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» Clarin
Fecha: 05/02/2026 06:48
Los números que cierran los datos económicos de la Argentina en el 2025 son contundentes respecto al aporte del sector de petróleo y gas al crecimiento del producto y al crecimiento de las exportaciones. La economía argentina terminó el 2025 con una tasa de crecimiento estimada de 4,2%. Pero la mayor parte de ese crecimiento fue arrastre estadístico que dejó el 2024. Según la evaluación de Econométrica: al margen de las comparaciones interanuales, la economía del 2025 se mostró estancada desde inicios de año, cerca de los niveles máximos que observó en 2022 o 2017. Pero para sectores como la industria o la construcción, el 2025 fue un año donde el nivel de actividad se deterioraba mes a mes. Sectores más ligados al petróleo y minería son los que lograron crecer claramente el año pasado. Diciembre marcó un nuevo récord de producción de petróleo al alcanzarse los 868.712 barriles diarios. Pero ya en octubre pasado, con una producción de 865.000 barriles diarios (b/d) se había superado el anterior récord productivo histórico de mayo de 1998 (853.000 b/d). Este logro fue impulsado por el crecimiento de la producción de petróleo no convencional (shale oil) que ya representa el 65% de la producción total. La industria petrolera argentina ha recorrido la curva de aprendizaje en la explotación de petróleo no convencional reproduciendo las mejores prácticas de los productores norteamericanos. La Argentina es el segundo país del mundo en el manejo de la tecnología del fracking y las perforaciones horizontales para extraer petróleo y gas de la roca madre. Ahora enfrenta los desafíos de innovar y reducir costos en una formación como Vaca Muerta, que ofrece mayores rendimientos que las formaciones similares de Estados Unidos, pero que todavía opera con mayores costos. Pero el despliegue tecnológico también va a repercutir en la tasa de recuperación del petróleo convencional, donde muchas áreas marginales han convocado la presencia de nuevos actores de menor tamaño, con la impronta de reducir costos y ganar productividad. Con exportaciones por 87.100 millones de dólares e importaciones en 75.800 millones, la balanza comercial total del 2025 cerró con un superávit de 11.300 millones de dólares (1,6% del PBI). El superávit en la balanza comercial energética llegó a 7.815 millones de dólares. Siete de cada diez dólares del superávit comercial total explican el superávit de balanza energética. A comienzos del año pasado habíamos estimado un saldo positivo de balanza comercial energética para el 2025 de 9.000 millones de dólares. Teniendo en cuenta que por caída de precios del crudo se perdieron 1222 MM/USD respecto al año 2024, mientras hubo un efecto cantidad positivo por 2.591 millones de dólares, con los precios del 2024 y un previsible mayor impacto en las cantidades producidas, el saldo de balanza comercial energética podría haber superado los 10.000 MM/USD. Pasamos de 5.668 millones de dólares de superávit en el 2024 a 7.815 en el 2025, pero no olvidemos que en el 2022 teníamos una balanza deficitaria de 4359 MM/USD y el en 2023 una balanza casi equilibrada pero todavía con un saldo negativo. Tampoco hay que olvidar que el sector energético tuvo balanza comercial superavitaria que alcanzó un pico en el año 2006 de 6.081 millones de dólares, y que siete años después, en el 2013, arrojó un déficit de 6.902 millones como consecuencia de las políticas que dominaron el populismo energético. En el corriente año, con la habilitación parcial del nuevo oleoducto VMOS (Vaca Muerta Oil Sur) que une Allen con la Bahía Punta Colorada en Río Negro y un aumento de unos 180.000 b/día de la capacidad de evacuación, es previsible que la producción y las exportaciones de petróleo sigan creciendo. Dependiendo de que la evolución de los precios del crudo en el mercado internacional se mantenga en el entorno de los 60 dólares (cotización del barril Brent), el superávit comercial del 2026 puede superar los 10.000 millones de dólares. Sin embargo, el verdadero salto de escala se proyecta para el 2027 cuando la puesta en marcha de toda la capacidad del oleoducto VMOS sume 550.000 b/día a la capacidad de evacuación de crudo, y también comience a operar el primer barco de licuefacción de GNL de la compañía Southern Energy, consorcio que lidera PAE. El impacto macroeconómico de la expansión de la industria de petróleo y gas ya repercute en la tasa de inversión, en los niveles de exportación y en el crecimiento del producto, pero la relevancia microeconómica de contar con energía abundante y a precios competitivos todavía tiene pendiente el desarrollo de nuevos encadenamientos productivos y la apertura de oportunidades de negocio en el país y en la región. Con un gas en boca de pozo que puede alcanzar valores promedios de menos de 3 dólares el MMBTU y un megavatio hora de electricidad en el mercado mayorista de 50 dólares o menos, la Argentina cuenta con una ventaja comparativa que puede traducir en ventaja competitiva. El tratado Mercosur-Unión Europea obliga a un replanteo del acuerdo regional que estaba en crisis: de operar como zona ampliada de sustitución de importaciones el Mercosur debe ahora transformarse en una plataforma regional para ganar escala y proyectarse a los nuevos mercados. En este replanteo la integración energética de la región vuelve a ser un tema prioritario de agenda. Si a eso sumamos el acuerdo comercial con los Estados Unidos, el protagonismo de la industria energética argentina va a ser creciente. En el contexto de una economía que consolida su estabilidad, con reformas estructurales comprometidas y encaminadas, toca ahora a la función empresarial explorar y detectar los nuevos negocios que el sector abre a la inversión nacional y extranjera. Sobre la firma Newsletter Clarín
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