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Parana » Uno
Fecha: 08/02/2026 11:38
El pasacalles que el actor Luciano Castro mandó a colgar frente a la casa de Griselda Siciliani con la intención de pedir perdón y recomponer una relación atravesada por infidelidades volvió a poner en primer plano una práctica que, aunque muchos consideran anacrónica, sigue más vigente que nunca. El pasacalles resiste al paso del tiempo y se mantiene su demanda En una era dominada por pantallas y mensajes efímeros, el pasacalles aún conserva una potencia simbólica difícil de reemplazar. Si bien en esta oportunidad el hecho se viralizó, fue catalogado como bizarro, y no logró el efecto deseado, ya que la actriz dejó en claro que el vínculo está terminado desde hace semanas, en muchos casos los pasacalles sirven para reforzar un vínculo. Y más allá del impacto mediático y sentimental que causó el episodio entre Castro y Siciliani, se reavivó un debate sobre una forma de comunicación pública y una expresión urbana que atraviesa generaciones y que, pese al avance de la tecnología, las redes sociales y la comunicación digital, continúa ocupando un lugar particular en el espacio público. Su vigencia en Paraná En Paraná está lejos de tratarse de una costumbre en extinción. Quienes se dedican a este rubro aseguran que la demanda se mantiene activa y diversificada. UNO consultó a referentes históricos abocados a esta actividad, y coincidieron en que el pasacalles sigue siendo elegido, principalmente, para celebraciones como cumpleaños de 15 y egresados, aunque también aparecen pedidos vinculados a pedidos de perdón, declaraciones de amor, reclamos vecinales e incluso situaciones de despecho y escrache. Uno de ellos es Javier Micheloux, quien se dedica a la confección de pasacalles desde mediados de la década del 70 y cuenta con una extensa trayectoria como pintor, especialmente en trabajos de altura, quien confirmó: Lo que más se hace hoy en Paraná es para egresados y cumpleaños de 15. En estos casos, los encargos suelen ser altamente personalizados y cargados de simbolismo. Los compañeros o la familia piden dibujos alegóricos, caricaturas, referencias a la carrera o a la persona. Si es agrónomo, te piden vacas, girasoles; si es traumatólogo, un esqueleto divertido; si es kinesiólogo, algo relacionado con los huesos, detalló. En su caso, durante décadas hizo pasacalles con mensajes amorosos, pero aclaró que si bien le llegan pedidos, hoy casi no los realiza por una cuestión logística y legal: Antes hacía el trabajo de colocarlos también, pero hay una ordenanza municipal que prohíbe colgarlos en la vía pública, que es donde los enamorados quieren su pasacalles para visibilizar su mensaje. Para evitarme algún problema, sólo me dedico a hacer el pasacalles para los cumpleaños o cuando alguien se recibe y entregarlo, y en estos casos la mayoría lo termina colocándolos en rejas o balcones, explicó. En este sentido, cabe aclarar que en la capital provincial la colocación de pasacalles está regulada por el Código Publicitario Municipal, establecido en la Ordenanza N.º 7.977. Para preservar el patrimonio público y evitar la contaminación visual, los anuncios no se pueden fijar en plazas y parques y se prohíbe expresamente la colocación de carteles tipo pasacalle en columnas del alumbrado público, de señales luminosas de tránsito y árboles. Su colocación en lugares permitidos exige además la solicitud de un permiso previo ante la Municipalidad, a través de Mesa de Entradas. Y quienes solicitan la autorización deben comprometerse también a retirar el pasacalle una vez finalizado el evento, bajo apercibimiento de sanciones. Amor y venganza Juan Francisco Ruiz, quien también se dedica desde hace años a la confección artesanal de pasacalles en Paraná, coincidió: Acá, la mayoría de las veces los piden para cumpleaños de 15 y egresados. Sin embargo, reconoció que también existen pedidos vinculados a situaciones sentimentales: Siempre hay mensajes de amor, y también de desamor. Es raro, pero pasa, afirmó. En esos casos, según explicó Ruiz, los encargos suelen estar motivados por situaciones de engaño y despecho, y mayormente son realizados por mujeres. El último que recuerdo fue un pasacalle para una mujer que había sido engañada por su marido con su mejor amiga. El mensaje llevaba nombre y apellido, era un escrache, relató. Si bien aclaró que no se dan nombres públicamente, reconoció que ese tipo de trabajos generan debates internos: A veces te hace pensar si hacerlo o no, porque te estás metiendo en lo personal de alguien, admitió. Costos de los pasacalles En cuanto a los precios, Micheloux indicó que los pasacalles para egresos y cumpleaños suelen medir entre cuatro y seis metros y pueden costar entre 110.000 y 150.000 pesos, dependiendo del nivel de detalle. No es solamente escribir un mensaje: hay diseño, hay boceto, pero también mucha inspiración en el momento de pintar, señaló. Al respecto, remarcó que el valor del pasacalle está íntimamente ligado a su carácter artesanal. No es algo industrial, es un trabajo manual, subrayó. Por su parte Ruiz señaló que los pasacalles que realiza van desde los dos hasta los seis metros de largo, con precios que actualmente rondan los 30.000 pesos para los más chicos y hasta 65.000 pesos para los más grandes. Todo está pintado a mano, con látex y esmalte. A la gente le gusta eso, lo artesanal, pero hecho por un profesional, sostuvo. Sobre los tiempos de entrega, explicó que un pedido puede demorar entre uno y cinco días, aunque también existen trabajos urgentes. Trascendencia Ambos trabajadores coincidieron en que a pesar de vivir en una era dominada por pantallas, publicaciones instantáneas y mensajes efímeros, el pasacalle conserva una potencia simbólica difícil de reemplazar. Es una forma de decir algo importante y que lo vea todo el mundo, resumió Ruiz. Ya sea para celebrar, pedir perdón, reclamar o escrachar, el pasacalles sigue ocupando un lugar visible en la vida urbana. En ese sentido, Micheloux recordó cómo durante la pandemia esta modalidad cobró un protagonismo inesperado. En la época de la pandemia no se podían juntar los chicos a pintar las calles para dejar un mensaje para un cumpleañero, por ejemplo, y me empezaron a llamar. Terminamos haciendo muchos trabajos de cumpleaños en ese contexto, contó, y destacó: Durante el confinamiento, lo que antes era un complemento pasó a ser casi la única forma de festejar algo importante. Estas experiencias, según reflexionó, dejan en evidencia que el pasacalles no sólo sobrevive, sino que se adapta a los contextos sociales. Está claro que, lejos de desaparecer, esta forma de expresarse promete seguir siendo protagonista del paisaje urbano. Esto queda demostrado tanto con el pasacalles de un actor famoso se convirtió en una postal viral del amor expuesto y frustrado, como con los lienzos pintados a mano en Paraná que continúan contando historias mucho más cercanas: las de vecinos comunes que, todavía hoy, eligen la calle como escenario para expresar emociones, marcar hitos y dejar mensajes que no pasan desapercibidos.
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