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  • Una serie de decisiones equivocadas y el amor de novela que terminó en tragedia: el vuelo fatal de John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette

    » La Nacion

    Fecha: 09/02/2026 15:28

    Una nueva miniserie, Love Story, tiene como protagonistas a la pareja que formaron John John Kennedy y Carolyn Bessette; la mirada del director Ryan Murphy se estrena el 12 de febrero - 14 minutos de lectura' La relación entre John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette fue un capítulo especial en la era feliz de Camelot. Para cuando se conocieron, el hijo del presidente John F. Kennedy era considerado el soltero más codiciado. Llegaba a la relación luego de sus aspiraciones como actor y de una relación intermitente con la actriz Daryl Hannah (ambas cosas que su madre, la mismísima Jackie Kennedy, le hizo desestimar) y la discreta Carolyn Bessette parecía ser perfecta para él. Se trataba de una socialité de Connecticut, independiente y muy segura de sí misma. Su historia de amor inspiró al productor Ryan Murphy quien esta semana estrena la miniserie Love Story: John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette, basada en el libro Once Upon a Time: The Captivating Life of Carolyn Bessette-Kennedy (Érase una vez: La cautivadora vida de Carolyn Bessette-Kennedy), de Elizabeth Beller. John la conoció en 1994. Carolyn era shopping consultant para Calvin Klein y sabía cómo manejar la presión y moverse entre las celebrities y la alta sociedad. Había labrado una carrera en la ciudad de Nueva York donde trabajaba mano a mano con Calvin Klein y lidiaba con megacampañas, con Kate Moss, el cantante Marky Mark (hoy se lo conoce como el actor Mark Wahlberg), las figuras más importantes del momento. Libre de un pasado escandaloso, parecía la pareja perfecta para John, considerado el príncipe de la realeza americana. Pero, tras la boda, el 21 de septiembre de 1996, Carolyn cayó en la realidad. Casarse con John John, como lo conocían, era casarse con los Kennedy, estar en el centro del escrutinio público y tener las veinticuatro horas a paparazzi en la puerta de su apartamento de Tribeca. Bessette no había calculado la dimensión de la atención que el hijo del presidente Kennedy generaba. Especialmente entonces, tras el lanzamiento de George, su revista política, que había alentado las expectativas por que siguiera los pasos de su familia en la política. En sus casi tres años como esposa de Kennedy Jr., Carolyn jamás dio una entrevista y eso generaba aún más interés. Cada detalle, movimiento o error quedaba al descubierto y esto generaba fricciones en la pareja. Carolyn se sentía prisionera. Acostumbrado a lidiar con esa atención toda su vida, John intentó suavizar la situación. Su ruego, Solo déjenla en paz. Denle espacio a Carolyn, se replicó en las tapas de los diarios. No era difícil que los paparazzi los pescaran discutiendo de manera explosiva, incluso en público. Ambos tenían carácter fuerte, declaró Marta Sgubin quien fuera niñera de John Kennedy Jr. y una de las personas de su confianza. La relacionista pública estaba acostumbrada a ser prioridad y no concebía sus desplantes. Tampoco planeaba hacer su carrera a un lado, ni siquiera por quien fuera señalado como El Hombre Más Sexy del Mundo por la revista People. Cuenta regresiva Pasaban por una de sus crisis para la fecha de la boda de Rory Kennedy, la prima de John. Estaba planeada para el domingo 17 de julio en el refugio familiar en Hyannis Port. Carolyn no deseaba asistir y tener que enfrentarse a su familia política y sonreír como si todo estuviera bien en Camelot, el universo ideal con el que Jackie Kennedy había descripto al clan Kennedy. El jueves 14 que John (38) y Carolyn (33) se reunieron, hacía un par de días que él había dejado el apartamento en Tribeca. Habían tenido una de sus peleas así que John John se estaba hospedando en el Stanhope Hotel, trabajando hasta altas horas de la noche. Intentaba evitar que su revista George se fuera a pique, estaba preocupado por la