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  • En Villa Crespo, el nuevo restaurante del dueño de una de las pizzerías de culto del barrio

    » Clarin

    Fecha: 07/02/2026 07:38

    El Bocadito acaba de abrir en Villa Crespo y llega con apellido conocido. Es el hermano menor de una de las pizzerías emblema del barrio y mantiene la misma lógica de trabajo: horno a leña como corazón de la cocina y una carta que no está escrita en piedra. Y también hay lugar para otros fuegos cuando el plato lo pide. Las pizzas siguen siendo protagonistas, pero sin irse al extremo. No buscan sorprender con combinaciones audaces como en C.A.N.C.H.A, su primer local, sino afinar lo clásico y hacerlo bien. La carta es corta, pensada para compartir y vermutear, con platos que ya encontraron su público. El lehmeyun de cordero, un fatay abierto hecho en pan de pizza, dejó de ser un hit ocasional y hoy es una de las estrellas del lugar. Detrás del proyecto está Wilson Rodríguez, músico de formación y cocinero por elección. De adolescente se volcó de lleno a la música y estudió tango, jazz y folklore en el conservatorio popular de Ramos Mejía. Vivió de eso hasta casi los treinta. Hoy, con 39, sigue tocando por gusto, pero su escenario principal es otro. Cambió el instrumento por el horno y encontró en la cocina una nueva forma de expresión Cómo es El Bocadito El Bocadito abrió sobre Murillo, casi Juan B. Justo, a una cuadra del Movistar Arena. El local fue durante años un supermercado chino y eso marcó el arranque. Se necesitaron siete meses de obra para dejarlo en condiciones. En el camino aparecieron hallazgos que hoy definen el espacio. Detrás de un cielorraso surgieron vigas de madera y ladrillo a la vista. Debajo del piso, un calcáreo que pulido le dio una impronta vintage. Las paredes están picadas a propósito y casi no hay vereda. Todo se siente rústico y honesto. Al entrar, el horno a leña aparece de inmediato, grande, detrás de la barra. No es decorado, es una declaración de principios. La madera genera otra cosa, dice Wilson Rodríguez, dueño del lugar. Ese horno ordena la carta y el clima del salón. El Bocadito no busca imponerse desde el diseño sino desde el fuego. Es un espacio simple, sin vueltas, que anticipa lo que va a pasar en la mesa. La idea del proyecto nació de una obsesión clara. Quería reivindicar un estilo que para mí está un poco perdido en la Ciudad, el estilo de la piedra. Durante casi un año, Wilson recorrió pizzerías clásicas con amigos cocineros. Los Campeones en Barracas, Jaimito en Almagro. Mirar cartas, ver cómo se mueve la gente, entender dinámicas. De ahí salió una decisión fuerte. Alejarse de la pizza napolitana y de las cocciones extremas. No me gusta cuando queda gomosa y medio cruda, explica sobre sus pizzas. El Bocadito también es una respuesta a lo que no podía hacer en C.A.N.C.H.A. La cocina era ultra limitada, laburábamos prácticamente en una baldosa y sin gas. Acá el escenario es otro. Hay fuegos, hay espacio y hay una cocina completa, aunque el horno a leña sigue siendo el centro. El clima también cambió. Es un poco más formal, hay copas en las mesas, pero sin perder la idea de lugar relajado. Quiero que venga el vecino y que pueda venir cualquier tipo de gente. C.A.N.C.H.A, su proyecto anterior, abrió en 2020, en el mismo barrio, y fue una de las pioneras en desestructurar la escena pizzera. Funciona en lo que antes era un taller mecánico y mantuvo ese espíritu rústico, sin pulir. Pizzas a la leña, un híbrido entre napolitana y a la piedra. Un lugar descontracturado, casi incómodo, con cajones de soda como asientos, que sin buscarlo marcó un hito y abrió camino a otra forma de hacer pizza. En la carta manda la tradición porteña en sabores de pizza. A diferencia de C.A.N.C.H.A, acá no hay miso ni licencias raras. Se puede ir a tomar un vermut o sentarse a comer platos al horno de leña. El espacio invita a sentarse, a quedarse. Con solo dos meses abierto, la respuesta ya es clara. La recepción es excelente, cuenta. Se llena todas las noches entre clientes de siempre y nuevos que se acercan curiosos porque lo vieron en redes. Qué comer en El Bocadito La carta de El Bocadito no está cerrada y no pretende estarlo. Wilson lo define sin rodeos: está verde, viva. Dice que están probando todo el tiempo, buscando una identidad propia. Hay platos que no funcionaron, otros que sí, y cambios semanales. La estacionalidad y la respuesta de la gente mandan, explica. El menú se ajusta según lo que pasa en la sala. El plan puede ser simple y sin formalidades. También pensamos el lugar para venir a vermutear, cuenta. En ese modo aparecen raciones para compartir como salame de Traslasierra, anchoas de Mar del Plata, pimientos asados, aceitunas pasadas por el horno de leña, nduja cordobesa con higos, pan y manteca. Opciones chicas, directas, pensadas para acompañar una copa y quedarse charlando. Por supuesto, las pizzas son protagonistas pero acá apuntan a lo clásico, sabores porteños. Todo se cocina en un horno a leña cien por ciento, porque, según él, la madera en el piso genera otra cosa, otra temperatura que el gas no llega a generar. Acá se busca el estilo a la piedra, más crocante y clásico. Entre los platos que recomienda sin dudar está el fatay abierto o lahmeyun de cordero. Ese hay que pedirlo sí o sí, dice. Lleva un blend propio de grasa de cerdo, cordero y carne picada, con especias del noroeste. Se hace a la minuta y se sirve con yogur filtrado que drenan dos días, bien ácido y denso, más hierbas y cilantro ($ 25.000). Las pizzas mantienen una línea reconocible. Hay mozzarella ($ 20.000); provolone ($ 25.000); bechamel, kale y ricota ($ 24.000); longaniza y napolitana con tomates reliquia cuando es temporada ($ 28.000). El horno no se limita a la masa: de ahí salen un bife de cuadril acompañado de papas rejilla ($ 39.000) y un bife de chorizo con ensalada ($ 49.000). El cierre suele ser inevitable. La tarta de queso al horno de leña. No estaba en los planes, admite Wilson, pero la demanda la volvió fija. Se hizo conocida, se viralizó y quedó. A veces suma un poco de queso azul. La idea general es clara: que sea un lugar relajado, no pretencioso, donde puedas cenar o venir por unas cositas. El Bocadito. Murillo 1116, Villa Crespo. Instagram: @El_bocadito__ Sobre la firma Newsletter Clarín

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