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Parana » Inventario22
Fecha: 06/02/2026 09:27
Derechos Humanos: La baja de imputabilidad Si se baja la edad de punibilidad vamos a tener jaulas con pibitos cada vez más chicos y sin acceso a educación Como lo hizo en 2024, el Gobierno Nacional vuelve a insistir con un proyecto de ley que propone que lxs niñxs que cometen un delito reciban el mismo trato que lxs adultxs, bajando la edad de punibilidad a los 13 años con penas de hasta 20 años. ¿Qué problemas resuelve la cárcel? ¿Sobre qué datos estadísticos se basa el Ejecutivo para afirmar que aumentaron los delitos perpetrados por menores de 18 años? ¿Por qué la baja de la edad de punibilidad no puede ser una opción? Bueno, no puede ser una opción para quienes nos oponemos. Evidentemente es una opción para una parte de la sociedad; soy consciente de eso. Es la misma parte a la que han convencido de que aumentar el tiempo de privación de libertad, agravar las condiciones de detención o restringir derechos resuelve sus problemas de violencia en el barrio, los robos o sus temores. Digo sus temores porque, muchas veces, cuando alguien dice ya no se puede vivir así y le preguntás si sufrió un delito, te responde que no, o que hace años que no le roban. Hay un discurso introducido en la cabeza de la gente. Sin negar la existencia de niveles de violencia o del delito que son inherentes a cualquier sociedad humana, sobre esta cuestión se ha construido la idea de que hay un problema gravísimo de niños que cometen delitos graves. Esto es mentira. El Gobierno miente cuando dice que la Argentina es un baño de sangre; es ridículo porque, media hora después, dicen que el país tiene los índices de homicidios más bajos del continente, lo cual es cierto. No puede ser un baño de sangre si tiene el índice más bajo de América Latina y de muchas ciudades de EE. UU. y Europa. Mienten también cuando dicen que a Pablo Grillo casi lo matan por estar en el lugar equivocado, en lugar de por la actuación dolosa de un gendarme. Bajar la punibilidad le da una solución ficticia a una parte de la población. No es una opción porque empeora las cosas. No vamos a tener solo a un pibe preso por un delito grave; vamos a tener a centenares de chicos atravesados por el sistema penal, dejando la escuela y moviéndose en la calle desde los 13 o 14 años. En lugar de eso, necesitamos un Estado presente que fortalezca su escolaridad y los alcance con políticas públicas. ¿Se trata del mismo proyecto que presentaron Patricia Bullrich y Mariano Cúneo Libarona en 2024? Lo acabo de consultar con la asesoría de un senador de la oposición y todavía no ha ingresado un texto nuevo. Como hablan de los 13 años, entiendo que es el mismo. El año pasado hubo un dictamen de mayoría de los sectores de centroderecha y ultraderecha que retocaba algunos aspectos: fijaba la edad en 14 años y la pena máxima en 15. Ese proyecto no se trató y, como ahora el Gobierno vuelve a hablar de los 13 años, parece que insistirá con su propuesta original. ¿Qué consecuencias traería la aprobación de ese proyecto? Si insisten con el original, hay varios problemas. El primero es la pena máxima de 20 años; es altísima y no distingue entre un chico de 13, 14 o 15 años. Está fuera de cualquier parámetro racional. Países con edades de punibilidad más bajas suelen tener topes de 5, 7 o 10 años. El otro problema grave es que establece una especie de retorno al patronato para los que ellos llaman inimputables (los menores de 13). En lugar de sacarlos del sistema penal, los introduce, permitiendo que un juez ordene su internación hasta que dejen de ser peligrosos para sí o para terceros. Esa terminología pertenece a la Ley de Patronato, derogada en 2005 por ser una norma de principios del siglo XX. Estaríamos legalizando la internación de niños por peligrosidad sin límite de tiempo. Esto contradice a los organismos internacionales, que instan a mantener la edad lo más alta posible porque saben que el sistema penal en niños solo provoca daño. Si se baja la edad de punibilidad vamos a tener jaulas con pibitos cada vez más chicos y sin acceso a educación (Gala Abramovich ) En cuanto a los costos, dado que este gobierno prioriza el superávit, ¿qué es más costoso: la presencia del Estado en la niñez o el encierro? Es un punto muy interesante. En las reuniones de comisiones participaba la de Presupuesto y Hacienda, presidida por José Luis Espert. Es decir, un individuo como Espert era quien incidía en la decisión de meter presos a pibes de 13 años. Como dijo alguna vez el juez Rodrigo Morabito, lo que se gasta en un chico preso alcanzaría para atender a muchos más en un barrio. Encerrar gente es carísimo. El problema es que, para ahorrar en el encierro, las condiciones de vida terminan siendo miserables. Si el Gobierno ahorra en bebés con cardiopatías o en enfermos de cáncer, ¿cómo no va a ahorrar en pibes que para ellos son escoria? Vamos a tener jaulas con chicos cada vez más jóvenes, sin educación digna, con una televisión vieja para que pase el tiempo. Esto no es figurado; es lo que reciben hoy los de 16 y 17 años: pibes sentados viendo cómo pasa el tiempo hasta cumplir la mayoría de edad para ir a una cárcel de adultos. Es de una perversidad insoportable. El Gobierno parece haber tomado impulso justificándose en un caso reciente de adolescentes involucrados en crímenes. ¿Es realmente un problema sistémico el delito juvenil? Me gusta destacar que no estamos hablando de jóvenes, sino de niños y adolescentes; no es lo mismo. Al aumentar la edad, aumenta la responsabilidad y la capacidad de decidir. Nuestro universo aquí son los menores de 18 años, y específicamente los menores de 16. Hay casos gravísimos, pero yo soy obsesiva con las garantías. Se habla de adolescentes que asesinaron a Jeremías Cuenca (referencia al caso reciente), pero todavía no sabemos exactamente qué pasó. No hay nadie procesado aún. Un video de redes sociales no puede suplantar un proceso judicial, y menos en épocas de inteligencia artificial. Aun si los casos fueran reales y brutales, son excepcionales. No podés fijar una política pública para miles de pibes basándote en tres casos aislados en tres años. Eso no quita la gravedad del hecho, pero lo que decimos es que el abordaje debe ser caso por caso, con equipos de acompañamiento, psicólogos y trabajadores sociales. Eso se puede hacer sin necesidad de condenarlos a 20 años de cárcel. Hay adolescentes que cometen delitos, pero no en la magnitud que se presenta; objetivamente, se miente, asegura. (Gala Abramovich) ¿Por qué crees que se sigue defendiendo la baja de edad de punibilidad y a quiénes afecta principalmente? El Gobierno sabe que esto genera respaldo. Me hace acordar al momento Blumberg: la utilización de las víctimas para generar una solidaridad que valide políticas regresivas. Ante el dolor de una víctima, uno solo puede hacer silencio y respetar. Pero ese dolor no puede ser el único criterio para fijar una política pública; de lo contrario, las Madres de Plaza de Mayo habrían determinado la pena para quienes desaparecieron a sus hijos. Este gobierno utiliza perversamente estos casos para desviar el debate mientras mete reformas como la laboral. Crean una ensalada donde dicen: los que no quieren la baja están a favor de los asesinos. Es muy difícil discutir con sensatez así. Al final, se habla de las víctimas del delito que existen y sufren, pero se olvida que los chicos sometidos al proceso penal también son muchas veces víctimas del Estado: detenciones ilegales, torturas y condiciones infrahumanas en cárceles que no cumplen ningún objetivo de reeducación.
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