salud de su primo Anthony Radziwill -enfermo de cáncer- y, además, trataba de mantener su matrimonio a flote. Seis semanas atrás Kennedy había sufrido un accidente mientras practicaba parapente. Se había quebrado el tobillo, por lo que al entrar al bar del Stanhope aun se ayudaba con muletas. Allí, junto a su esposa, también encontró a su hermana, Lauren Bessette (35). La presencia de su cuñada era una señal de tregua. Carolyn se apoyaba mucho en su hermana y fue ella quien sugirió juntarse a tomar algo para limar asperezas. Pensaban que una escapada a Hyannis Port ayudaría a hacer las paces. La boda de Rory con el documentalista Mark Bailey sería la excusa del clan Kennedy para reunirse. Tras la muerte de Jackie Kennedy en 1994, a John esos encuentros le hacían sentir el apoyo de la familia. Especialmente si se trataba de su prima dado que Rory, como John, había crecido sin su padre. Era la doceava hija de Robert F. Kennedy y había nacido seis meses después de que lo asesinaran, en junio de 1968. El plan era que Carolyn lo acompañara a Hyannis Port, Massachusetts, y estuviera presente el fin de semana. Fue Lauren Bessette (hermana mayor de Carolyn, que además tenía una hermana melliza, Lisa) quien salió al rescate. Ella pasaría esos días con amigos en Marthas Vineyard por lo que decidieron que viajarían juntos y que los Kennedy harían una escala para dejarla allí antes de continuar al aeropuerto de Hyannis Port. Carolyn aceptó. Volarían al día siguiente. Pero antes, John necesitaba dejar sus negocios en orden. Hacía cinco años había lanzado George pero, aun cuando estaba al mando e incluso escribía, las cosas no estaban funcionando. Necesitaba remontarla y eso lo había tenido ansioso e irritado, había trabajado sin parar en el hotel para encontrar soluciones. A la mañana siguiente se reuniría con su publicista y debía presentarse ante los inversores. No pensaba claro. El ultimo día El viernes 16 de julio de 1999 John F. Kennedy Jr. no había descansado casi nada. Tenía un largo día por delante y además, debía apurarse: habían quedado en que volarían a las 17:30. John tenía su negocio en juego. Su meta, durante las reuniones de esa mañana, era lograr apoyo económico para George y presentar un tentador plan a los inversores. Ellos esperaban un mayor protagonismo de su parte, aunque él se negaba. No quería sacar ventaja de su apellido. Quedaron en replantear la propuesta, y conversar nuevamente al finalizar el día. Kennedy no podía dar un paso en falso. Se quedó en sus oficinas en Madison Avenue, en el centro de Manhattan aunque se mostró ansioso e irritable. La previa de su fatídico viaje, estuvo llena de distracciones. Frenético, rengueó de acá para allá, caminando con una férula y la ayuda de muletas. Solo un día antes le habían retirado el yeso de su tobillo izquierdo, el cual se había fracturado seis semanas antes en un accidente de parapente. A las 13 recibió un llamado del aeropuerto por los planes de salida de su avión, un Piper Saratoga ligero, y John que ya iba retrasado, encomendó que tuviera el combustible cargado. Minutos después, un piloto con el que solía viajar lo contactó para preguntarle si necesitaría un copiloto, pero Kennedy, a pesar de ser un piloto responsable, no tan experimentado y con una pierna aun en recuperación, se negó. Fue una jornada con una serie de decisiones equivocadas. El avión era ligero y pequeño, las hermanas viajarían en la segunda fila de asientos, justo detrás del piloto y la comunicación en el aire sería mediante intercomunicador. John John solo quería paz y un poco de intimidad tras aquellos últimos días incómodos y tirantes. Ansiaba aprovechar ese tiempo previo a Marthas Vineyard para conversar en privado con su esposa y su cuñada. Para las 16:30 John seguía en la oficina. El trayecto hacia el aeropuerto tomaba una hora así que, si quería viajar a Marthas Vineyard con luz de día, debía salir ya. Pero, a esa hora John le envió un mail a su amigo John Barlow. Era un mensaje de condolencias por la muerte de su madre, así de atento era. También llamó a Jack Kliger para pasar la