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  • Nuevas estrategias de detox digital. Desde borrar apps de redes sociales hasta teléfonos sin internet

    » La Nacion

    Fecha: 07/02/2026 02:06

    Nuevas estrategias de detox digital. Desde borrar apps de redes sociales hasta teléfonos sin internet En las últimas semanas, Sergio Kaufman empezó a notar una sensación incómoda: tenía cada vez menos tiempo para leer y para conversar con su familia y con personas que le resultaban intelectualmente estimulantes. ¿A qué se deberá esto?, pensó este ingeniero de 62 años, que rápidamente identificó que las redes sociales le estaban robando lo que consideraba más valioso: su tiempo y su atención. El contenido que consumía era en un 80% basura diseñada por inteligencia artificial para captar cerebros, explicó en un post que publicó en Linkedin días atrás. Tras un análisis subjetivo de su feed, concluyó que solo amigos, familiares y algunos colegas le aportaban valor, pero representaban una porción mínima del total. Inspirado en la alegoría de la caverna de Platón, decidió romper las cadenas y borrar Instagram. Mantiene sí LinkedIn por motivos laborales y en X sigue a muy pocos usuarios. Su decisión no es un caso aislado. Según el informe Digital 2025, elaborado por las consultoras We Are Social y Meltwater, los argentinos pasamos en promedio ocho horas y 44 minutos diarios conectados a internet, muy por encima del promedio mundial que ronda las 6 horas y media. El uso de redes sociales también es elevado: nada menos que entre tres y cuatro horas y medias al día por usuario. A esta saturación se suma un creciente cansancio. De eso da cuenta el reporte Consumer Pulse Latam 2025 de Bain & Company, que muestra que cerca del 30% de los consumidores planea reducir actividades digitales como redes sociales y videojuegos, motivados por distracciones, efectos negativos en la salud y sentimientos de culpa. Además, uno de cada cuatro asocia de forma directa el uso digital con un deterioro de su bienestar. Hábitos negativos Sensaciones similares aparecen en estudios locales. Una encuesta de la empresa de medicina privada Avalian, realizada a fines de 2025, mostró que, si bien el 80% de los consultados considera que cuida bien su salud, el 54% identificó el uso excesivo de redes sociales como un hábito negativo, incluso por encima del tabaquismo o el consumo excesivo de alcohol. En un entorno atravesado por la tecnología, la exposición prolongada a pantallas comienza a consolidarse como un factor de riesgo para el bienestar emocional. La pregunta de fondo es inevitable: ¿qué impacto tiene en el cerebro esta conexión digital permanente? Un experimento controlado realizado en Estados Unidos arrojó resultados contundentes. Tras bloquear durante dos semanas el acceso a internet móvil en smartphones, los participantes mostraron mejoras significativas en salud mental, bienestar subjetivo y capacidad de atención. El 91% mejoró en al menos uno de estos aspectos y el 71% reportó una mejor salud mental al finalizar la intervención. La capacidad de atención, en tanto, mejoró en un nivel equivalente a revertir diez años de deterioro cognitivo asociado a la edad. Lejos de tratarse solo de usar menos el celular, el cambio estuvo ligado a una reorganización del tiempo, así como también a más socialización, más actividad física y más tiempo al aire libre. Lejos de tratarse de un problema de fuerza de voluntad individual, distintas investigaciones advierten desde hace tiempo que muchas aplicaciones priorizan la retención de usuarios por sobre su bienestar. Algoritmos de recomendación, notificaciones constantes y el scroll infinito compiten de manera directa con la atención humana. En este contexto, quienes buscan reducir el uso del smartphone no lo hacen por una moda, sino porque empiezan a comprender los efectos distractivos y cognitivos que generan las pantallas. No hay vuelta atrás Melina Nogueira Fernández, de 38 años, madre de dos hijos y fundadora de una consultora de tecnología educativa, optó por un camino gradual para desintoxicarse de las redes. Empecé a tomar conciencia de mi consumo del celular, y así descubrí que pasaba entre tres y cuatro horas por día en un uso pasivo, sobre todo en redes sociales, cuenta. A partir de lecturas sobre los efectos de las pantallas en el cerebro, comenzó a aplicar medidas de higiene digital como usar un dispositivo para el trabajo y otro para la vida personal, fijar límites de tiempo diario y guardar las aplicaciones de redes sociales dentro de carpetas. Esta última práctica consiste en introducir obstáculos deliberados , como cerrar sesión o usar contraseñas largas para reducir el uso impulsivo. Melina recuerda que incorporar los nuevos hábitos y sostenerlos a través del paso del tiempo no fue sencillo. De hecho, sufrió recaídas: La situación fue tan difícil que hasta sentí síndrome de abstinencia y volví a usar las redes sociales, recuerda. Por eso, lejos de darse por vencida, decidió ir por más tomando medidas más drásticas como eliminar las apps de redes sociales del smartphone y poner a cargar el dispositivo todas las noches fuera de su habitación para evitar que sea lo primero que toca al despertar y lo último antes de dormir, algo que es habitual entre la mayoría de las personas. No eliminé mis cuentas en las redes, pero solo accedo a ellas a través de la computadora, así logré reducir el uso del smartphone unos noventa minutos diarios, señala. Si bien en el proceso a veces tuvo la sensación de no entender ciertas conversaciones que se dan en torno a las redes o de desconocer memes o referentes de las redes, el balance es positivo: Logré mayor claridad mental, más tiempo y mejor calidad de vínculo con mis hijos. Además, cuando uno regula su tiempo de pantalla, los que están alrededor también lo hacen, agrega. Su marido, de hecho, comenzó 2026 eliminando algunas aplicaciones. Ayuno dopamínico Si bien algunas personas como Sergio optan por borrar aplicaciones, existen estrategias menos drásticas y, en muchos casos, más sostenibles. Entre ellas, el muteo estratégico, que consiste en silenciar los grupos de amigos en horas laborables y hacer lo mismo en las horas de ocio con los grupos de trabajo. Por estos días está ganando terreno una versión realista del ayuno dopamínico: micro-ayunos diarios, como evitar redes sociales y noticias durante las primeras dos horas del día. Esta medida debe sumarse a la que recomiendan los médicos desde hace años, y que consiste en dejar de usar las pantallas al menos una hora antes de dormir para reducir la estimulación cerebral y mejorar la calidad del sueño. En los casos más extremos, algunos usuarios eligen directamente volver a los llamados dumbphones ("teléfonos tontos"): dispositivos básicos, sin internet ni aplicaciones complejas. Tras años de caída, las ventas de estos dispositivos volvieron a crecer: en 2024 se comercializaron unas 210 millones de unidades a nivel global (el 15% del total de móviles vendidos), según la consultora Counterpoint. Aunque no hay cifras locales de ventas y los principales fabricantes de smartphones del país no los comercializan a nivel nacional, distintos modelos de dumbphones se consiguen actualmente en plataformas de venta online a partir de los 24.080 pesos. Al igual que Melina, Sergio también nota que logró reducir notablemente el uso del smartphone: Lo uso para leer noticias y mails, pero no para ver contenido diseñado para robar la atención con propaganda irrelevante. Orgulloso con estas primeras semanas con menos horas de smartphone, cuenta que su post tuvo casi 30.000 vistas y comentarios positivos por todos lados: Desde que tomé esta medida gané a nivel emocional e intelectual. Recomiendo definitivamente tomar acciones como esta para mejora la vida personal, concluye Sergio. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite

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