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  • La espalda corva de Milei y el sable de San Martín

    Concepcion del Uruguay » BabelDigital

    Fecha: 08/02/2026 10:44

    Al igual que Excalibur era el símbolo del derecho a gobernar en la historia mítica del rey Arturo. Solo un rey noble, justo y valiente, según la tradición británica, era digno de poseerla. El sable corvo se transformó en símbolo nacional porque con él, San Martín lideró las luchas por la independencia y llenó de gloria estas tierras. Javier Milei, en cambio, encorva su espalda frente a Donald Trump y humilla a la Argentina. El actual Regimiento de Granaderos a Caballo no es el que creó San Martín en 1812, sino el que creó Julio Argentino Roca en 1903. Dijeron que era una recreación del original, pero su espíritu nunca fue de liberación y lucha popular, simplemente fueron de uso protocolar y protección de los presidentes, sean democráticos o dictadores. Es muy interesante el papel que jugó el sable corvo en otra importante batalla, la batalla historiográfica, cuando sirvió para desmantelar el relato de la historia argentina que había creado Bartolomé Mitre. El relato mitrista tenía el peso de una documentación muy vasta y, en sus afirmaciones, San Martín aparecía como el prócer máximo de la Nación y Juan Manuel de Rosas como un dictador que impedía el desarrollo nacional. Rosas era el mal absoluto. Uno de los discípulos de Mitre, gran admirador suyo, Adolfo Saldías, le sugiere continuar la historia argentina que terminaba en el año 20 con la muerte de Belgrano. El nuevo libro se iba a llamar Historia de Rosas y la tiranía argentina. Como Mitre, muy ocupado con los prolegómenos de la revolución del 80 no podía realizar la obra, le encarga a Saldías que la escriba en base a documentos. El joven investigador va a las fuentes y basándose en los papeles de Rosas que le facilitó Manuelita en Inglaterra, encuentra un Rosas muy distinto al que él pensaba. Termina su libro y se lo envía a Mitre diciendo inocentemente: Fíjese qué equivocación hemos hecho con Rosas, resulta que Rosas es tan grande como usted. Mitre indignado le contesta: Cree usted ser imparcial, no lo es, ni equitativo siquiera ¡Cuidado! El método histórico está muy bien, pero no tanto, porque cuando se estudia una tiranía no hay que olvidar los nobles odios (...)Ya no es historiador, ya es el político... (José María Rosa. 1971. Reportaje realizado por la Profesora María Sáenz Quesada). Sin habérselo propuesto al principio, Saldías contribuía a romper el ocultamiento histórico. ¿Qué le había molestado tanto a Mitre? Saldías encontró el testamento de San Martín y el punto tres es demoledor para la historia oficial: El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que, como argentino, he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla. No les deja el sable a los granaderos, ni a ninguna institución, se lo deja a Rosas porque enfrentó a Inglaterra y Francia en la Batalla de la Vuelta de Obligado, porque el sable corvo es para los que tienen la espalda erguida. Pagó caro Saldías la osadía de contar la historia sin censuras. Su libro "Historia de la Confederación Argentina", publicado en 1888 no recibió ninguna crítica, ningún comentario. El rencor de Mitre lo llevó a prohibir toda mención en el diario La Nación y una condena al ostracismo. San Martín compró el sable corvo en una tienda de antigüedades usadas en Londres en 1811 justo antes de volver a América. Se han hecho investigaciones sobre el metal y sobre la empuñadura. Así se supo que fue fraguado en Damasco a principios del SXVIII. Los sables árabes y los japoneses son armas excepcionales y constituyen las obras cumbres de la metalurgia pre-científica. En Europa, muy poco antes de que el General San Martín decidiera regresar, comenzaron a conocerse y valorarse las virtudes de estas armas: resistencia, belleza y filo legendarios. Es claro que quiso volver a su tierra con ese sable extraordinario y liviano, óptimo para la caballería. En 1852, al ser derrotado en la Batalla de Caseros, Rosas parte al exilio y con él lleva el sable como uno de sus bienes más preciados. Lo hereda su hija Manuela y en 1896 decide regresarlo a la Argentina, donándolo al Museo Histórico Nacional. El 12 de agosto de 1963 Juan Domingo Perón ya llevaba ocho años en el exilio y el peronismo estaba proscripto. Mayúscula fue la sorpresa cuando se supo que el sable corvo había sido robado por un grupo de la Juventud Peronista. Aquel acto político fue acompañado por una declaración: El sable del general San Martín quedará custodiado por la juventud argentina, representada por la Juventud Peronista, y juramos que no será arrancado de nuestras manos mientras los responsables directos o indirectos de esta vergüenza que nos circunda no resuelva anular los contratos petroleros, anular los convenios con los trusts eléctricos; decretar la libertad de todos los presos políticos, gremiales y Conintes, y dar al pueblo la