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  • La Justicia agravó la acusación contra los empleados del Senado bonaerense detenidos por liderar una secta que abusaba de mujeres

    » TN

    Fecha: 05/02/2026 11:20

    Los empleados del Senado bonaerense acusados de liderar una secta en La Plata seguirán detenidos luego de que el juez Juan Pablo Masi convalidara el pedido de la fiscal que había solicitado la prisión preventiva. El juez también agravó la calificación penal y aseguró que los imputados habrían causado un grave daño a la salud mental de las denunciantes. Leé también: Los terribles testimonios de las denunciantes de la secta liderada por dos empleados del Senado bonaerense Tanto Nicolás Rodríguez como su novia, Daniela Silva Muñóz, son investigados por abusos sexuales reiterados contra mujeres que conocían del espacio de militancia política, ya que ambos no solo trabajaban en la Legislatura provincial, sino que además integraban una asociación kirchnerista en la capital bonaerense. Según pudo saber TN, la preventiva fue dictada por cuatro hechos que habrían ocurrido entre el 2015 y el 2019, algunos de ellos en las oficinas del Senado. Además de abuso sexual con acceso carnal agravado por el empleo de armas, fueron procesados con la calificación de grave daño a la salud mental de la víctima. El juez Masi tuvo en cuenta los testimonios de las denunciantes y dio lugar a un pedido de los abogados Ignacio Fernández Camillo y Andrés Noetzly, para que se lleve a cabo una pericia psicológica a las mujeres, una medida de prueba que podría complicar la situación de los acusados. El abogado de la defensa, Gastón Nicocia, tendrá tiempo hasta el martes 10 de febrero al mediodía para recurrir la resolución del Juzgado de Garantías de La Plata. También está pendiente el análisis del contenido que surgió de la apertura de celulares y dispositivos secuestrados durante un allanamiento en el departamento de los acusados. En ese sentido, según pudo saber TN, uno de los fundamentos de la preventiva fue el presunto entorpecimiento de la investigación por parte de los acusados, que dieron un patrón falso para evitar que puedan entrar a los teléfonos. De igual forma, se pudo hacer la apertura con el sistema UFED. La causa contra La orden de la luz Rodríguez y Muñóz permanecen detenidos por orden de la fiscal Betina Lacki, titular de la UFI N°2 de La Plata, quien a fines de diciembre los procesó por al menos cuatro hechos que habrían ocurrido entre el 2015 y el 2019. Él en calidad de autor y ella como partícipe necesario. Según la fiscalía, la secta tenía una estructura piramidal. Por un lado, Rodríguez, que era el líder máximo, identificado como el Dios Kiei, un guerrero con supuestos poderes mundiales y un semidiós reencarnado, se presentaba como un ser al que las víctimas debían servir y satisfacer por ser su propósito en el mundo. A su lado, Daniela Silva Muñoz actuaba como Sensei o maestra espiritual. Su papel era el de facilitadora. Utilizaba su posición de confidente o amiga para persuadir a las víctimas de mantener vínculos sexuales con Rodríguez, y argumentaba que no se podía romper la trieja (relación de tres). De acuerdo a los testimonios de las denunciantes, ellos se conocían de distintos ámbitos. Algunas llegaban a tener el primer contacto a través de la militancia política, ya que la pareja era referente del Movimiento Ciudadano La Capitana de La Plata, un partido kirchnerista que militó a Unión por la Patria y que se define como Popular, democrático, feminista y latinoamericanista. También el vínculo se gestó en el ámbito universitario, donde Rodríguez era ayudante de un profesor de Ciencias Políticas. Incluso, una de las denunciantes contó en su declaración que el hombre le pagaba los estudios y le generaba una dependencia económica de la cual le costaba salir por presiones y amenazas que ejercía sobre ella. Otro de los lugares donde conocía a sus víctimas era en eventos y encuentros de mujeres, donde Muñóz era referente de Género en la agrupación que integraba junto a su pareja. Sin embargo, según consta en el documento fiscal, en clara oposición a las funciones que debería llevar a cabo, persuadía a las víctimas a presentarse en su domicilio o en la propia oficina del Senado, dejándolas encerradas con Nicolás para que este abusara de ellas. Skrull, el Misterioso y Kiei: las tres personalidades del líder de la secta La estructura de creencias permitía a Rodríguez manifestar diversas esencias o personalidades de vidas pasadas, cada