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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 10/02/2026 00:16
La Iglesia Católica, a través de un comunicado firmado por Cáritas Nacional y las Comisiones Episcopales de Pastoral Carcelaria y Social, volvió a cuestionar el Régimen Penal Juvenil de cara a su tratamiento en el Congreso. Bajar la edad no baja el delito. Más educación, más oportunidades, más esperanza, indicaron. En una carta abierta dirigida a los legisladores nacionales, afrimaron: La reducción de la edad de imputabilidad constituye un retroceso en materia de derechos humanos y, por lo tanto, una medida regresiva e inconstitucional. A su vez, advierten que esta reforma habilita la intervención penal y la privación de libertad de niñas, niños y adolescentes que no han alcanzado la edad legal, tratándolos como punibles, sin garantizar un debido proceso adecuado, bajo supuestos criterios educativos o curativos, e incluso permitiendo internaciones de carácter indefinido. Introduce un alto grado de arbitrariedad al combinar criterios de salud mental con pronósticos criminológicos que no cuentan con sustento científico, contunió la Iglesia con sus cuestionamientos respecto del proyecto impulsado desde el Gobierno. En ese sentido, plantearon que tampoco garantiza que haya un descenso en la cifra de criminalidad en menores, puesto que solo habilita la aplicación de reglas del derecho penal adulto y permite el alojamiento en cárceles o dependencias de fuerzas de seguridad, pero no asegura defensa técnica especializada. La carta denuncia que la iniciativa prevé penas desproporcionadas para adolescentes, sin una diferenciación razonable respecto de los adultos ni entre delitos leves y graves, ni entre adolescentes de distintas edades, lo que contradice los principios de proporcionalidad, excepcionalidad y progresividad. Apuntaron que la propuesta no se corresponde con un aumento de los delitos juveniles: Los datos disponibles muestran que la participación de adolescentes de entre 12 y 17 años en procesos penales es muy baja: apenas el 0,42 %. Además, la mayoría de los delitos cometidos por este grupo etario alrededor del 80 % son contra la propiedad, principalmente robos, mientras que los delitos graves, como los homicidios, resultan excepcionales. En el plano ético y social, la Iglesia sostuvo: En un mundo atravesado por el avance de la cultura del descarte, sostenemos que los adolescentes y jóvenes no son una amenaza, sino presente y esperanza; protagonistas indispensables de una transformación profunda. Por esto mismo, expresaron su dolor por la creciente tendencia a perseguir y hostigar a quienes son más frágiles y vulnerables y afirmaron que la propuesta de bajar la edad de imputabilidad penal instala en el imaginario colectivo la idea de que niños y adolescentes son peligrosos. Mientras tanto, plantearon que los verdaderos peligros para las zonas más vulnerables, como el avance del narcotráfico y la criminalidad continúan funcionando con altos niveles de impunidad. De esta manera, evocaron al Papa Francisco al decir: Los Estados deben abstenerse de castigar penalmente a los niños que aún no han completado su desarrollo hacia la madurez, y por tal motivo no pueden ser imputables. Ellos, en cambio, deben ser los destinatarios de todos los privilegios que el Estado puede ofrecer, tanto en lo que se refiere a políticas de inclusión como a prácticas orientadas a hacer crecer en ellos el respeto por la vida y por los derechos de los demás. De igual forma, aclararon que, como la mayoría de los argentinos, están convencidos de que es necesario avanzar en una reforma del Régimen Penal Juvenil y reconocieron que existe un vacío legal que perjudica a muchos niños y adolescentes. Sin embargo, aclararon que la baja de la edad de imputabilidad no resuelve el problema: lo desplaza, lo endurece y lo profundiza. "La realidad nos coloca ante una disyuntiva decisiva: o profundizamos la cultura del descarte, o asumimos el desafío de construir un entramado social que cuide, incluya y repare, dijeron en su mensaje. Como alternativa, la Iglesia y las organizaciones que la acompañan proponen un enfoque preventivo. Así, propuesieron: La intervención penal debe ser la última respuesta para promover la protección integral de la niñez. Para los menores de dieciséis años, sugirieron un abordaje en manos de los Juzgados de Familia y de todo el Sistema de Protección y Promoción de Derechos y no del sistema penal y recomendaron políticas públicas direccionadas a tratar cuestiones de salud mental y adicciones, al tiempo de reforzar el acompañamiento familiar y comunitario. Mientras tanto, para los adolescentes mayores de dieciséis años que cometan delitos graves, la aplicación de justicia restaurativa, que ha demostrado reducir la reincidencia a niveles cercanos al 0 %. Las palabras de la Iglesia se dan luego de que el Gobierno haya incluido los cambios en el Régimen Penal Juvenil en el temario de las sesiones extraordinarias. De hecho, hace tan solo una semana, la Conferencia Espiscopal Argentina expresó sus dudas respecto al proyecto. El documento, titulado Más oportunidades que penas, cita interrogantes planteados en marzo de 2025 por la Pastoral Social de la misma Conferencia, entre ellos: ¿Dónde van a recluir a los menores si se concreta la baja de la edad de imputabilidad? y ¿Qué alternativas reales existen para educarlos y reinsertarlos socialmente? Asimismo, se pregunta por las condiciones y los dispositivos disponibles en las provincias para alojar a adolescentes y jóvenes que delinquen, así como por la efectividad de las instituciones penitenciarias para abordar el problema. La Conferencia Episcopal reafirmó la convicción de que es imprescindible un régimen penal juvenil y adolescente que tenga una mirada humana, integral y abierta a la esperanza.
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