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  • Peleó dos años en Ucrania y volvió al país para reclutar soldados: Les pido que vuelvan, aunque sea en pedazos

    » TN

    Fecha: 10/02/2026 05:39

    Fabián Gringo Castro tiene 46 años, es cordobés y militar retirado del Ejército Argentino. Desde comienzos de 2023 combate como voluntario en las fuerzas armadas de Ucrania y, desde hace un tiempo, cumple además un rol clave y contradictorio: actúa como nexo para el reclutamiento de nuevos soldados argentinos, pero al mismo tiempo intenta disuadirlos. Yo siempre les digo que no vayan, resume, con crudeza. Castro llegó a Ucrania tras una trayectoria extensa en el ámbito militar. Sirvió durante 11 años en el Ejército Argentino, donde alcanzó el grado de suboficial y se desempeñó como tanquista. Con el paso del tiempo, se alejó de la carrera militar, se volcó al sector privado en Córdoba y se formó como licenciado en logística. Sin embargo, según cuenta, el vínculo con la vida castrense nunca se cortó del todo. Un militar siempre sigue siendo militar, dice a TN. Leé también: Morir en guerra ajena: el documental de TN que muestra la vida de los argentinos que combaten en Ucrania El estallido de la guerra en Europa del Este lo encontró siguiendo el conflicto a distancia. Al principio, admite, su conocimiento era limitado. Sabía que había una invasión de Rusia a un país europeo que se llamaba Ucrania, pero no mucho más, recuerda. El dato que lo empujó a tomar una decisión fue enterarse de que ya había argentinos combatiendo en el frente. Ahí dije: Tengo que ayudar allá. Es mi vida, eso es lo que me gusta hacer, relata. Tras contactar a la embajada ucraniana en la Argentina y atravesar un proceso largo y complejo, Castro llegó al país en guerra. Dejó en Córdoba a su esposa y se incorporó formalmente al combate en la brigada 47. Según su propio testimonio, comenzó a luchar en octubre, participando en operaciones de asalto en zonas de extrema dureza. Perdí muchos compañeros, salí herido varias veces, pero nunca me rendí, afirma. Leé también: El dramático relato de un argentino que combate para Ucrania y sobrevivió a un poderoso ataque ruso con drones Una de las experiencias más traumáticas que atravesó ocurrió en Járkiv, donde un bombardeo destruyó un cuartel y provocó la muerte de decenas de militares. Castro fue testigo directo de las consecuencias del ataque. Vi cuerpos destrozados, heridos sufriendo, señala. Desde entonces, remarca, la sensación constante es la escasez de personal en el frente. Tenemos muchas balas y poca gente, resume. Ese contexto explica su rol actual. La brigada para la que combate le consultó si conocía argentinos dispuestos a viajar. Castro aceptó oficiar de intermediario entre quienes quieren alistarse y el gobierno ucraniano, que se hace cargo de los pasajes y del proceso de incorporación. El contrato, detalla, es por tres años, con la posibilidad de rescindirlo a los seis meses. El entrenamiento dura entre 25 y 35 días y el salario ronda los 2800 dólares mensuales. Pero lejos de promover una visión épica o económica de la guerra, Castro insiste en marcar los riesgos. Esto no es Disney. Es una guerra, advierte. A quienes lo contactan les pide que lo piensen, que lo hablen con la familia y que estén dispuestos a dar marcha atrás incluso a último momento. Prefiero que se arrepientan acá y no que lleguen allá y, al primer dron, se quieran volver, explica. Su advertencia no es teórica. La guerra actual, sostiene, combina elementos de todos los conflictos anteriores: trincheras, tanques, drones, inteligencia y nuevas tecnologías. Nadie en Latinoamérica está preparado para sentir un dron, afirma. Y sintetiza la lógica brutal del frente: Si no matás, te matan. Leé también: La advertencia del presidente de Cuba por el desabastecimiento de combustible: Viviremos tiempos difíciles El alto costo humano quedó expuesto otra vez en las últimas horas con la muerte de Cristian Airala, un argentino de 27 años nacido en Puerto Iguazú, que murió durante un ataque ruso con drones y misiles en la región de Járkiv. Airala, conocido por el alias Machete, integraba una unidad de asalto y tenía experiencia previa en el Ejército Argentino. En el mismo episodio murieron dos combatientes colombianos. No fue un hecho aislado. Desde el inicio de la invasión rusa a gran escala, varios argentinos murieron en el frente ucraniano, muchos de ellos en misiones de asalto en zonas de contacto directo con las fuerzas rusas. Las bajas se repiten en escenarios donde los ataques con drones y misiles son una constante y donde, según los propios combatientes, los enfrentamientos llegan al cuerpo a cuerpo. Leé también: En la Rusia de Putin, hacer chistes sobre la guerra en Ucrania o sobre religión te puede llevar a la cárcel Castro no esquiva esa realidad. Habla también del seguro de vida (400 mil dólares par ala familia), de los trámites posteriores y de la posibilidad concreta de no volver entero. Lo más factible es que alguno vuelva con un ojo menos, una pierna menos o varios dedos menos, como yo, dice. Aun así, su deseo es claro: Yo quiero que vuelvan todos. Aunque sea en pedazos, pero que vuelvan. Porque la familia los está esperando. Desde el frente, su mensaje combina compromiso y advertencia. Recluta, pero desalienta. Convoca, pero insiste en que nadie se imagina lo que es la guerra hasta que la vive. Y repite, como una forma de protección mínima, la frase que da sentido a su rol actual: Les digo que no vayan.

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