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Fecha: 09/02/2026 12:28
Con el 95 % de su producción destinada a la exportación, la Argentina se consolidó como el principal proveedor mundial de maní, con presencia en más de 100 países. Pero más allá del volumen, hay un rasgo que explica por qué el producto argentino y en particular el cordobés es altamente valorado en el mercado internacional: su dulzura característica, un atributo de calidad que no es casual ni uniforme en el mundo. Leé también: Nuevas variedades de bananas buscan cambiar el mapa productivo del norte argentino Según proyecciones de la Cámara Argentina del Maní, para la campaña 2025/26 se espera una producción cercana a las 972.500 toneladas de maní en grano, con exportaciones estimadas en unas 750.000 toneladas. Detrás de esas cifras hay décadas de trabajo técnico, adaptación ambiental y una identidad productiva que distingue al cultivo desarrollado en el centro del país. Clima, suelo e innovación científica detrás de un sabor único El maní argentino es más dulce porque se produce en una de las regiones maniseras más frías del mundo, explicó María José Martínez, responsable del Laboratorio de Calidad de Granos del Área de Mejoramiento Genético Vegetal del INTA Manfredi. Ese factor ambiental, combinado con características de suelo y manejo, genera un mayor contenido de azúcares, especialmente sacarosa, responsable directa del sabor. Los ensayos comparativos realizados por el organismo técnico mostraron diferencias contundentes. A partir de muestras de la variedad Florida Runner provenientes del banco de germoplasma de Tifton, en Georgia (Estados Unidos), y de semillas de la misma genética cultivadas en Córdoba, los análisis revelaron que el maní argentino duplicaba el contenido de sacarosa. La variable decisiva fue la temperatura durante el llenado del grano. Leé también: La boga se abre camino como opción estratégica para la acuicultura argentina Investigaciones posteriores permitieron profundizar esa explicación fisiológica. Durante esa etapa crítica del cultivo, las temperaturas más bajas favorecen la hidrólisis del almidón hacia sacarosa, activando procesos metabólicos asociados a la producción de giberelinas. Ensayos liderados por el investigador Ricardo Haro lograron diferenciar hasta siete grados de temperatura en el suelo, confirmando que los ambientes más fríos generan granos con mayor dulzor. Ese diferencial no pasó desapercibido para los compradores internacionales. A fines de los años noventa, importadores europeos que visitaron el INTA Manfredi destacaron el gusto nativo del maní argentino, más dulce y más intenso que el de otros orígenes. Ese reconocimiento impulsó nuevas líneas de investigación orientadas a consolidar y potenciar el atributo. Leé también: Cuotas de exportación del agro: el Gobierno expuso un alto cumplimiento En ese camino, el manejo nutricional aparece como una herramienta clave. Los estudios del INTA demostraron que la aplicación de micronutrientes como boro y zinc puede incrementar el contenido de azúcares, especialmente en zonas con deficiencias naturales. En regiones del sur de Córdoba, donde el boro es limitado, la fertilización permite potenciar aún más el dulzor del grano. Incluso en áreas sin deficiencia, como Manfredi, observamos mejoras, señaló Martínez. El impacto de esta estrategia no se limita al sabor. El maní argentino presenta un perfil nutricional que lo posiciona como un superalimento: alrededor del 50 % de su composición corresponde a grasas saludables, con alto contenido de ácidos grasos omega-9 y omega-6, fitoesteroles que ayudan a regular el colesterol y tocoferoles con función antioxidante, entre ellos la vitamina E. Leé también: Sturzenegger destacó más opciones y esquemas simplificados sobre vacunas bovinas Además, aporta cerca de 28% de proteínas de alto valor biológico, 18% de carbohidratos y una amplia variedad de minerales esenciales como magnesio, potasio, calcio, zinc, selenio y hierro. Incluso el tegumento que recubre el grano contiene compuestos bioactivos con efectos antioxidantes, un aspecto cada vez más valorado en la industria alimentaria. La investigación de largo plazo también permitió acompañar la evolución genética del cultivo. El equipo del INTA Manfredi trabaja en ensayos multiambientales para evaluar nuevas variedades, analizando la interacción entre genotipo y ambiente y su impacto en la calidad nutricional. Esta línea se complementa con tesis doctorales que profundizan la caracterización de cultivares precomerciales y comerciales. Leé también: Del mar a la mesa: emiten recomendaciones para la prevención de intoxicaciones por marea roja Otro hito clave fue el desarrollo y adopción de cultivares alto oleico, que mejoran la estabilidad del producto, reducen la oxidación y prolongan la vida útil en góndola y durante el transporte. Ese avance incluso derivó en un cambio normativo internacional: el maní argentino superaba los límites de ácido oleico fijados por el Codex Alimentarius, lo que inicialmente impedía su ingreso a la Unión Europea (UE). Un informe técnico elaborado por el INTA permitió actualizar el estándar en 2017 y abrir definitivamente ese mercado. Así, detrás del dulzor del maní cordobés hay mucho más que una condición natural: hay ciencia aplicada, manejo agronómico e innovación sostenida. Un combo que convirtió a un cultivo regional en una referencia global de calidad.
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