reunión con las propuestas para la semana siguiente. Me llamó por las 16:30 para decirme que lo lamentaba, pero que tenía otras cosas de las que ocuparse ahora, y que debía salir para el aeropuerto esa noche. Me consultó si podíamos posponer la reunión para la semana siguiente y le dije que sí. Quedamos en vernos entonces, esa fue nuestra última conversación, relató. A las 17, llamó a Billy Noonan, uno de sus mejores amigos, para decirle que no llegaría a su celebración de aniversario. Planearon verse el fin de semana. John no viajaba solo en su Piper Saratoga desde que había tenido el accidente, seis semanas antes, pero como estuvo hasta último momento con el cierre de la revista George, no planificó bien su viaje. A las 18:30 John Kennedy Jr. revisó las condiciones del tiempo en su computadora, también la visibilidad, pero hubo fallas y detalles que no tomó en cuenta. Recién a las 18:40 dejó la oficina, dos horas más tarde de lo planeado. Con su bolso en mano, pasó a buscar a su cuñada, Lauren Bessette. John manejó su auto -según su cirujano ortopédico, Kennedy estaba en condiciones de conducir, aunque instructores de vuelo señalaron que aun necesitaba ayuda para maniobrar los pedales del timón-. Ya eran las 19:30, tampoco había calculado el tráfico de viernes en hora pico. Tenían 34 Kilómetros desde Manhattan hacia el Essex County Airport de Nueva Jersey. Ese retraso haría que las últimas horas de viaje fueran a oscuras. Pudo reprogramar el viaje, pero no. Carolyn había pasado la tarde de compras, buscando un vestido para lucir en la boda. Fiel a su estilo, decidió trasladarse por su cuenta hacia el aeropuerto, aunque ella también quedó atascada en el tráfico. Quería evitar el asedio periodístico y también que la dejaran plantada o esperando, algo habitual en John John. Acostumbrada a controlar y a planificar su vida, ese fin de semana Bessette quería reencauzar la relación. Sus choques se estaban haciendo habituales pero tenía claro que la espontaneidad y frescura de su marido también era lo que la tenían completamente enamorada. Llegaron a las 20:20 al aeropuerto del Condado de Essex en Nueva Jersey. Con tres horas de demora del plan inicial y media hora después del atardecer. John dejó a Lauren en la terminal, a la espera de Carolyn. Se mostraba relajado, aun con el retraso sufrido y la oscuridad que ya se había instalado. Varios pilotos con la misma ruta cancelaron sus planes, incluso uno que acababa de aterrizar intentó advertirle de la reducida visibilidad y del mal clima que se acercaba pero no llegó a cruzarlo, John estaba en la tienda, comprando snacks para el camino. Para un Kennedy, todo obstáculo era visto como un desafío. Y, desde la muerte de su madre, en mayo de 1994, a John John le gustaba arriesgarse y vivir al filo. Confiaba en que podría hacerlo, se sentía bien aun con su tobillo lastimado, estaba tomando pastillas para el dolor. Para entonces, el plan original de hacer el viaje con luz de día había cambiado. Despegar a esa hora haría que la mayor parte del viaje sobre el océano Atlántico fuera a oscuras e investigaciones posteriores señalaron que John Kennedy Jr. no estaba capacitado aun para volar solo con instrumentos. La libertad de volar Uno de los deseos de Jackie O. antes de morir era que John John no siguiera con sus clases de vuelo. Quizá recordaba la tragedia de la muerte de su hijastro Alexander, el hijo de su marido Aristóteles Onassis, fallecido en un accidente de aviación en 1973. Pero a John John el volar le daba libertad y una privacidad que no lograba tener en tierra. Tres meses atrás se había comprado el Piper Saratoga II HP. El N9253N estaba equipado con una hélice simple de tres palas Hartzell y era impulsado por un motor Lycoming IO-540-K1G5. Para la hora que llegaron al aeropuerto, solo les quedaba una hora de luz solar. John contactó al control de tráfico y pilotos experimentados le comentaron sobre condiciones de bruma, que en verano, podían ser engañosas. A las 20.39 fue el despegue, les tocaría viajar a ciegas. Un piloto experimentado podría navegar basado en sus