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  • El padre Paco, la opción por los pobres y los despidos en la Concordia de la pobreza: la reforma laboral que golpea a jubilados y trabajadores

    Concordia » Diario Junio

    Fecha: 08/02/2026 12:40

    El padre Paco, la opción por los pobres y los despidos en la Concordia de la pobreza: la reforma laboral que golpea a jubilados y trabajadores Mientras el padre Paco Olveira es detenido y reprimido por acompañar el reclamo de jubilados que no logran sobrevivir con ingresos de indigencia, en Concordia se profundiza una crisis social atravesada por despidos municipales, pobreza creciente y el avance de una reforma laboral que amenaza con debilitar aún más las condiciones de trabajo. Un llamado a reflexionar sobre la opción por los pobres, el rol del Estado y las responsabilidades políticas frente a la exclusión. El padre Francisco Paco Olveira fue otra vez apaleado, gaseado y detenido en una manifestación de protesta de los jubilados, la que realizan todos los miércoles, en reclamo porque sus salarios de indigencia no les permiten vivir. Dos veces detenido, preso y vuelto a detener en la misma jornada, con saña. Es un cura villero. Brinda alimentación en comedores en Merlo. Cada tanto sufre porque Silvia Petovelo, del Ministerio de Capital (in)humano, no envía las partidas y tienen que arreglarse como puedan. Es que el capital inhumano prefiere la transformación de pesos en dólares a la multiplicación de panes y peces. Paco se reconoce heredero del padre Mugica, de la Teología de la Liberación, del Movimiento de Curas del Tercer Mundo. Es un cura dice de opción por los pobres. A pesar de las calamidades que se cometieron en la historia en nombre de la Cruz, es difícil pensar de otro modo la prédica de Jesús. Yo me he preguntado, cuando se habla de los sacerdotes de opción por los pobres, si es posible otra, porque Jesús no dejó dudas: nunca fue neutral, estuvo siempre del lado de los pobres, en contra de quienes los explotan, del poder, de las desigualdades e injusticias sociales. Su prédica no es universal: explicita que de los pobres será el Reino de los Cielos y que es más difícil que los ricos lo habiten a que un camello pase por el ojo de una aguja. Mandó, además, a un joven rico que aspiraba a seguirlo a vender sus bienes y repartirlos entre los pobres para acceder a tal pretensión. ¿Es que, entonces, hay acaso, cuando se dice sacerdote de opción por los pobres, otra opción que estar junto a ellos, contra la injusticia y la desigualdad, contra el abuso y la explotación laboral, para llamarse cristianos? Traigo esta cuestión porque es muy doloroso ver todos los miércoles la represión contra los jubilados y el encarnizamiento especial de la policía contra el padre Paco, suceso lamentable por el que la Iglesia tendría que tener un pronunciamiento más firme contra tales agresiones, y porque estamos viviendo en una de las ciudades más desiguales y empobrecidas del país, en la que supo haber un padre Servín que, como Paco, tenía claras sus convicciones cristianas de elección por las víctimas de un sistema injusto, y en la que clamamos, en su homenaje, un compromiso a la altura. Una ciudad en la que a la pobreza que desborda en búsqueda de comida en los desechos y a una angustia económica cada vez más generalizada, se suman los despidos de 230 empleados municipales. Además, porque se avecina una reforma laboral que va a agudizar, de aprobarse, las penurias de los trabajadores, la pérdida de los derechos conquistados con la larga lucha de generaciones. En la Concordia de la pobreza, el municipio echó 230 empleados que, en su mayoría, pasan a engrosarla. Porque es un error, creo, repetir que fueron 130 los despedidos municipales, porque antes habían dejado sin empleo a otros cien. Que fueran contratados no es, me parece, una justificación de la cesantía, sino, al contrario, un problema en sí mismo que el gobierno debía (y debiera) resolver: la naturalización de la precarización laboral, la legitimación de la contratación en negro por parte del Estado. Es penoso que hayan sido los gobiernos anteriores quienes la concibieran, porque convirtieron a los trabajadores, a quienes representaban y a quienes debían condiciones dignas de empleo, en rehenes políticos. Ojalá ese campo político recupere las banderas de la defensa de la clase obrera que históricamente le dio sentido. La excusa de los despidos, en que los empleados no cumplían sus tareas, que eran, como se dice en la jerga, ñoquis, es también una falacia. Conozco demasiados empleados municipales despedidos que trabajaban intachablemente, muchos con décadas de un impecable desempeño. Además, es una acusación demasiado usada. Yo mismo la he sufrido cuando el gobierno de Montiel me dejó sin contrato, como a 4.000 trabajadores provinciales. La acusación pública de que el despido es por la irresponsabilidad y el incumplimiento en el trabajo es tan traumatizante, genera tanta impotencia, vergüenza, culpa e indignación cuando se trabaja con una verdadera vocación, como era mi caso y el de muchos municipales que tuvieron que salir a demostrar su contracción al trabajo. En aquella ocasión, a fines del año 99, algunos de los cesanteados fuimos reincorporados luego de pasar por una humillante comisión de evaluación de esos contratos basura, suplencias extraordinarias. Los otros cupos de los no recontratados se llenaron de simpatizantes del gobierno en curso. Así se demostró también falsa la excusa de la búsqueda de austeridad como razón supuesta de los despidos. Igual que ahora. Si las faltas en el desempeño, la deshonestidad o el incumplimiento en el trabajo fueran la verdadera causa de los despidos, el gobernante debería responder con pruebas de ello a los reclamos del trabajador y a las inquietudes de la comunidad. Uno se esconde cuando no tiene argumentos. Sobre todo deberían darse respuestas cuando sabemos que la pérdida del trabajo es una situación muy grave, en ocasiones una tragedia personal y familiar que afecta las fuentes de la subsistencia, la vida y la salud mental de nuestros vecinos, de nuestra comunidad, en un momento en el que la reforma laboral en ciernes, que anuncia un mayor agravamiento aún de las condiciones laborales, una precarización y pérdida de derechos de los trabajadores, empeoran las posibilidades de una vida digna de los desocupados y la de todos.

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