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» La Nacion
Fecha: 10/02/2026 01:09
En algo que la mayoría de los amantes de los autos coincide es en que sería un gran acierto que la imagen de los prototipos se respete lo máximo posible al momento de pasar a ser un vehículo de serie. Diseños jugados, llamativos, con un estilo único y una personalidad arrolladora, ¡qué lindo sería verlos tal cual o con cambios mínimos en el showroom de un concesionario! El choque entre los sueños y la realidad se da al hacer los números para que el proyecto sea sustentable en términos económicos. Lo cierto es que, en la mayoría de los casos las cuentas no dan, porque una cosa es hacer una pieza única para demostrar el rumbo de pensamiento de diseñadores e ingenieros y otra muy distinta es cuán posible es al meterlo en la línea de producción y con una ecuación lógica, lo que hoy se conoce como sostenible o sustentable. También vale aclarar que varios prototipos a lo largo de la historia han irrumpido en escena únicamente con el fin de mostrar un ejercicio de diseño o una tecnología en particular y sin intenciones de pasar a una fábrica. De esos proyectos inconclusos hay cientos de ejemplos, de los que se conocen y de los que no pasaron del anonimato. Muchos de ellos no lograron pasar de una presentación en un Salón del Automóvil y de otros tantos, las causas que los llevaron al abandono se mantienen en el anonimato. Quizás las razones reales nunca salgan a la luz, pero bien vale la pena revisar y conocer estos ejercicios de estilo, tecnología y mecánica que quedaron en una promesa perdiéndose en la noche de los tiempos. Renault Racoon Concept (1993) Se presentó en el Salón de Ginebra de ese año y se constituyó como uno de los destacados de una era dominada por los prototipos osados y de ensueños, que caracterizó a las décadas de 80 y 90. Algunos fueron bastante más racionales con la intención de pasar a ser de serie como lo hizo el Opel G90 que derivó en el Meriva. Sin embargo, era bastante complejo llevar a producción un vehículo como el simpático y lunar Racoon, cuyo nombre en francés significa mapache. El porqué de su bautismo está relacionado con la habilidad de este mamífero para subir y bajar desde donde esté, algo que el futurista vehículo aspiraba a lograr en cierto modo mediante un sistema hidráulico que permitía elevar la carrocería, con el fin de poder transitar por todo tipo de terrenos. Este tipo de prototipos sirvieron como cimientos del segmento de los SUVs compactos. Montaba un motor V6 de 3.0 litros con dos turbocompresores, que desarrollaba 262 CV. También tenía cualidades anfibias, ya que, gracias a dos turbinas, podía navegar en aguas calmadas a una velocidad máxima de 5 nudos, el equivalente a unos 9 km/h. Tenía solamente una puerta, que basculaba hacia adelante para permitir el acceso al habitáculo de tres asientos, dispuestos en formato 2+1. El interior era muy minimalista y tecnológicamente vanguardista, ya que disponía de un Head-up Display (sistema que proyecta datos del instrumental en el parabrisas), un sistema de geolocalización, un teléfono y una cámara infrarroja para moverse en la oscuridad. No tenía limpiaparabrisas, ya que un sistema de ultrasonidos se encargaba de retirar el agua del vidrio. Su no llegada a la línea de producción podría deberse a la complejidad tecnológica, ya que incorporaba avances demasiado sofisticados para su época; su estética exageradamente audaz y futurista y el costo de fabricación. Por todo esto también es válido el argumento que indica que el foco de la marca francesa estuvo más bien puesto en la exploración e inspiración de nuevas ideas, para abrir camino a futuros desarrollos. Ferrari Modulo (1970) Su debut se produjo en el salón de Ginebra de 1970. Apareció con el objetivo de convertirse en un modelo futurista, una inquietud que durante los 70 y 80 se daba bastante entre los fabricantes. Se trató de una obra de Pininfarina que, aún hoy, se ve absolutamente revolucionaria. Un tal Paolo Martin (responsable del Peugeot 104 y del Rolls-Royce Camargue) fue el encargado de las líneas del concept basado en el 512 S de competición. Buena aerodinámica (incluso con las cuatro ruedas parcialmente carenadas) y centro de gravedad bajo. Medía 93,5 cm de alto, 4,5 m de largo, y 2 m de ancho. Pesaba apenas 900 kilos. Detrás del habitáculo, la carrocería tenía 24 orificios de ventilación que representaban los 12 cilindros en V del motor, que era un 5.0 litros de 558 CV, asociado a una caja manual de cinco marchas. Podía alcanzar una velocidad de 354 km/h y pasar de 0 a 100km/h en 3,1 segundos. El conductor y el pasajero tenían a su lado dos esferas que servían como control multifunción y salida de ventilación. Este Ferrari obtuvo unos 20 premios de diseño gracias a