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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 06/02/2026 00:30
Pasaron los años, las desilusiones, y hasta muchas parejas de por medio, aún así, el dolor no se olvida. Así lo retrata Sabrina Rojas al reflexionar sobre su separación de Luciano Castro y relatar el final de su historia de amor. Este jueves, la modelo sorprendió al aire de Sálvese quien pueda (América) al abordar con franqueza el impacto emocional que le causó el escándalo mediático durante su relación con Castro. Rojas reconoció que, aunque tenía que aparentar fortaleza frente a las cámaras, atravesaba una crisis interna profunda. La conductora expuso la tensión entre su imagen pública y su vivencia personal. Describió cómo su experiencia estuvo marcada por la exposición y el juicio social. El análisis de Sabrina se produjo luego de que Moria Casán opinara sobre la escandalosa separación de Luciano y Griselda Siciliani. A Moria la quiero, pero siento que el valor de lo que uno hace a veces depende de la estelaridad. Si le pasa al Polaco y a Barby Silenzi, ella es cornuda, pero de Siciliani dicen que es open mind, expresó. Cuestionó así la doble vara con el que los medios tratan situaciones similares según la fama de los involucrados. La actriz profundizó en esa percepción desigual dentro de la agenda mediática. Hay personajes cool a los que se les perdona todo. A mí me preguntaban qué sentía al ser cornuda, mientras que a otros los cuidan más. Yo no me achico al decir lo que pienso, no es contra nadie, es una realidad, subrayó. Evidenció cómo el trato mediático puede variar según el perfil de quienes forman parte del escándalo. Rojas explicó la dinámica que hoy mantiene con Luciano Castro, centrada en el cuidado compartido de sus hijos, Esperanza y Fausto. Yo lo materno a Luciano. Soy esa persona que está pendiente de si comió, de si está bien, de sus cosas. Es un vínculo que quedó así y que yo elijo llevar de esa manera porque es el padre de mis hijos, detalló. Sobre la percepción de terceros y del propio actor sobre este lazo, Rojas aclaró los matices detrás de su actitud. Él se deja maternar, le gusta. Pero eso no significa que yo quiera volver con él o que no lo deje ir. Es una forma de amor que trasciende lo que la gente cree ver desde afuera. Yo sé quién soy y cómo me manejo con el papá de mis nenes, afirmó. En un momento especialmente íntimo, la conductora relató cómo enfrentó la fase de mayor exposición pública y sufrimiento. No supieron los años que yo pasé. No me vieron rota. Ni siquiera me vieron rota el día que me senté en Intrusos. Yo estaba rota, confesó. Aunque admitió su estado de vulnerabilidad, decidió no hacerlo visible. Respiré profundo y dije: con la frente en alto, me siento y bajo un poco todas las aguas, porque eran una locura, que a mí me avergonzaban y que no estaban bien. Pero yo estaba rota, lo que pasa es que no me muestro rota, relató. Rojas también analizó el costo de mantener una imagen de fortaleza mientras atravesaba sufrimiento real. Siempre uno se pone del lado del que se manda cag... una, dos, tres, cuatro, cinco veces y después llora, planteó. Se refirió así a las dinámicas emocionales dentro de la pareja y al juicio externo. Al hablar de la relación con Luciano Castro y la manera en la que abordaba públicamente los temas más delicados, Rojas marcó su estrategia. Cuando hablo de Luciano, hablo de una manera muy liviana. Si es infiel, si no es y lo digo con humor. Eso, tal vez, ablanda, reconoció. Luego ahondó en el contraste entre el tono que elegía ante los medios y la dureza de su vivencia personal. Si yo me sentase a hablar de los cuernos y le pusiera la contundencia como en realidad lo viví, sería mucho peor para él y para todos, expresó. Sabrina continuó: Hablo de esto de manera liviana, me río. Es una manera de seguir cuidándolo. Finalmente, reconoció el punto de inflexión en la pareja. Es verdad lo que dice Moria. Yo lo materno, yo lo materné en nuestra relación. Eso nos deserotizó, admitió. Con firmeza, Rojas dio paso a su mayor aprendizaje tras la ruptura. Aseguró que perdió el deseo en la pareja al asumir el rol de cuidadora y no repetiría ese camino con otra persona. Así, dejó claro que aprendió a preservar su autonomía y no confundir el cuidado con la renuncia al propio deseo.
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