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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 09/02/2026 14:29
Las estatinas forman parte de la vida cotidiana de millones de personas en todo el mundo. Estos medicamentos, indicados para reducir el colesterol LDL conocido como malo, ocupan un lugar central en la prevención de infartos y accidentes cerebrovasculares. Sin embargo, durante años, su uso estuvo rodeado de dudas, advertencias y temores vinculados a posibles efectos secundarios que van desde la pérdida de memoria hasta la depresión o la disfunción sexual. Un nuevo estudio internacional, basado en la evidencia clínica más sólida disponible, cuestiona de manera directa muchas de esas creencias. La investigación, liderada por científicos de la Universidad de Oxford y financiada por la Fundación Británica del Corazón, analizó datos de ensayos clínicos aleatorizados y doble ciego que incluyeron a más de 120.000 personas. Los resultados, publicados en la revista The Lancet, muestran que las estatinas son mucho más seguras de lo que sugieren sus prospectos y que la mayoría de los efectos adversos atribuidos al tratamiento no guardan una relación causal con estos fármacos. Las conclusiones llegan en un contexto de fuerte impacto sanitario. Las enfermedades cardiovasculares representan una de las principales causas de muerte a nivel global y constituyen un problema persistente incluso en países con sistemas de salud desarrollados. A pesar de la evidencia acumulada sobre la eficacia de las estatinas, muchas personas abandonaron el tratamiento o evitaron iniciarlo por miedo a sus supuestos efectos secundarios. El nuevo análisis busca corregir esa percepción con datos de alta calidad científica. Las enfermedades cardiovasculares causan alrededor de 20 millones de muertes en todo el mundo y causan aproximadamente una cuarta parte de todas las muertes en el Reino Unido. Las estatinas son medicamentos muy eficaces que reducen los niveles de colesterol LDL o malo y se ha demostrado repetidamente que reducen el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, ha existido preocupación por sus posibles efectos secundarios, explicó la doctora Christina Reith, profesora asociada en Oxford Population Health y autora principal del estudio. Qué mostró el análisis más exhaustivo sobre efectos secundarios Para abordar esas preocupaciones de manera rigurosa, los investigadores de Oxford Population Health reunieron datos de 23 estudios aleatorios a gran escala pertenecientes a la Colaboración de investigadores en ensayos de tratamiento del colesterol. El objetivo fue evaluar la evidencia sobre los posibles efectos indeseables de las estatinas con un nivel de precisión que los estudios previos no ofrecían. Muchas de las advertencias presentes en las fichas técnicas de estos medicamentos se basaron en estudios observacionales, no aleatorizados y sin enmascaramiento, un tipo de diseño que puede introducir sesgos importantes. En esos casos, los pacientes sabían qué tratamiento recibían, lo que pudo influir en la percepción y el reporte de síntomas. El nuevo trabajo aplicó un enfoque distinto. Los científicos realizaron un metanálisis de datos individuales de ensayos controlados, aleatorizados y doble ciego, donde ni los participantes ni los investigadores conocían quién recibía estatinas y quién un placebo. Este diseño permitió comparar de forma directa la frecuencia de efectos adversos entre ambos grupos. En este metaanálisis de datos de participantes individuales de ensayos controlados aleatorizados doble ciego, generamos una lista de todos los términos de efectos indeseables incluidos en las fichas técnicas de las estatinas mediante la búsqueda en un compendio electrónico de medicamentos para cinco estatinas (atorvastatina, fluvastatina, pravastatina, rosuvastatina y simvastatina), explicaron los expertos a cargo del trabajo. Los ensayos incluidos cumplieron criterios estrictos. Cada uno involucró al menos a 1.000 participantes, tuvo un período de tratamiento programado de dos años o más y comparó estatinas frente a placebo o regímenes más intensivos frente a otros menos intensivos. Los investigadores calcularon tasas de eventos y evaluaron la significación estadística tras controlar la tasa de falsos descubrimientos. En 19 ensayos con 123.940 participantes y un seguimiento promedio de 4,5 años, la comparación entre estatinas y placebo arrojó un resultado claro. Más allá de los efectos ya conocidos sobre el músculo y un leve aumento del riesgo de diabetes en personas susceptibles, solo cuatro de los 66 efectos indeseables listados mostraron una asociación estadísticamente significativa, y siempre en una proporción muy pequeña de pacientes. Estos cuatro efectos incluyeron cambios en pruebas hepáticas, anomalías hepáticas menores, alteraciones en la orina y edema o hinchazón de tejidos. No se observó un aumento de enfermedades hepáticas graves como hepatitis o insuficiencia hepática, lo que indicó que las alteraciones detectadas en análisis de sangre no derivaron en problemas clínicos serios. En los ensayos que compararon dosis más intensivas frente a menos intensivas, el análisis también detectó un aumento de anomalías en las pruebas de función hepática, un hallazgo que respalda un efecto dependiente de la dosis. Sin embargo, no apareció un exceso significativo de edema ni de alteraciones urinarias en esos grupos. En