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  • Flacos y tonificados: la nueva delgadez y una vieja obsesión

    » Clarin

    Fecha: 06/02/2026 10:59

    La obsesión corporal afecta a quienes la sufren todo el año, pero el padecimiento aumenta durante el verano, cuando las altas temperaturas obligan a exponerse más. Probablemente sepas o intuyas de qué se trata: la obsesión corporal es una convicción persistente de que tu apariencia es defectuosa y que justifica medidas extremas para corregirla. Quienes la sufren tienen emociones y pensamientos intrusivos relacionados con la imagen corporal que pueden convertirse en una fijación que influye en sus decisiones y actividades cotidianas. ¿Cuánto puede influir? Mucho. La obsesión puede relacionarse con cambiar la forma, el peso o la talla corporales y eso incluye desde fortalecer y marcar hasta reducir, quitar, cambiar. Para lograrlo, están dispuestos a someterse a dietas extremas, desafíos virales, ejercicio extenuante, medicamentos peligrosos (anabólicos esteroides, por ejemplo) o cirugías plásticas repetidas e innecesarias o riesgosas. Varios son los factores que influyen en cómo una persona se ve y se siente: la familia, los amigos, los pares, los medios de comunicación y las redes sociales. En entornos en los que se prioriza la apariencia o se reciben comentarios negativos sobre el cuerpo, en culturas donde la delgadez y la perfección son tarjetas de acceso vip a una insólita suerte de élite, existe más riesgo de obsesión corporal o trastornos alimentarios. La imagen corporal es el conjunto de percepciones, pensamientos, sentimientos y comportamientos que uno tiene en relación con su cuerpo y depende de los ideales de belleza reinantes, que cambian con el tiempo. La imagen corporal, a su vez, desempeña un papel significativo en la autoestima (es decir, en la valoración general de uno mismo) y la insatisfacción física puede dañarla severamente. La nueva delgadez A partir del siglo XXI, el ideal de belleza femenino cambió de una figura curvilínea a uno donde no existen las curvas, una figura más bien andrógina. Actualmente el ideal de belleza femenino es un cuerpo delgado, atlético y tonificado, similar al masculino de antaño. A este ideal imperante en la actualidad, que hibrida delgadez con tonificación, se lo conoce como la nueva delgadez. Mientras que la internalización del ideal atlético predice la adopción de ejercicio compulsivo, la del ideal de delgadez predice la restricción alimentaria. Y ambas la insatisfacción corporal, que disparan actitudes alimentarias desordenadas y trastornos alimentarios. Nadie pensaría que ser delgado o ser atlético -o ambas cosas en simultáneo- podría representar un problema, porque en realidad no debería serlo. Pero cuando ambas exigencias se vuelven un imperativo que dirige por completo la vida cotidiana, social y emocional de una persona, entonces lo que podrían ser ideales saludables se vuelven ideales riesgosos. ¿Cuáles son las señales de alerta de la obsesión corporal? Hay varias señales de alerta a las que debemos prestar atención que indican cuándo la atención de una persona a su peso o figura corporal ha pasado de ser simplemente un intento de mantenerse saludable a una obsesión peligrosa: - preocupación por la comida, el cuerpo y el peso, en detrimento de cualquier otro interés; - insatisfacción profunda con la imagen corporal; - dietas extremas; - ejercicio compulsivo o excesivo; - uso de sustancias legales o ilegales para alterar el tamaño, el peso o la figura corporal; - comportamientos obsesivos relacionados con el cuerpo, el tamaño y el peso; - fijación por lograr la apariencia física de celebridades, modelos; - sentimientos de culpa y vergüenza al no hacer ejercicio o al consumir ciertos alimentos; - pesarse y medirse constantemente; - concentración obsesiva en el cuerpo y discusión sobre él (tamaño, forma y peso); - tener una imagen corporal distorsionada. ¿Puede esta obsesión convertirse en enfermedad? Si bien cierta insatisfacción con nuestra apariencia es frecuente y normal, la preocupación excesiva por el cuerpo puede ser señal de un trastorno subyacente cuyo extremo es es el trastorno de dismorfia corporal. Se trata de una patología de autopercepción, una obsesión incapacitante y angustiante que a menudo se asocia con depresión, ansiedad social y sentimientos de vergüenza. En su núcleo se encuentra una imagen corporal negativa, con intensa preocupación por algún aspecto autopercibido en la apariencia. Ese malestar puede originarse en cualquier parte del cuerpo y cambiar con el tiempo. El peso y la figura son las preocupaciones más comunes pero pueden involucrar también la piel, la nariz, ojos o cejas, abdomen, pecho o las mamas, piernas, labios, dientes o sonrisa, brazos, altura, cicatrices y músculos. Y eso se traduce en sufrimiento psíquico y en riesgos para la salud física ¡Ni hablar del enorme riesgo de anorexia o bulimia nerviosa! Lo que más me preocupa: si las mujeres (porque especialmente aunque no exclusivamente) nos obsesionamos y dedicamos nuestra energía a obtener un ideal inalcanzable (o posible mediante padecimiento), esto puede convertirse en un sustituto de los otros ideales más significativos para nosotras y para el mundo. Finalmente, la idea típica de los jóvenes de cambiar el mundo se está perdiendo a favor de un objetivo narcisista: el propio cuerpo como objetivo primordial. Para cerrar -aunque te propongo que sigamos con este tema en la próxima columna- te dejo unas reflexiones: ¿quién se ocupará de cambiar el mundo mientras vivimos obsesionados con nuestros cuerpos? ¿Qué le aporta al mundo y la sociedad la obsesión corporal? *** ¿Te perdiste alguna cita al consultorio? Encontrá las últimas acá: *** ¿Tenés alguna duda sobre salud y bienestar que te gustaría que abordemos en notas de la sección? Escribinos tu consulta a buenavida@clarin.com Sobre la firma Newsletter Clarín

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