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» Clarin
Fecha: 05/02/2026 06:49
Muhammad Ali fue tan grande que protagonizó su propia biopic, la que se llamó, como no podía ser de otra manera, The Greatest (El más grande). Se estrenó en 1977. Ali tenía 35 años, todavía era campeón del mundo de los pesados y, según su médico Ferdie Pacheco, ya mostraba señales de daños neurológicos. El filme se basó en la biografía que había publicado en 1975 y que adaptó para la pantalla Ring Lardner, uno de los grandes cuentistas norteamericanos del siglo XX. El director fue Tom Gries, crack de las series de los 60 (El hombre del rifle, Combate) que venía de ganar el Emmy y la Concha de Oro en San Sebastián por la película La casa de cristal. Estos datos vienen a cuento para demostrar que no se trataba de una producción barata para exprimir la fama coyuntural de un deportista sino de una gran apuesta. De hecho, contrataron a estupendos actores (Ernest Borgnine, Robert Duvall, James Earl Jones) y al compositor George Benson (¡ganador de diez Grammy!) para escribir la canción principal. Punto acá: porque esta columna no es de boxeo ni de cine sino de música. Yo vi la película apenas se estrenó. Ali se encarnaba a sí mismo para narrar una parábola perfecta que iba desde la obtención de la medalla de oro olímpica en Roma (1960) hasta la reconquista del título mundial contra George Foreman en Zaire (1974), pasando por su conversión al islam y su negativa a combatir en Vietnam. Me gustó hasta ahí, pero, por alguna extraña razón, quedó alojado en mi memoria uno de los temas musicales del filme, no el de Benson sino uno instrumental que repuse casi 20 años después cuando salió el exitosísimo álbum Supernatural, de Carlos Santana. ¿Por qué? Porque una de las canciones de ese disco, El Farol, encajaba como un guante con lo que yo recordaba de la banda de sonido de The Greatest. ¿Plagio, inspiración, azar? La duda fue duda hasta que YouTube me permitió hallar la canción de 1977 (Alis Theme, de Michael Masser) y la pude comparar en simultáneo, una y otra vez, con El Farol. Para mi oído poco entrenado la similitud era llamativa: el tema de Santana comienza con una melodía igualita al motivo central del tema de Masser. ¿Qué hacer, entonces? Preguntarle al Chat GPT. Le cargué todos los prompts necesarios, lo reté por algunos errores imperdonables (¡se confundió la canción de Ali con la de Rocky!), le compartí los links de YouTube y, tras aclararme que no podía escuchar audios como una persona ni percibir sonido directo sino comparar melodía, estructura, tempo, tonalidad y contorno melódico a partir de datos conocidos y patrones musicales, me dio su diagnóstico. Dijo que hay una similitud real, clara, perceptible y localizada en el tema principal. Pero que probablemente no haya plagio en el sentido legal del término: no hay identidad melódica prolongada, ni repetición exacta de motivos y el desarrollo posterior diverge. ¿Quedé conforme? No. Como en todo fallo cerrado, uno pide revancha. Ahora veré si encuentro un especialista, pero humano. Sobre la firma Newsletter Clarín
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