libertad para pensar y ejercer su voluntad al amparo estricto de la ley. El pueblo argentino no debe albergar ninguna preocupación: el corvo de San Martín será cuidado como si fuera el corazón de nuestras madres. Dios quiera que pronto podamos reintegrarlo a su merecido descanso. Dios quiera iluminar a los gobernantes. No pudieron aguantar mucho tiempo la presión policial y tuvieron que devolverlo. Un segundo robo ocurrió el 19 de agosto de 1965, pero en este caso también tuvieron que entregarlo a los pocos meses. En 1967, durante la dictadura de Juan Carlos Onganía, se decretó el traslado del sable corvo desde el Museo Histórico Nacional al Regimiento de Granaderos a Caballo. Esta medida retiró la reliquia de la exhibición pública tras sesenta y seis años, depositando su custodia en la unidad militar. Tuvieron que pasar cuarenta y ocho años sin que el pueblo argentino tuviera acceso a verla. El 24 de mayo de 2015, la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner restituyó el sable corvo al Museo Histórico Nacional en un acto solemne, cargado de emocionalidad y previendo todas las medidas de seguridad necesarias para evitar cualquier tipo de robo. Incluso, la custodia del sable quedó en manos de los Granaderos, como habrá podido advertir cualquiera de los cientos de miles de visitantes que fueron a verlo. La pieza histórica se convirtió en la atracción central del museo, un imán que permitió que el pueblo argentino se pueda encontrar con sus símbolos históricos. Desde entonces nada ni nadie amenazó la seguridad del sable. El decreto que firmó Milei para volver a llevar el sable al Museo de los Granaderos sostiene que el cambio representa una solución coherente con el legado del Libertador, restituye su contexto histórico propio y garantiza condiciones adecuadas de preservación, custodia y jerarquía institucional. Nada de esto es cierto. Los descendientes de Rosas han iniciado acciones legales porque no se está respetando la voluntad de los donantes. Más allá de toda minucia legal, es obvia la provocación de Milei. Es un acto más dentro de la batalla cultural que da el gobierno. Los Granaderos actuales le otorgaron a Milei el título de Granadero Honorífico y Caballero Granadero de los Andes en mayo de 2025. ¿Qué tiene que ver este gobierno, que ha hecho de la sumisión a EE.UU. una política de Estado, con el espíritu sanmartiniano? Los símbolos son poderosos, el sable corvo lo es. Justo el año en que se cumplen cincuenta años del golpe de Estado de 1976, el acto de volver a poner el sable de San Martín en manos militares anticipa una cruzada que ya vemos venir. Pero si nos aferramos a esos símbolos, y aprendemos de ellos, sabemos que también los podemos enfrentar. La rebeldía tiene que volver. El actual Regimiento de Granaderos a Caballo no es el que creó San Martín en 1812, sino el que creó Julio Argentino Roca en 1903. Dijeron que era una recreación del original, pero su espíritu nunca fue de liberación y lucha popular, simplemente fueron de uso protocolar y protección de los presidentes, sean democráticos o dictadores. Es muy interesante el papel que jugó el sable corvo en otra importante batalla, la batalla historiográfica, cuando sirvió para desmantelar el relato de la historia argentina que había creado Bartolomé Mitre. El relato mitrista tenía el peso de una documentación muy vasta y, en sus afirmaciones, San Martín aparecía como el prócer máximo de la Nación y Juan Manuel de Rosas como un dictador que impedía el desarrollo nacional. Rosas era el mal absoluto. Uno de los discípulos de Mitre, gran admirador suyo, Adolfo Saldías, le sugiere continuar la historia argentina que terminaba en el año 20 con la muerte de Belgrano. El nuevo libro se iba a llamar Historia de Rosas y la tiranía argentina. Como Mitre, muy ocupado con los prolegómenos de la revolución del 80 no podía realizar la obra, le encarga a Saldías que la escriba en base a documentos. El joven investigador va a las fuentes y basándose en los papeles de Rosas que le facilitó Manuelita en Inglaterra, encuentra un Rosas muy distinto al que él pensaba. Termina su libro y se lo envía a Mitre diciendo inocentemente: Fíjese qué equivocación hemos hecho con Rosas, resulta que Rosas es tan grande como usted. Mitre indignado le contesta: Cree usted ser imparcial, no lo es, ni equitativo siquiera ¡Cuidado! El método histórico está muy bien, pero no tanto, porque cuando se estudia una tiranía no hay que olvidar los nobles odios (...)Ya no es historiador, ya es el político... (José María Rosa. 1971. Reportaje realizado por la Profesora María Sáenz Quesada). Sin habérselo propuesto al principio, Saldías contribuía a romper el ocultamiento histórico. ¿Qué le había molestado tanto a Mitre? Saldías encontró el testamento de San Martín y el punto tres es demoledor para la historia oficial: El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que, como argentino, he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla. No les