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» La Nacion
Fecha: 08/02/2026 02:59
El síndrome K vuelve a atacar a los libertarios El intempestivo anuncio oficial de la puesta en marcha de una pomposa Oficina de Respuesta Oficial para desmentir activamente la mentira trae automáticas reminiscencias de los infames dispositivos amedrentadores del kirchnerismo contra el periodismo (6,7,8, Defensoría del Público, Nodio, etcetera). Se agrega a la intensa actividad que ya despliegan en el mundo virtual fans y trolls mileistas, la participación permanente de Javier Milei en las redes sociales y los envíos espasmódicos de Fake,7,8 de Manuel Adorni. Si en algo se destacó el kirchnerismo en sus 16 años al frente del Gobierno fue en toquetearlo todo. Cuanto más emblemático y tradicional resultaba algo, más empeño ponía en trastocarlo haciendo prevalecer su sesgada versión. Resultaba coherente con sus ínfulas de autoerigirse como fundador de una nueva era que, como tal, merecía renombrar las cosas a su exclusivo capricho. Así, por caso, se pretendió que la pantomima de Néstor Kirchner al bajar simplemente unos cuadros de presidentes de facto en el Colegio Militar, fuera más trascendental que Raúl Alfonsín, veinte años antes, hubiese encomendado el juicio a las Juntas en una situación institucional mucho más riesgosa. También trató arbitrariamente de meter con fórceps el absurdo lenguaje inclusivo en documentos públicos y hasta en los tres niveles del sistema educativo. Y se resolvió realzar la fecha nefasta del 24 de marzo (aniversario del golpe militar de 1976) muy por encima de la del 10 de diciembre (día del retorno a la democracia, en 1983 y de la asunción de varios presidentes democráticos, además de ser la jornada internacional de los derechos humanos). También le dieron más relieve al 25 de mayo, créase o no, como recordatorio del comienzo del primer gobierno kirchnerista que de la Revolución de Mayo. Asimismo, era habitual que el 25 de febrero fuera exaltado por la agencia oficial Télam como el mismo día del nacimiento de Néstor Kirchner y del general José de San Martín, con la tácita intención de parangonarlos. Para qué hablar de la manipulación flagrante que el kirchnerismo hizo de manera sistemática, a partir de 2007, del índice inflacionario elaborado por el Indec, rompiendo en mil pedazos el prestigio que ese organismo supo tener hasta entonces. En otro orden, también Cristina Kirchner protagonizó una extravagante coreografía cuando, en mayo de 2015, decidió devolver al Museo Histórico Nacional el sable del Libertador que el Regimiento de Granaderos venía custodiando desde 48 años atrás por disposición del presidente de facto, general Juan Carlos Onganía, tras dos robos de la más valiosa pieza del MHN, al que lo había donado Manuelita Rosas, en 1897. Quién hubiese imaginado que un gobierno libertario, en apariencia tan antagónico con el kirchnerismo aunque no fue ajeno en su gestación electoral el massismo, con el fin de reventar a Juntos por el Cambio caería en la tentación de toquetear esos dos tremendos totems (el índice de precios al consumidor y el sable sanmartiniano) con los que se metió el populismo sin el más mínimo complejo. Y también se le asemeja con la reciente puesta en marcha de la Oficina de Respuesta Oficial. En su libro Cristina y la historia: el kirchnerismo y sus batallas por el pasado, la historiadora Camila Perochena plantea que a la exmandataria el pasado le servía políticamente para gobernar y que buscó rastrear en tiempos pretéritos antagonismos del presente para legitimarse. Sorprendentemente, Milei hace algo parecido con las menciones frecuentes de Juan Bautista Alberdi, miembros de la Generación del 80 y toda su galería de economistas ultraliberales y libertarios preferidos, cuyas teorías extremas pretende poner en marcha a contramano del furibundo proteccionismo que practica su amigo Donald Trump. Con el periódico manoseo de las franjas cambiarias, Milei viene demostrando que de la boca para afuera será muy liberal, pero que en la práctica muy poco les teme a las correcciones dirigistas cuando le urge implementarlas. Lo que parece muy poco oportuno y el mercado así lo hizo sentir es que se diera marcha atrás al anuncio de la nueva metodología para medir la inflación, piedra filosofal de su triunfo presidencial en 2023 y de su ratificación popular en los comicios de mitad de mandato, el año pasado. En coincidencia con el regreso a pleno de los titulares de los programas de actualidad de la TV y de la radio, luego de las vacaciones de enero, estalló el cisma en el Indec. Y en paralelo se desató la polémica por el regreso del sable corvo de San Martín al Regimiento de Granaderos y las peculiaridades de la ceremonia respectiva ayer con la participación del presidente Milei. La grieta mediática que animan las señales amistosas con el oficialismo, y las que no lo son, fogonean dichas tensiones con tesis conspirativas de contradictorio tenor y la consabida lluvia de urgentes y alertas que terminan por marear al ciudadano de a pie. De las dos controversias Indec y sable, la primera es la que viene deparando mayores consecuencias concretas sobre los principales agentes económicos porque pone un gran signo de interrogación sobre la principal bandera del mileismo. En cuanto a las manipulaciones presidenciales del sable del héroe máximo argentino primero de CFK y ahora de Milei ojalá lo inspirara más patrióticamente. No estaría sucediendo. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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