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  • Carritos, choripanes y trabajo: una parte olvidada de la fiesta

    Gualeguay » Debate Pregon

    Fecha: 09/02/2026 12:12

    Carritos, choripanes y trabajo: una parte olvidada de la fiesta El carnaval de Gualeguay sigue siendo el gran evento del verano. Convoca, deslumbra y sostiene una tradición que nos identifica. Pero alrededor del corsódromo, este año, algo cambió. Y no pasó desapercibido para el vecino de siempre. Durante muchos años, el carnaval no se vivía solo dentro de la pasarela. También se respiraba afuera. En la vereda, en los carritos, en esos puntos históricos como el recordado Lo Frizzo donde se compartía un choripán, una cerveza fría o una gaseosa, mientras de fondo se escuchaba el redoble de tambores o se seguía el espectáculo por una pantalla. Ese ritual era parte del carnaval tanto como las comparsas. Hoy, esa postal ya no está. Hace pocos meses, y con buen criterio, el municipio impulsó el ordenamiento de los food trucks o carritos, proponiendo su reubicación en el Parque Quintana. La medida fue positiva: el parque se consolidó como un espacio de encuentro para vecinos y turistas, con movimiento, propuestas y vida. Nadie discute eso. Pero el carnaval es otra cosa. Y el momento carnaval, especialmente el post corso, tiene su propia lógica. Cuando termina el desfile, la noche no se apaga. O, al menos, no debería. Tradicionalmente, el flujo de gente se volcaba a las inmediaciones del corsódromo: comer algo, encontrarse, prolongar la experiencia. Hoy, ese circuito está cortado. Y la diferencia se siente. Es cierto que existe Milo como alternativa, pero no es lo mismo. Tiene un costo, una dinámica de boliche y un público mayormente joven. No reemplaza al espacio popular, abierto y accesible que representaban los carritos para familias, grupos de amigos y turistas ocasionales. El planteo no es volver al desorden ni desconocer la necesidad de reglas. El planteo es entender que el carnaval no es solo el evento central, sino también todo lo que sucede antes y después. Y ahí, la gastronomía callejera cumple un rol clave: genera movimiento, trabajo, consumo e identidad. Gualeguay supo tener ese pulso. Supo ofrecer un afuera tan atractivo como el adentro. Hoy la pregunta es simple y legítima: ¿no se pueden generar nuevas ideas para que ese movimiento vuelva, sin demasiadas trabas, con orden y planificación? Habilitar espacios específicos en las inmediaciones del corsódromo durante las noches de corso y post carnaval, dialogar con los trabajadores, pensar infraestructura mínima y criterios claros. No parece una discusión imposible. Al contrario: parece una oportunidad. Porque cuando el carnaval termina y la gente no sabe dónde ir, algo se pierde. Y no es solo una venta menos. Es parte del alma de la fiesta. Repensar ese ecosistema no es ir contra el carnaval. Es fortalecerlo. Y, sobre todo, volver a hacer que la noche de Gualeguay siga latiendo un poco más allá de la última pasada.

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