencia en Lausana, ciudad que se caracteriza por ser centro universitario. Además, realizamos otros apostolados con familias y con niños. En contextos particulares como el de Suiza y, en general, el de Europa, el anuncio de Jesucristo resulta hoy especialmente necesario. Aunque muchas veces no se manifieste de manera explícita, existe una profunda sed de Dios y una apertura silenciosa a la presencia y al testimonio de la vida religiosa. La misión es una aventura, ¡vale la pena! Id a todo el mundo, anunciad el evangelio! (mc 16,15). Sobre la firma Newsletter Clarín
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