su aspecto innovador. James Glickenhaus, famoso director estadounidense, empresario y diseñador de autos adquirió el vehículo en 2014 para ponerse de inmediato -junto a un equipo de expertos- a restaurarlo y acomodarlo como para que pueda transitar y lucir lo más fidedignamente posible a su punto de partida. Le tomó varios años de trabajo y, una vez en circulación, participó de una de las ediciones del Concorso dEleganza Villa dEste, en Italia. En ese exclusivo evento, ocurrió un desgraciado suceso: se incendió parte del sector trasero por un defecto en el silenciador del escape. Los daños fueron considerables, aunque no avanzó hacia otra parte de la carrocería. Luego volvió a hacer un par de apariciones. No llegó a producción, pero sí se sumó a la larga y exquisita lista de maravillas creadas por la dupla Pininfarina- Ferrari. Lancia Stratos Zero (1970) Este italiano de pura cepa se presentó en el Salón de Turín de 1970. Se llegó a decir por entonces que definitivamente encarnaba al auto del futuro. No fue tan así, pero lo cierto es que con su extravagante silueta pasó a formar parte de la historia del automóvil. Así tal cual no llegó a salir de fábrica, pero sí inspiró al Stratos que la marca lanzó más tarde. Medía 3,8 m de largo y apenas 84 cm de alto, ostentando así el título temporario de ser el auto con techo más bajo del mundo. De hecho, Nuccio Bertone contaba que cuando presentó el auto a Lancia pasó por debajo de las barreras de seguridad del edificio de la compañía. El diseñador fue Marcello Gandini, que ideó un sistema de acceso porque no tenía espacio para puertas convencionales. De este modo, se podía pasar al habitáculo a través del parabrisas, que se abría por completo. Además, el volante se reclinaba totalmente para poder permitir el paso del conductor y volver a su lugar una vez ya en posición de manejo. El motor estaba colocado en la parte trasera: un V4 de 1.6 litros de 115 CV. Ese propulsor derivaba del Lancia Fulvia y aunque parecía poca potencia, era suficiente para mover con comodidad los 700 kilos que pesaba en total. Claro, la carrocería de fibra de vidrio estaba al servicio de la eficiencia y la aerodinámica. Sólo se hizo una unidad, que durante muchos años estuvo en la colección particular de Bertone, hasta que la quiebra de la compañía obligó a subastar ésta y otras joyas de la casa italiana. El trabajo del carrocero italiano es tan importante como el de Giugiaro o el de Pininfarina, pero fue Bertone el estudio que sentaría bases más jugadas. Fue elegido por Michael Jackson para la película Moonwalker de 1988 y protagoniza la icónica escena Smooth Criminal para un inolvidable escape. Volkswagen y Porsche Tapiro Concept (1970) A finales de los 60, Porsche y Volkswagen unieron fuerzas para crear un nuevo vehículo deportivo que inyectara aire fresco a sus gamas. Porsche estaba viendo como su modelo 912 finalizaba su vida comercial y Volkswagen necesitaba un sustituto para su Karmann Ghía y así nació el 914. Por otro lado, hacía poco que Giugiaro había creado Italdesign y fue llamado para esta misión. Es así que irrumpe el Tapiro, que recibió ese nombre por su presunta similitud con el tapir, mamífero cuya nariz es alargada, o bien casi como una trompa corta. El diseño del concept marcó una disrupción respecto a los modelos habituales para aquella época. Fue uno de los pioneros de las futuras y agresivas formas que caracterizaron los 70 y 80. Estaba dotado de un motor trasero de 2.4 que entregaba 220 CV, asociado a una caja manual de 4 marchas. Llamó la atención por la gran superficie acristalada, las puertas en ala de gaviota al igual que las tapas de protección del motor, acristaladas también, y que abrían en el mismo sistema de alas. Fue presentado en el Salón de Turín de 1970. Siguió su gira de exhibición hasta que luego del autoshow de Barcelona en 1973, lo compró un empresario español (en realidad sería el compositor argentino Waldo de los Ríos, radicado en el viejo continente) que lo usaría como auto para todos los días. Durante un viaje a Madrid el auto se incendió, quedando su parte posterior bastante dañada. Al parecer, los carburadores Weber triples tenían una falla en los flotadores y solían desbordarse. Así habría llegado a la alguna parte de la instalación eléctrica provocando el desgraciado suceso. En 1977, tras la muerte del dueño, el auto quedó abandonado en un cobertizo durante 20 años, hasta que un coleccionista lo redescubrió. Tras ese hallazgo, Italdesign lo recuperó y lo expuso en su museo de Moncalieri, conservándolo en el estado en que fue encontrado. Y aunque bastante se ha hablado de su restauración, Giugiaro decidió dejarlo tal cual, sin retocarlo. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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