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» Clarin
Fecha: 06/02/2026 11:41
El debate que se abrió sobre los precios de la ropa en la Argentina refleja la reconversión que atraviesa la venta de indumentaria en un contexto de mayor competencia y de una caída de más de 6% en la demanda en 2025, nivel comparable al de 2020 con la pandemia, según la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA). La ropa ya no se vende como antes y los comerciantes afrontan el desafío de sobrevivir, con costos crecientes. Frente al modelo tradicional, ganan terreno esquemas más flexibles. Con precios más altos que en otros países, el consumo estancado y cambios en los hábitos de compra, crecen formatos alternativos: outlets permanentes, locales de Shein a la calle, galpones de artículos importados y la entrada de fardos de prendas usadas. Con un consumidor que prioriza precio, se expanden estos espacios que achican costos fijos, intermediarios y márgenes. 1. Outlets Lo que antes era un canal secundario para liquidar sobrantes se convirtió en una estrategia clave para muchas empresas, que buscan vender volumen, reducir inventarios y generar caja rápida, a costa de resignar márgenes. Así, algunos outlets dejaron de ser temporales para transformarse en permanentes con stock continuo, alta rotación y una oferta de marcas nacionales y extranjeras. Por caso, IRSA, el mayor operador de shoppings, arranca este jueves la cuarta edición de su Re!Outlet, que se realizará hasta el 1° de marzo en La Rural con descuentos de hasta 50% en más de 80 marcas locales e internacionales de vestimenta femenina, masculina y deportiva. 2. Galpones de ropa importada En paralelo, proliferan los galpones que venden ropa importada, principalmente de origen asiático. Son prendas sin marca que vienen en contenedores y están dirigidas a un público dispuesto a resignar etiqueta a cambio de pagar menos. Se puede abonar tanto en pesos como en dólares y en efectivo hay descuento. El formato crece con la apertura importadora y en el Conurbano. Los principales son Kiranimport en Ituzaingó; New Red en Merlo, González Catán, San Justo, Burzaco y Virrey del Pino; Grupo Attain en Quilmes; y Yankylandia, feria que rota desde Merlo, a Pilar, Devoto y Avellaneda. 3. Locales de Shein a la calle El fenómeno mundial de la apertura de comercios físicos de Shein llegó a la Argentina. Luego de la polémica que se generó en París, en la Ciudad aparecieron locales a la calle que replican la lógica del gigante chino de e-commerce con precios bajos, variedad y renovación constante. A diferencia de la experiencia de Francia, donde los locales son oficiales de Shein, en este caso son importadores que traen productos que se venden en la plataforma china. Traen saldos de temporadas anteriores para clientes que quieren probarse la ropa antes de comprar y evitar la espera del envío. En Palermo, Recoleta y Once ya funcionan varios con los nombres Stock It, AVL, Moda Sustentable o directamente con el cartel de Shein. 4. Fardos de ropa usada La ropa usada también gana lugar, no solo en ferias, sino también con fardos: paquetes de prendas al por mayor que llegan del exterior, muchos de contrabando. Históricamente, la importación de ropa usada en la Argentina estuvo restringida por razones de salud pública, higiene y seguridad. El decreto 2112/2010 estableció la prohibición hasta el 30 de diciembre de 2015. En 2017, el gobierno de Mauricio Macri extendió la restricción por cinco años, hasta el 12 de mayo de 2022, cuando el gobierno de Alberto Fernández no la renovó. Aunque en diciembre se anunció la incorporación del requisito de certificado de desinfección, en el sector lo consideran insuficiente, ya que no garantiza el control ni la detección de químicos peligrosos presentes en las prendas ni la verificación de su composición. NE Sobre la firma Newsletter Clarín
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