instrumentos, pero John F. Kennedy Jr. no lo era. Tan tarde salieron que incluso los amigps de Lauren Bessette habían llegado al aeropuerto de Marthas Vineyard a buscarla. Pero John no había dejado el plan de vuelo (se suele hacer eso de manera que en el destino sepan de su llegada) de manera que nadie pudo informarlos sobre su posible aterrizaje. En menos de una hora los tres se quedarían sin luz solar y eso causaría el accidente. Esa noche la luna proporcionaba muy poca iluminación y la neblina lo tapaba todo. A 10 de su despegue, el Piper Saratoga de Kennedy voló tan cerca de un vuelo comercial de American Airlines que iba rumbo al aeropuerto de Westchester que activó su sistema de alerta de colisión. Eran las 21:39, estaban a solo 20 de llegar a su destino. No se veía nada, pero comenzaron a descender. Tras pasar Point Judith, Rhode Island, John pudo seguir guiándose por las luces de la costa (un tramo que le tomaría cinco minutos) o bien dejar las referencias visuales y cruzar directo desde tierra sobre el océano en la más completa oscuridad hacia la pista de aterrizaje en Marthas Vineyard. Esa elección, más rápida, fue la que les costó la vida. Desorientado, Kennedy buscó luces o referencias, eran las 21:40 y llevaba dos mujeres nerviosas atrás. En su libro Ask Not: The Kennedys and the Women They Destroyed, la autora Maureen aseguró que Carolyn no confiaba en las habilidades de su marido en la aviación. Que no se tomaba en serio su formación, no había acumulado suficientes horas de vuelo en solitario y que incumplía las normas. El piloto no se guio por los instrumentos y tampoco conocía tanto este nuevo aparato. Los datos del radar mostraron que el avión comenzó a descender rápidamente y que no hubo llamada de emergencia. El avión se estrelló contra el mar. En el Océano Atlántico, a unos once kilómetros al Oeste de Marthas Vineyard. La tragedia de los Kennedy, otra vez En Manhattan, RoseMarie Terenzio, la asistente de confianza y amiga íntima de los Kennedy, se había quedado en el apartamento de Tribeca. No tenía aire acondicionado en casa. Entre las 21:30 y las 22 atendió una llamada telefónica. Solo tres o cuatro personas tenían ese número. Era Carole (Radziwill, la esposa de Anthony), me dijo: Gracias a Dios que estás ahí. Le pregunté: ¿Carole? Soy Rose. Me preguntó: ¿Dónde están? No aterrizaron en Vineyard. Nadie sabía dónde estaba John. Terenzio intentó saber qué pasaba, llamó a Ann Messina Freeman, la madre de Carolyn y Lauren. Conmocionada, la mujer balbuceó: Le dije que nunca llevara a dos de mis hijas a la vez. Comenzaron a alertar al resto. A las 2:15 del 17 de julio la familia Kennedy reportó a la Guardia Costera que el avión no había llegado. En Marthas Vineyard comenzó la búsqueda y, la carpa, planeada para la boda, de pronto se convirtió en centro de la búsqueda. Anthony Radziwill declaró que si Kennedy seguía vivo, encontraría la manera de escapar. Tiene la voluntad de sobrevivir, suficiente para los tres. Sin embargo comenzaron a dar con restos, fragmentos del fuselaje de la avioneta. Pocas esperanzas. El presidente Bill Clinton encomendó a la Marina buscarlos. Sus cuerpos fueron encontrados el 21 de julio a 37 metros de profundidad y a solo 11 kilómetros y medio de la costa de Marthas Vineyard. Las hermanas juntas cerca del fuselaje y el cuerpo de John Kennedy Jr. aun sujeto a su asiento. Habían fallecido con el impacto. Según la biografía JFK Jr.: An Intimate Oral Biography de RoseMarie Terenzio y Liz McNeil, la investigación oficial determinó que las causas probables del accidente fueron la desorientación espacial del piloto, agravada por la bruma y la oscuridad de la noche. El 22 de julio de 1999 y ante 15 miembros de la familia, los cuerpos de John F. Kennedy Jr. y de su esposa, Carolyn Bessette fueron despedidos desde el destructor de la Marina Estadounidense USS Briscoe y sus cenizas fueron arrojadas al mar cerca de Marthas Vineyard. La historia de amor acababa de convertirse en leyenda. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite

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