una con una función en la manipulación. De acuerdo al testimonio de una de las víctimas, al que accedió TN, se habla de al menos tres identidades. Él decía que podía traer al presente vidas pasadas. Ahora entiendo que tenía diferentes personalidades. Yo conocía tres. Skrull era el más violento, como una especie de mono, de los primeros hombres de la tierra, el más primitivo. Me golpeaba fuerte, abusaba de mí y dos veces me levantó del cuello contra la pared, detalló una de las denunciantes. Otra esencia era el Misterioso, el que venía a aconsejarme y decirme lo que tenía que hacer, a ayudar al que se llamaba el buda, o el mesías, o el Dios, refiriéndose a Nicolás. Me decía que tenía que garantizar su satisfacción, agregó la mujer. El Kiei era otra esencia. Desde el 2018 hasta que pude cortar, es el que me llevó a tener relación con Daniela, me decía que iba a matar a mis hermanos si no hacía lo que me decía. A Nicolás varias veces lo encontraba adentro de mi casa, pintado con la cara de negro, vestido de negro y con una catana o navajas. Una vez me dejó una navaja en mi almohada, recordó la chica. Por otro lado, existían sesiones de reentrenamiento o para domar el fuego en la casa de Silva Muñoz, donde se obligaba a las víctimas a apagar llamas con las manos si se rebelaban, vinculando el dolor físico con la desobediencia espiritual. Daniela y Nicolás me decían que éramos elementos. Yo era fuego por mi carácter, que tenía que controlarlo; si yo me rebelaba, me hacían apagar el fuego con la mano. Me dolía y me decían que ese dolor era el que les provocaba cuando me rebelaba, dijo una de las denunciantes. Otra denunciante contó que conoció a Daniela en el encuentro de mujeres de Rosario, en 2016. Ella le prestó una campera y, cuando volvieron a La Plata, le pidió que se la devolviera. Fue Nicolás el que le mandó un mensaje en nombre de su pareja y le dijo que fuera a la casa. La chica aceptó encontrarse con Rodríguez y, mientras estaban dentro de la vivienda, él la tomó por la fuerza y abusó de ella. Dio detalles de la violación y contó que después de ese día ella no volvió a hablarle. Leé también: Habló el abogado de las mujeres que denunciaron abusos de una secta en el Senado bonaerense: Hay muchas pruebas Sin embargo, un tiempo después, volvieron a verse. En ese encuentro, el acusado le dijo que si quería seguir teniendo relaciones con él, debían incluir a su pareja Daniela. Desde ese momento, la mujer salió de la habitación. Siempre basándonos en el testimonio de la denunciante, le decía que no era casualidad que se hubieran conocido en Rosario. Me decía que me sumara a la relación, ya que Nicolás era un Dios. Que yo tenía un propósito, que era servir a Nicolás, que era un guerrero que manejaba el fuego y otros poderes a nivel mundial y que debía responder a sus necesidades. Ella fue captada por la pareja, quien la amenazaba con contar sobre los abusos a su familia y le decía que tenían videos íntimos suyos que iban a revelar. También la violentaban físicamente. Cuando me obligaban a tener sexo contra mi voluntad, me herían, me dejaban cicatrices en el cuerpo. Nicolás me mordía. Me decía que así descargaba su ira, con esa práctica. Además, reveló que la secta usaba tácticas psicológicas para mantenerla en alerta. A través de distintos mails, les enviaban mensajes sobre fuerzas malignas, demonios o el fin del mundo. Con esto les ordenaban a las víctimas realizar acciones absurdas, como esperar en la calle de madrugada para probar su lealtad. Tengo una cuenta con 200 mails que me enviaban a la madrugada para decirme que el Kiei estaba en peligro, que me alejara de las ventanas, que armara un bolso y que esperara afuera que me iban a levantar. Recuerdo una vez que estaba atada de pies y manos en una combi. Al otro día tenía moretones en el cuerpo. Yo le conté todo a una amiga porque tenía miedo de que me pasara algo. Le dije que si aparecía muerta no era porque me quería suicidar, sino porque ellos me habían hecho algo, reveló. Para mantener a las víctimas, las amenazaban y la estructura imponía una cláusula de no retorno. Se les decía que si intentaban abandonar la orden de forma secreta, serían asesinadas ellas o sus familias. Un aspecto clave de la manipulación era cómo la secta se solapaba con la militancia política de los implicados. Los líderes utilizaban sus cargos Rodríguez como referente político y Silva Muñoz como referente de género para crear una dependencia económica y laboral.

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