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» Clarin
Fecha: 08/02/2026 08:04
Mar del Plata en verano es protagonista por sus playas y su gastronomía. En sus calles conviven clásicos con más de 50 años de éxito, como El Rey del Calzone o la parrilla Perales, con propuestas más nuevas y sofisticadas. En la última década, restaurantes como Mar, de Pedro Bargero, Sarasa Negro o Caldo sumaron una mirada joven que pone en valor el producto local y la cocina de estación. En el medio de esa línea de tiempo aparece Dei Fiori. Un restaurante clásico que desde hace más de 30 años, aunque su historia es más larga, sirve pastas de calidad hechas en el día. Detrás de los platos está Nino, su dueño, que cocina con sus propias manos y sostiene una identidad bien italiana. Dei Fiori no busca sorprender con modas ni platos raros. Ofrece recetas conocidas, porciones abundantes, pensadas para compartir, y precios accesibles. Un lugar que sigue lleno porque hace bien lo de siempre y porque, en una ciudad que cambia, hay cosas que está bueno que no cambien. La historia de Dei Fiori La historia de Dei Fiori comenzó oficialmente el 1° de mayo de 1992, en una Mar del Plata muy distinta a la actual. La calle Olavarría todavía no era un polo gastronómico y el restaurante funcionaba en lo que era un barrio residencial, cerca de la vieja terminal. En la zona gastronómica no existía nada, era barrio, recuerda Nino. Con el tiempo, ese sector creció y terminó reemplazando al centro por calidad y seguridad. Las raíces del lugar, igual, vienen de mucho antes. En 1958, el padre de Nino compró un hotel con comedor y la cocina pasó a ser el eje de la vida familiar. Sus padres, inmigrantes italianos de Sorrento, trajeron recetas y costumbres que se mantuvieron vivas. Yo me crié ahí adentro, dice Nino, que empezó a trabajar en cocina a los 17 años y se formó un poco autodidacta, un poco robando y un poco estudiando, tanto en Mar del Plata como en Italia. El restaurante nació después de una temporada complicada. En 1992, Nino pensaba volver a Europa tras haber trabajado afuera, pero fue su madre quien cambió el rumbo. Surgió de mi vieja decir quiere meter los pollitos abajo del ala, cuenta. La idea fue simple: Quedate y yo te hago los sorrentinos, te hago los ravioles, te hago la masa y abrimos para la gente. Desde entonces, la forma de trabajar casi no cambió. Muy tradicional, a la vieja usanza, define Nino. La elaboración sigue siendo manual y el contacto con el producto es clave. Ir al mercado dos o tres veces por semana para mí es un divertimiento, explica. Por las noches, estiramos la masa a palote para que descanse y durante el día se hacen los rellenos y las salsas, todo en el momento. Hoy, Dei Fiori es un proyecto que atraviesa generaciones. Su hijo se encarga de la producción de pasta seca con máquinas italianas y sus hijas lideran Nina, la pastelería que funciona frente al local. Por el restaurante ya pasan la cuarta generación de algunas familias y el presente acompaña. La temporada pasada fue la mejor en 34 años del restaurant, dice Nino, sin grandilocuencias, como quien sigue haciendo lo que sabe hacer. En noches de mucha actividad, Dei Fiori atiende en promedio a unos 200 cubiertos por servicio. Hay días que se sirve más que eso, cuenta Nino, sobre todo en fechas puntuales como los 29, clásico día de ñoquis, cuando el salón trabaja a un ritmo todavía más alto. La afluencia, aclara, también depende del contexto. Un partido importante de fútbol puede cortar la segunda vuelta de mesas y hacer que la gente se vaya más temprano. El clima juega a favor: los días de sol y calor, con playa de por medio, empujan a salir a cenar. Abre todas las noches y solo al mediodía los domingos, y aun así mantiene un movimiento constante que explica por qué sigue lleno después de tantos años. Qué comer en Dei Fiori La filosofía culinaria de Dei Fiori se apoya en una forma de cocinar a la vieja usanza. La idea es simple y clara: servir la misma comida casera que la familia hacía para los huéspedes del hotel. Con raíces italianas bien marcadas, Nino sigue involucrado en todo. Todavía vamos al mercado dos o tres veces por semana a elegir la mercadería, dice. Las pastas son el corazón del restaurante y se elaboran todos los días. La masa se prepara por la noche para que descanse y luego se estira a palote. En la carta hay sorrentinos (jamon mozzarella y parmesano $ 18.000), ravioles (espinaca, ricota, parmesano y mozzarella $ 18.000), canelones (de verdura o de carne $ 25.000) y lasaña ($ 28.000), recetas clásicas que se repiten hace años y que siguen siendo las más pedidas, sobre todo en invierno. A esa tradición se sumó la pasta seca de elaboración propia. Frente a los problemas para importar, Nino compró máquinas italianas y empezó a producirla en el local, con trafilado de bronce y harina rimachinata de Tres Arroyos. El porteño se vuelve loco con la pasta seca, cuenta, y en verano llega a vender más que la fresca. Las salsas también se hacen en el momento. Salvo la boloñesa y el tomate, que llevan horas de cocción, todo se prepara durante el servicio. Se sartenea y se cuela la pasta en el momento, no hay nada marcado, explica Nino. Hay más de 20 salsas para elegir, siempre pensadas para acompañar y no tapar el plato. Las porciones son grandes y están pensadas para compartir. Es una idea heredada de su padre: la abundancia llama otra abundancia. A la propuesta se suman un local anexo donde venden pasta fresca para llevar, con sabores que no están en la carta, y la pastelería Nina, uno de los locales de moda de la ciudad y manejada por sus hijas, justo enfrente. Nino también defiende los sabores clásicos y aconseja a los clientes cómo comer cada plato. Recomienda no poner queso en pastas como el gamberi o la putanesca para no tapar el sabor. Esa fidelidad a lo tradicional explica por qué vuelven generaciones enteras. La tradición no se pierde, dice, y en Dei Fiori eso se nota en cada plato. Dei Fiori, Olavarría 2529, Mar del Plata. Instagram: @deifioriristorante Sobre la firma Newsletter Clarín
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