contraste, síntomas frecuentemente mencionados por los pacientes, como pérdida de memoria, depresión, trastornos del sueño, aumento de peso o disfunción sexual, se presentaron con una frecuencia casi idéntica en los grupos que tomaron placebo. Este resultado sugiere que las estatinas no fueron la causa de esos problemas, a pesar de su inclusión en los prospectos. Por qué el estudio podría cambiar el uso de estatinas Durante la última década, las estatinas pasaron a ocupar un lugar central en la práctica médica global, tanto por su uso masivo como por el debate que las rodea. Para algunos representan una pieza clave en la prevención de eventos cardiovasculares graves, mientras que otros las señalan como símbolo de un abordaje médico excesivo frente a problemas complejos. Entre esas posturas enfrentadas existe un terreno más fértil y necesario: analizar con precisión qué alcance real tienen estos medicamentos, qué límites marcan las mejores evidencias disponibles y de qué manera conviene leer sus beneficios sin exageraciones ni temores infundados. Las estatinas actúan bloqueando una enzima del hígado, responsable de la síntesis de colesterol. Al hacerlo, reducen los niveles de LDL, la lipoproteína que transporta colesterol desde el hígado hacia los tejidos. Pero el colesterol, en sí mismo, no es un enemigo. Es una molécula vital: participa en la producción de hormonas sexuales, cortisol, vitamina D y componentes estructurales de todas las membranas celulares, explicó en una nota anterior, el doctor Martín Lombardero, miembro titular de la Sociedad Argentina de Cardiología. El problema comienza cuando las partículas de LDL quedan atrapadas en la pared de una arteria, que involucran procesos de oxidación e inflamación que dan origen al ateroma: una mezcla de grasa, glóbulos blancos y tejido fibroso que puede crecer hasta obstruir una arteria o romperse de manera súbita, provocando un infarto o un accidente cerebrovascular, agregó el médico, MSC en Epidemiologia y Estadística Universidad de Londres. Las conclusiones del trabajo tienen implicancias directas para pacientes, médicos y autoridades sanitarias. La evidencia indica que la percepción negativa en torno a las estatinas se apoyó en datos débiles y que esa percepción llevó a decisiones que afectaron la salud de muchas personas. La profesora Christina Reith señaló que la preocupación por la seguridad de estos medicamentos disuadió a numerosos pacientes que podrían haberse beneficiado de su uso. La confusión constante en torno a los efectos secundarios impulsó tanto la falta de inicio del tratamiento como su interrupción prematura, un problema que los expertos consideran grave. Eso no quiere decir que las personas no experimenten cosas mientras las toman, agregó, pero ahora tenemos evidencia muy buena de que las estatinas no son la causa de problemas comunes. Nuestro estudio nos asegura que, para la mayoría de las personas, el riesgo de sufrir efectos secundarios es ampliamente superado por los beneficios. Su colega, el profesor Sir Rory Collins, autor principal de la revisión, sostuvo que los resultados obligan a una actualización urgente de la información disponible para pacientes y profesionales de la salud. Ahora que sabemos que las estatinas no causan la mayoría de los efectos secundarios enumerados en los prospectos, la información sobre las estatinas requiere una revisión rápida para ayudar a los pacientes y a los médicos a tomar decisiones de salud mejor informadas. Desde la Fundación Británica del Corazón, el profesor Bryan Williams coincidió en que la publicidad negativa influyó de manera decisiva en el abandono del tratamiento. Los prescriptores han sido intoxicados por esta publicidad negativa. Estamos encantados de ver los resultados de este estudio. Estos hallazgos deberían ser un gran alivio, afirmó. El impacto potencial del estudio va más allá de la corrección de etiquetas. Al reducir el miedo infundado a los efectos secundarios, los investigadores esperan mejorar la adherencia al tratamiento y, en consecuencia, disminuir la incidencia de eventos cardiovasculares graves. Dado que las estatinas reducen de forma drástica el riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares, incluso pequeños aumentos en su uso correcto pueden traducirse en miles de vidas salvadas. Los expertos remarcaron que, como cualquier medicamento, las estatinas pueden causar efectos adversos en casos puntuales y que cualquier síntoma debe ser evaluado por un médico. Sin embargo, el mensaje central del estudio resulta claro: la mayoría de los problemas comúnmente atribuidos a estos fármacos no se relacionan de manera causal con su consumo. A la luz de estos hallazgos, se debe revisar el etiquetado y otras fuentes oficiales de información sanitaria para que los pacientes y sus médicos puedan tomar decisiones informadas sobre el tratamiento con estatinas, remarcaron los científicos. En un escenario donde la desinformación médica circula con rapidez, este estudio aporta una base sólida para replantear la conversación pública sobre uno de los medicamentos más utilizados del mundo. La evidencia científica respalda que, para la gran mayoría de las personas, las estatinas no solo resultan eficaces, sino también seguras, y que el temor a sus efectos secundarios no debería eclipsar su probado beneficio cardiovascular.
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