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Crespo » Paralelo 32
Fecha: 05/02/2026 12:10
Una mirada desde una perspectiva psicológica integral, sobre cómo la fragilidad de los vínculos en la modernidad líquida redefine la manera de amar y de celebrar el amor en la actualidad. Cada 14 de febrero, la escena se repite: corazones, regalos, cenas y gestos que buscan celebrar el amor. Sin embargo, más allá del ritual, la fecha invita a una pregunta más profunda: ¿Qué tipo de vínculos estamos celebrando hoy? El origen de San Valentín se asocia a la figura de un sacerdote que, desafiando las normas del imperio romano, casaba a parejas enamoradas. En ese gesto había algo más que romanticismo, el amor como elección, compromiso y responsabilidad frente al otro. Amar implica un riesgo y una decisión sostenida en el tiempo. Las más leídas En el paso de los siglos, esa densidad simbólica fue cediendo lugar a una versión más liviana y estandarizada del amor. San Valentín quedó asociado casi exclusivamente a la pareja romántica y su demostración pública, muchas veces atravesada por el consumo y la exigencia sutil de cumplir con el ideal. En las últimas décadas, las formas de amar se diversificaron ajustándose a los cambios y necesidades de la época. Parejas que no conviven vínculos abiertos, acuerdos no monógamos, personas que eligen la soltería, o que sitúan a la amistad como eje central de su vida afectiva, y las triejas. El mapa vincular se amplió, aunque esa aplicación no siempre vino acompañada de mayor bienestar emocional. El sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman, describió este escenario como el de una modernidad líquida, vínculos frágiles, reversibles, con baja tolerancia a la frustración y al paso del tiempo. Desde la clínica y la observación social aparece así una paradoja cada vez más frecuente; el deseo de conexión profunda convive con el temor a la implicación, compromiso a perder individualidad, a tener que ceder a la pérdida ilusoria del control. La lógica de la inmediatez y del rendimiento también atraviesa los vínculos afectivos, empujándolos a funcionar bajo criterio de satisfacción inmediata bajo costo emocional y baja tolerancia a la incomodidad. San Valentín entonces puede volverse una fecha incomoda. No solo para quienes no están en pareja, sino también para quienes están y sienten que su pareja real no se ajusta al ideal romántico. El amor se muestra, se exhibe, se performa, pero no siempre se habita. Tal vez el desafío contemporáneo no sea inventar nuevas formas de vincularse, sino revisar el modo en el que nos vinculamos. No importa tanto cuantos vínculos tenemos, sino desde donde los construimos, si hay cuidado, conexión, escucha activa, responsabilidad afectiva, sexo respetado y consensuado, posibilidad de encuentro real. Quizás el verdadero sentido de San Valentín en la actualidad sería animarnos a revisar qué vínculos son realmente significativos en nuestra vida y cómo los estamos cuidando. Porque más allá de las fechas, el amor sigue siendo un trabajo cotidiano que implica elegir, sostener, cuidar, animarse al riesgo, ceder, y tolerar, construir relaciones que no se consuman rápido, que no se usen ni se descarten, sino que tengan profundidad, presencia, sentido, y realidad.
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