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» La Nacion
Fecha: 05/02/2026 12:45
Encontrá las guías de servicio con tips de los expertos sobre cómo actuar frente a problemas cotidianos: Adicciones, violencia, abuso, tecnología, depresión, suicidio, apuestas online, bullying, transtornos de la conducta alimentaria y más. El actor de 78 años tiene ganas de vivir y se está recuperando de algunos problemas de salud; habló con LA NACION sobre su presente, su carrera y repasó algunos de sus romances - 9 minutos de lectura' Jorge Martínez volvió a vivir en la Casa del Teatro, donde se siente feliz y contenido. En los últimos años le pasó de todo: tuvo problemas de salud mental que pudo controlar, se fue a vivir a México con una novia, pero la convivencia no resultó y regresó; y vivió solo en un departamento hasta que se dio cuenta de que el acompañamiento que tiene en la Casa del Teatro es lo que le hace bien hoy. LA NACION compartió un rato con el actor que reflexionó sobre esa decisión, repasó sus épocas de galán y también de tenista, llegando a representar a nuestro país en la Copa Davis. Además, habló de las heroínas de sus novelas y de cada uno de sus amores, y contó que probablemente vuelva a trabajar. En una tarde húmeda y calurosa de este verano en Buenos Aires, Martínez se asoma al balcón de la Casa del Teatro que ya siente como suya. Respira hondo y posa para las fotos con la misma gracia del galán por el que suspiraron tantas mujeres viendo La extraña dama, Micaela, Manuela, Verónica el rostro del amor y El extraño retorno de Diana Salazar. ¿Por qué volviste a vivir a la casa del Teatro? Porque acá tengo todo. Está Rosita, la enfermera que nos atiende de lunes a sábados, y hay otras dos para ayudar a los que no pueden ir al supermercado, o los llevan a caminar o a pasear. Los martes y jueves yo hago kinesiología con Maxi, que me está curando el brazo. Los lunes y viernes estoy perfeccionando mi inglés. Acá cada uno tiene su cuarto; en el octavo piso somos cuatro y en el sexto son muchos más, como veinte. Me estoy arreglando la boca también, y tengo que operarme una escara. ¿Por qué? ¿Qué te pasó? Tuve un problemita que se me complicó y ahora me van a operar. Estuve cinco meses internado en la Providencia hace un año y medio más o menos porque se me cayó un armario encima y quedé con medio cuerpo aplastado durante bastante tiempo hasta que un amigo vino a ayudarme; venía a buscarme, me escuchó, rompió la puerta, entró y me sacó el armario. Y ahí empecé a tener problemas en el brazo izquierdo y ahora estamos tratando de curarlo con Maxi, con kinesioterapia. En fin, acá tengo todo, mis amigos viven en la Casa del Teatro. Estoy bien. Pusiste todo en la balanza y entendiste que estás mejor acá... Sí. Estoy muy cómodo. Mucho mejor que en el departamento que alquilaba. ¿Te sentiste solo? ¿Sentiste que necesitabas ayuda y no la tenías? No, no, no. Estaba bien solo. Estoy acostumbrado a vivir solo y estaba bien, pero acá es otra cosa. Esto es más un hogar. Por ahí se nos ocurre ir a comer algo con los amigos y vamos, o vamos al teatro. No es un geriátrico. No, no, es una casa y se paga poco. La verdad es que estoy estupendo. Y si ando bien, en abril vuelvo a trabajar. ¿Qué vas a hacer? Posiblemente haga un documental que trata sobre El zurdo, un boxeador que peleaba de grande. Es una historia muy linda de Willy Barbosa y yo haría del padre del boxeador. Es un documental de 15 minutos que va a festivales y ya se hicieron la primera y la segunda parte. Veremos si estoy capacitado para hacerlo. Ganas tengo. ¿Hace mucho que no trabajás? Un par de años, cuando terminamos la obra Viva la vida. Fue una comedia hermosa que hicimos con Nora Cárpena, mi querido Alberto Martin, Roberto Ranni. Después ya no quise trabajar, me retiré. ¿Fue una decisión o se dio? Yo dije: Me retiro. Ya no estoy para hacer dos funciones los sábados, dos funciones los viernes. No sé, no estoy. Y ahora estoy feliz. Vamos a ver. De México a Buenos Aires, otra vez En este tiempo también viviste en México, pero a los seis meses volviste... Sí, porque al final no fue una tan buena experiencia. La convivencia con Daphne (Bearum) no fue buena y a los seis meses volví. Tenemos buena relación y hablamos casi todos los días, pero no funcionó. Y ya empecé a ver si podía volver a la Casa del Teatro, pero necesitaba cumplir con una documentación antes de ser aceptado. Es muy estricto el tema de entrar a la Casa del Teatro. Y vos ya habías tenido un problema de salud mental la primera vez que estuviste... Había tenido un problema de salud mental que después se solucionó, pero me costó quedar afuera. Entonces tuve que volver a cumplir los requisitos para estar acá. ¿Qué recuerdo tenés de ese momento? No tengo recuerdos. Para mí fue una cosa que pasó y, gracias a Dios, pasó muy rápido y bien. Ahora estoy pensando en otras cosas y me enfoco en las ganas de vivir, de estar con mis hijos, de estar con mis amigos. Vienen a verme mis hijos Ágatha y Emiliano, que viven acá; en cambio, Natalia vive en Barcelona hace más de 15 años. Y vienen