deja el sable a los granaderos, ni a ninguna institución, se lo deja a Rosas porque enfrentó a Inglaterra y Francia en la Batalla de la Vuelta de Obligado, porque el sable corvo es para los que tienen la espalda erguida. Pagó caro Saldías la osadía de contar la historia sin censuras. Su libro "Historia de la Confederación Argentina", publicado en 1888 no recibió ninguna crítica, ningún comentario. El rencor de Mitre lo llevó a prohibir toda mención en el diario La Nación y una condena al ostracismo. San Martín compró el sable corvo en una tienda de antigüedades usadas en Londres en 1811 justo antes de volver a América. Se han hecho investigaciones sobre el metal y sobre la empuñadura. Así se supo que fue fraguado en Damasco a principios del SXVIII. Los sables árabes y los japoneses son armas excepcionales y constituyen las obras cumbres de la metalurgia pre-científica. En Europa, muy poco antes de que el General San Martín decidiera regresar, comenzaron a conocerse y valorarse las virtudes de estas armas: resistencia, belleza y filo legendarios. Es claro que quiso volver a su tierra con ese sable extraordinario y liviano, óptimo para la caballería. En 1852, al ser derrotado en la Batalla de Caseros, Rosas parte al exilio y con él lleva el sable como uno de sus bienes más preciados. Lo hereda su hija Manuela y en 1896 decide regresarlo a la Argentina, donándolo al Museo Histórico Nacional. El 12 de agosto de 1963 Juan Domingo Perón ya llevaba ocho años en el exilio y el peronismo estaba proscripto. Mayúscula fue la sorpresa cuando se supo que el sable corvo había sido robado por un grupo de la Juventud Peronista. Aquel acto político fue acompañado por una declaración: El sable del general San Martín quedará custodiado por la juventud argentina, representada por la Juventud Peronista, y juramos que no será arrancado de nuestras manos mientras los responsables directos o indirectos de esta vergüenza que nos circunda no resuelva anular los contratos petroleros, anular los convenios con los trusts eléctricos; decretar la libertad de todos los presos políticos, gremiales y Conintes, y dar al pueblo la libertad para pensar y ejercer su voluntad al amparo estricto de la ley. El pueblo argentino no debe albergar ninguna preocupación: el corvo de San Martín será cuidado como si fuera el corazón de nuestras madres. Dios quiera que pronto podamos reintegrarlo a su merecido descanso. Dios quiera iluminar a los gobernantes. No pudieron aguantar mucho tiempo la presión policial y tuvieron que devolverlo. Un segundo robo ocurrió el 19 de agosto de 1965, pero en este caso también tuvieron que entregarlo a los pocos meses. En 1967, durante la dictadura de Juan Carlos Onganía, se decretó el traslado del sable corvo desde el Museo Histórico Nacional al Regimiento de Granaderos a Caballo. Esta medida retiró la reliquia de la exhibición pública tras sesenta y seis años, depositando su custodia en la unidad militar. Tuvieron que pasar cuarenta y ocho años sin que el pueblo argentino tuviera acceso a verla. El 24 de mayo de 2015, la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner restituyó el sable corvo al Museo Histórico Nacional en un acto solemne, cargado de emocionalidad y previendo todas las medidas de seguridad necesarias para evitar cualquier tipo de robo. Incluso, la custodia del sable quedó en manos de los Granaderos, como habrá podido advertir cualquiera de los cientos de miles de visitantes que fueron a verlo. La pieza histórica se convirtió en la atracción central del museo, un imán que permitió que el pueblo argentino se pueda encontrar con sus símbolos históricos. Desde entonces nada ni nadie amenazó la seguridad del sable. El decreto que firmó Milei para volver a llevar el sable al Museo de los Granaderos sostiene que el cambio representa una solución coherente con el legado del Libertador, restituye su contexto histórico propio y garantiza condiciones adecuadas de preservación, custodia y jerarquía institucional. Nada de esto es cierto. Los descendientes de Rosas han iniciado acciones legales porque no se está respetando la voluntad de los donantes. Más allá de toda minucia legal, es obvia la provocación de Milei. Es un acto más dentro de la batalla cultural que da el gobierno. Los Granaderos actuales le otorgaron a Milei el título de Granadero Honorífico y Caballero Granadero de los Andes en mayo de 2025. ¿Qué tiene que ver este gobierno, que ha hecho de la sumisión a EE.UU. una política de Estado, con el espíritu sanmartiniano? Los símbolos son poderosos, el sable corvo lo es. Justo el año en que se cumplen cincuenta años del golpe de Estado de 1976, el acto de volver a poner el sable de San Martín en manos militares anticipa una cruzada que ya vemos venir. Pero si nos aferramos a esos símbolos, y aprendemos de ellos, sabemos que también los podemos enfrentar. La rebeldía tiene que volver. Fuente: PÁGINA 12 - Sergio Wischñevsky

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