mis nietos o hacemos videollamadas. También me visitan amigos o salimos a tomar un café con los que están acá. La paso bien. Realmente es un privilegio haber podido entrar porque hay una lista de espera larga. Y ahora estoy contentísimo porque Canal 9 va a poner al aire La extraña dama remixada. Una novela hermosa. Nunca la vi. ¿Por qué nunca la viste? Porque me pasaba el día grabando una novela detrás de otra. Fueron años muy fuertes. En Italia no podíamos caminar y los restaurantes abrían a la hora que terminaba la novela. Una cosa de locos. Después grabamos en Italia María de nadie, Micaela y Manuela; salíamos a filmar por los campos de Berlusconi. Y estuvimos en Hollywood, en Los Ángeles, en Miami. Grabé una novela en Puerto Rico, donde también tuve un programa de entretenimientos que duró tres años. Tuve suerte de que todas las novelas mías fueran un éxito. Hice treinta novelas; es una cosa increíble. De todas esas, ¿tenés una favorita? Por fama, La extraña dama. Era una historia apasionante. Tengo tan buenos recuerdos, además, porque la dirigió Diana Álvarez, con quien también hicimos Jorge vive en Martínez, una comedia preciosa. De verdad, a veces no puedo creer todo lo que hice. Cuando fui a ver Rocky al teatro, Nico Vázquez empezó a hablar de alguien que lo había ayudado a él en el pasado, que era un excelente ser humano, que era el número uno de los galanes del país. ¿De quién están hablando?, pensaba yo y de pronto, me nombró, me hizo parar y todo el teatro me aplaudía. Fue hermoso. Lo mismo cuando fui a ver a Moria en Cuestión de género. Le debo mucho a las telenovelas. El 14 de febrero me invitaron a conversar en el Palacio Libertad sobre ese tema, junto a Thelma Biral, Víctor Agú y Mirta Romay. ¿Qué pensás cuando dicen todo eso de vos? Que intenté ser una buena persona. Cuando trabajé con Grecia (Colmenares), apenas nos conocimos, le pregunté qué perfil le gustaba, cuál color era su preferido, hablamos de los besos. Todo lo hablaba para que quedara claro. Con Grecia seguimos conversando. Me ha invitado a Italia a hacer fotonovelas, pero ya no tengo ganas. Es buena compañera conmigo. ¿Y con Luisa Kuliok hablás? No, con Luisa no hablo. Luisa es una compañera de trabajo para mí, no una amiga. Grecia, en cambio, es una amiga. Al igual que lo fue Raffaella Carrà. Fue un gran amor también... Sí, Raffaella era una amiga y un amor. Otro gran amor fue Marilina Ross. Nos conocimos por intermedio de Arturo Puig y Selva Alemán. Éramos jóvenes los dos; Marilina no había hecho ni La Raulito todavía. Nos juntamos y estuvimos viviendo casi tres años en un departamento de la calle Viamonte al 1600. Y fue muy lindo porque compuso una canción también, Casi sin querer. Tengo hermosos recuerdos compartidos. Con Verónica no quedaste tan bien... El final fue malo con Verónica, pero mientras duró fue hermoso; tuvimos una relación bárbara. Hubo un desencuentro porque ella quería que yo fuera a México y yo quería quedarme acá y ahí nos enojamos. Terminó Verónica el rostro del amor y no nos hablamos más. Después supe que había hecho comentarios míos bastante feos. Una pena porque la gente había comprado la pareja y trabajamos bien juntos. Tengo recuerdos hermosos de muchos momentos de mi carrera. Por ejemplo, cuando me dieron el Telegatto en Italia y conocí a Arnold Schwarzenegger, Al Pacino y Robert De Niro. Pude conversar con De Niro un poco, y con Pacino otro poco. Era una fiesta muy grande. Del tenis a la actuación Antes de ser actor, fuiste tenista y llegaste a representar a nuestro país en la Copa Davis... Me sacaron de una cancha de pelota paleta a los 13 años. Jugaba en Ferro, vino Eduardo Prado, que era el 2° o el 3° de la Argentina en tenis en ese momento, y me dijo: Nene, vení para acá que me falta uno para el Interclubes de menores. Le dije que nunca había pisado una cancha de tenis y me contestó que no importaba. A los 16 años, fui campeón argentino de tenis de mesa y después campeón en juveniles, y jugué el Orange Bowl con Julián Ganzábal. Jugué el campeonato mundial junior de Miami a los 18 años y cuando volví, en abril de 1967, Pillín Furlong me convocó para integrar el equipo de Copa Davis. En ese momento trabajaba como modelo. ¿Y cuál fue el salto a la actuación? Quizá la publicidad de Durax. Soy un león vendiendo Durax, decía. Fue un boom. Cuando ya no podía jugar al tenis y ser actor al mismo tiempo, elegí la actuación, pero seguí jugando al tenis hasta hace un año y medio. Vine muy flaco de México porque la comida es muy picante y no me gusta, pero ya subí tres o cuatro kilos y me mantengo bien. Tuve una vida linda y buenas mujeres que me acompañaron. Me casé cuatro veces: con Graciela Gramajo, Tití Rodríguez, Alejandra Gavilanes y Elluz Peraza. Y las cuatro veces televisaron mis matrimonios. Menos con Tití que falleció, conservo un lindo vínculo con todas. ¿Volverías a enamorarte? No, ya no. Estoy acostumbrado a vivir solo. Es difícil convivir con parejas. Más notas de Entrevistas Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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